Alejandro Schmidt | Lo que pude

Fotón: Julio César Audisio


Alejandro Schmidt | Lo que pude


Salvo por justificarme
escribí sin mayor preocupación
elegantes entradas en la oscuridad
parábolas del héroe caído

Abundó la sinceridad del error
su claro estanque

Quisiera
no tan fervientemente
ser mejor

En consecuencia
importaron pocas cosas

¿Cómo crecen las piedras
O habla el sol?

Demasiadas veces leíste este poema

Al espacio tiempo
se arrima la voz y nuestra estrella

Es todo lo que pude

No

Dejemos las obstinaciones del amor
el espionaje del odio

Puesto a verme
la cárcel era frágil
el prisionero fuerte

Sin importar
además
alguna memoria
la piel de un dios manchada
Confiar en lo inacabado

Imperio cosido por melancolías
es esta vida
que pasa


Alejandro Schmidt (Villa María, 1955), Cerca de nada. Editorial Cartografías. Colección Archipiélago. Río Cuarto. 2019.

Estela Smania | Elegía para E.




Estela Smania | Elegía para E.


Se ha caído sobre los cerámicos
de la cocina.
Lo encuentro tendido
como un árbol
que fue refugio
y sombra.
Me tumbo a su lado
le cuento
que el domingo vendrán
los nietos
y comeremos juntos.
Él sonríe.

Yo ruego
que alguien llegue
y nos regrese
al mundo


/

No hay barca
no hay Caronte.
En caja de madera se va
hacia la nada.
Voy a inventar la barca
y el remero
para hacer de su muerte
un largo viaje.

Se lo debo

/

Le gustaban
las manzanas con vino dulce
y con canela.
Yo miraba
la alegría
en su boca
y reconocía en su mirada
la impaciencia
para que nadie comiera
aquello que era suyo
aquello
milagrosamente
inacabable.

Ahora
por costumbre
sigo trayendo a casa
la ventura
de las manzanas rojas.
Para nadie.
O sólo para
que aquel olor
se quede
y me acompañe.



Estela Smania (Paraná, Entre Ríos), Elegía para E. Viento de Fondo. Córdoba. 2018.

Santiago Espel | Photo Carné

Foto: GG


Santiago Espel | Photo Carné


Removieron en la basura hasta dar con el ángel de los desquiciados. Lo levantaron de una oreja, le sacaron dos muelas de oro y le pintaron la calva de rojo. Le quemaron la frente con una moneda de ceniza y lo abandonaron en el patio. Bajo la parra poblada de uva chinche, bajo el sol ardiente, un grupo de herejes se entretuvo en el abuso y redactó los principios del reglamento interno. Antes de irse, tras el chorro de vinagre, le arrancaron los pocos canutos que le quedaban en las alas.


Santiago Espel (Buenos Aires, 1960), Photo Carné (crónica de una distorsión expresiva). La Carta de Oliver. Buenos Aires. 2018.

Jorge Aulicino | El río



Jorge Aulicino | El río


Cambios de piel


¿Cómo te sonaba en verano en Ciudadela
provincia de Buenos Aires
la palabra dialéctica
en la voz de tu padre
y cribada por el aire caliente
bajo árboles llamados paraísos y plátanos?
Te arrancabas con placer cáscaras de sangre
de una pequeña herida, con la uña.

¿Hacían grato el calor las hojas del paraíso?



Admonición del maestro

Mira esa imagen del hombre, hijo,
piensa cuánto le cuesta armar esa cara,
arrojar con el pulgar el birrete de papel,
sosegar el ladrillo. Si piensas
en su ansia de conquista
insondable y negra
como el abismo donde Alejandro soñaba,
y en sus manos tan prestas a empuñar
la lanza o la cuchara
tan listo el brazo a levantarse
para ordenar la carga
de doscientos ejércitos o para
tirar a un lado la ropa,
si piensas en el ansia que no ves, entenderás
que el hombre ha hecho esta mañana
y lo hará mañana, un esfuerzo titánico.
Respétalo. Ten presente
que sería capaz de colgarte en un desierto.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), El río. Barnacle. Buenos Aires. 2019.

Enrique Solinas | Esta es mi lengua



Enrique Solinas | Esta es mi lengua


¿Has visto cómo el sol cada mañana
levita siendo ánima o es virgen,
en ascenso constante,
para empezar el día?

De par en par, abro
las ventanas de mi cuerpo
y dejo
que la brisa suceda sobre la piel,
mientras cierro los ojos
y puedo sentir
la sombra de los pájaros,
el movimiento de una flor.
Puedo sentir el leve
susurro de la escarcha.

Qué maravilloso es despertar
y que la naturaleza te abrace
como a un hijo perdido y recobrado,
así cada palabra con su esencia
recupera el aroma del sentido.

Mi lengua se construye
en la visión que acabo de contarte.
De la gran ciudad al bosque,
un largo trecho
de metáforas
hay que recorrer.

¿No has visto cómo el sol
irrumpe y es la lluvia
de luz que nos sorprende
cada instante del día?

Te digo que no hay visión igual,
el pensamiento suele confundirnos.

Si no lo has visto aún,
no has visto el mundo.


Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969), El libro de las plegarias. Mascarón de proa. Villa María. Córdoba. 2019.

Ricardo Molinari | El tabernáculo

Foto: Zenda Libros


Ricardo Molinari | El tabernáculo


V


Sí, qué tejado, qué sombra de madera sobre el último día.
Cantaba el mar en playas de níquel, el mar lleno de sudor,
Siempre el mar.

Yo estaba desesperado como si ya no quedara otra vida,
como si el mundo fuera plano
y mi sueño estuviera colgado de una pared
llagada.

Sí; el amor, la carne, el triste sueño. Yo no quería morir,
no quise llevar una flor transparente sobre el hombro pasajero;
dejar de ser un pobre árbol sin jacintos.

(Mañana, cuando esté sereno, todo se me ha
de volver tonto; ya estoy sordo
de llevar mis ríos a un corredor;
de dirigirme a una frase viviente entre montañas,
a un vaso de café, a una canción, a toda una noche sin dormir.

Pero el amor es el amor,
Y yo tolero lo que me ayuda a ser diferente:
silencio entre dos hojas, espacio entre los hombres.



Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1998- 1996), El tabernáculo. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2019.

Alejandro Schmidt | Por qué nunca más presentaré un libro de poemas


Alejandro Schmidt 


El jorobado

en la madrugada
por el vidrio roto de la escarcha
alguien llama a su perro

silba
insiste
llama a su perro

si una vez
una sola vez
hubieran llamado así
a mi corazón

no llevaría esta joroba
cuando sale el sol.


Metafísica

con mi hijito
paseamos por el cementerio
pregunta
¿qué hacen los muertos?
están acostado sin moverse
¿todo el, día?
sí, querido, todo el día

y a la noche
¿se pueden mover?

no sé
nunca vine de noche

vengamos una noche, papi,
vengamos una noche
dijo
y siguió con su bici
entre los panteones.


Ese perro que corre en la terraza

ese perro que corre en la terraza
es la belleza

los vecinos se quejan
ladra, ladra mucho dicen

al dueño no le importa
no tengo hijos, piensa,
no tengo nada en la vida

muchas veces olvida dejarle agua
el perro
estira su cabeza entre las rejas
va lamiendo
la luz de los faros

no hay estrellas ni amantes
en esa esquina

cerca del campo electromagnético
el perro está desnudo

espera
gruñe a todo lo que interrumpa
su miserable concentración de orejas

nunca tuve premios
se repite
su amo
subiendo la escalera

mosaicos ajedrezados
una lata vacía de dulce de batata

y la belleza
que tiembla
tiene sed.


Colmillos

leyendo a Nabokov descubrí
que, como los adolescentes,
aún leo para aprender a vivir
el párrafo me halló desprevenido
allí dice que los jovencitos
indagan en los libros
mensajes o razones, el vaporoso plan del mundo
pero Nabokov
nació en la aristocracia
y supo tanto, tanto, desde siempre
lenguas, ciudades, entomología
y Cornell, su atril
y el Neocriticismo
¡ay!
qué vergüenza me dio oír el timbre
en la escuela secundaria donde busco el pan
qué pudor
qué rabia suelta
pero en otro artículo
Literatura y sentido común
dice que
para subir a una torre de marfil
hay que matar primero
algunos elefantes.


Por qué nunca más presentaré un libro de poemas

porque de inmediato aparece
la mosca verde
el malentendido
mujeres con aros dorados
gente que desprecio

porque el silencio me tuerce los ojos
y la absoluta verdad de alguna línea 
me pregunta

¿para esto
para ese
para aquellos?

no
nunca más
lo dejaré salir

si es un fuerte animal
una pluma alzada
un espejito
ese libro de poemas
por malo por bueno que sea

que lleve su sed
y que se aparte
como toda criatura
que busque el imposible lector

que no sea encontrado en fuego frío
distracciones que aplauden
sí, dejaré los poemas en su libro

bastante muerte es ésa.


Alejandro Schmidt (Villa María, 1955), Romper la vida. Antología existencial. Editorial Nudista. Córdoba. 2013.

Eugenio Montale | Después de una fuga



Eugenio Montale | Después de una fuga


Al llegar al pueblo de la masacre nazi,
Santa Ana, sobre el que gravita un pico abrupto,
te trepaste como una cierva
hasta la cima junto con una delgada polaca
y el ratón de agua, tu guía, el más cabra salvaje de los tres.
Yo, parado cinco horas en la plaza,
enumerando los muertos en la estela, me incluía
entre ellos ridículamente ad honorem. A la tarde,
nos llevó a los saltos el fuera de borda
hasta el Burlamacca,
una esclusa de estiércol en la que descarga
agua borboteante una seudo fábrica de aceite.
Quizá es el avant premiere del infierno.
Los Burlamacchi, los Caponsacchi... espectros
de herejías, de ilegibles poemas.
La poesía y la cloaca, dos problemas
nunca separados (pero de esto no te hablé).


Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896-Milán, Italia, 1981), En el humo. Ediciones en Danza. Buenos Aires. 2019. Traducción: Jorge Aulicino.

William Carlos Williams | El gran número




William Carlos Williams | El gran número


Entre la lluvia
y las luces
vi el número 5
en dorado
en un camión de bomberos
rojo
moviéndose
tenso
ignorado
hacia sonidos metálicos
el ulular de sirenas
y ruedas girando
por la oscura ciudad.



The Great Figure

Among the rain
and lights
I saw the figure 5
in gold
on a red
firetruck
moving
tense
unheeded
to gong clangs
siren howls
and wheels rumbling
through the dark city.




William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883 - 1963). De Sour Grapes. A Book of Poems. The Four Seas Company. Boston. 1921. Versión ©Silvia Camerotto

T.S. Eliot | El entierro de los muertos


T. S. and Valerie Eliot in 1961. CreditEvening Standard/Hulton Archive, via Getty Images


T.S. Eliot | El entierro de los muertos 
[Traducción: Griselda García] 



Abril es el mes más cruel, engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
memoria y deseo, agita
apagadas raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo
la tierra con nieve olvidadiza, alimentando
una vida pequeña con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, volviendo por el Starnbergersee
con un chubasco, nos detuvimos en la columnata
y seguimos bajo el sol, hasta el Hofgarten,
y tomamos café y charlamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm’ aus Litauen, echt deutsch.
Y cuando éramos niños y nos quedábamos en lo de mi primo,
el archiduque, él me llevó en trineo
y tuve miedo. Me dijo: Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y allá descendimos.
Ahí en las montañas uno se siente libre.
Leo, gran parte de la noche, y en invierno me voy al sur.

¿Qué son esas raíces que se aferran, qué ramas crecen
en esta basura rocosa? Hijo del hombre,
no lo puedes decir, ni adivinar, porque sólo conoces
un montón de imágenes rotas donde golpea el sol,
y el árbol muerto no da refugio, ni el grillo alivio,
ni la piedra seca da sonido de agua. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja,
(ven bajo la sombra de esta roca roja),
y te mostraré algo diferente, tanto
de tu sombra en la mañana a zancadas detrás de ti
como de tu sombra a la tarde subiendo a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

Frisch weht der Wind
der Heimat zu
mein Irisch Kind,
wo weilest du?

“Me diste jacintos por primera vez hace un año,
me llamaron la chica de los jacintos.”
—Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los Jacintos,
tus brazos cargados y tu pelo húmedo, no pude
hablar y me falló la vista, no estaba
ni vivo ni muerto, ni sabía nada
al mirar en el corazón de la luz, el silencio.
Oed’ und leer das Meer.

Madame Sosostris, famosa vidente,
tenía un fuerte resfrío, sin embargo,
se la conoce como la mujer más sabia de Europa,
con su perverso mazo de cartas. Aquí, dijo ella,
está su carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(estas perlas fueron sus ojos. ¡Mire!),
aquí está Belladonna, la Dama de las Rocas,
la dama de las situaciones.
Aquí está el hombre con tres bastos, y aquí la Rueda,
y aquí está el mercader tuerto, y esta carta
en blanco es algo que él carga sobre su espalda,
que me está prohibido ver. No encuentro
al Ahorcado. Tema la muerte por agua.
Veo multitudes que caminan en círculo.
Gracias. Si ve a la querida señora Equitone,
dígale que le llevaré el horóscopo yo misma:
en estos tiempos hay que tener mucho cuidado.

Ciudad Irreal,
bajo la niebla marrón de un amanecer invernal,
una multitud fluía por el Puente de Londres, tantos,
no creí que la muerte hubiera deshecho a tantos.
Se exhalaban suspiros, cortos y espaciados,
y cada hombre llevaba los ojos fijos ante sus pies.
Fluían colina arriba, y bajaban por la calle King William,
hacia donde Santa María Woolnoth daba las horas,
con un sonido muerto al final de la novena campanada.
Ahí vi a un conocido y lo detuve, le grité: “¡Stetson!,
¡Tú, que estuviste conmigo en los barcos en Mylae!
Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
¿ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?
¿O la escarcha sorpresiva ha estropeado su cama?
“Oh, ¡mantén lejos al Perro, que es amigo del hombre,
o volverá a desenterrarlo con las uñas!

¡Tú!, hypocrite lecteur! — mon semblable — mon frère!”

T.S. Eliot (Saint Louis, 1888 - Londres, 1965). Tomado de: Poetry Foundation. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción puede variar de aquí a un tiempo. Vuelva pronto.

Sylvia Plath | Señora Lázaro



Sylvia Plath | Señora Lázaro
[traducción: Griselda García]


Lo he hecho otra vez
una vez cada diez años
me las arreglo—

especie de milagro caminante, mi piel
brillante como una pantalla nazi,
mi pie derecho

un pisapapeles,
mi cara una sábana judía
delicada, sin rasgos.

Arrancá mi servilleta,
oh, mi enemigo.
¿Aterro?—

¿La nariz, las cuencas de los ojos, la dentadura completa?
El aliento ácido
desaparecerá en un día.

Pronto, pronto la carne
que devoró la grave tumba 
estará como en casa conmigo

y yo, una mujer sonriente.
Solo tengo treinta.
Y, como los gatos, nueve oportunidades de morir.

Esta es la Número Tres.
Qué basura,
aniquilar cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud de mastica-maníes
se amontona para mirar 

cómo me desenvuelven pies y manos—
el gran strip tease.
Damas, caballeros,

estas son mis manos,
mis rodillas.
Podré estar piel y huesos,

pero sigo siendo la misma mujer idéntica.
La primera vez que pasó, yo tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez decidí
seguir hasta el final y nunca volver.
Me cerré 

como una concha.
Tuvieron que llamar y llamar
y sacarme los gusanos como perlas pegajosas.

Morir
es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago tan bien que parece un infierno.
Lo hago tan bien que parece real.
Supongo que podría decirse que tengo vocación.

Es tan fácil como para hacerlo en una celda.
Es tan fácil como para hacerlo y quedarse quieta.
Es el regreso

teatral en pleno día
al mismo lugar, la misma cara, el mismo
grito brutal y gracioso:

“¡un milagro!”
que me noquea.
Hay un precio 

por mirar las cicatrices, hay un precio 
por escucharme el corazón—
late de verdad.

Y hay un precio, un precio alto,
por una palabra o un toque
o un poco de sangre

o un jirón de mi pelo o mi ropa.
¿Entonces? ¿entonces, Herr Doktor?
¿Entonces, Herr Enemigo?

Yo soy tu opus,
yo soy tu valor,
el bebé de oro puro

que se funde en un aullido.
Giro y me quemo.
No creas que subestimo tu gran preocupación.

Ceniza, ceniza—
que tocás y removés.
Carne, hueso, no hay nada aquí—

Un pan de jabón,
un anillo de boda,
un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer,
cuidado,
cuidado. 

De las cenizas
me levanto con mi pelo rojo
y devoro a los hombres como aire.



Lady Lazarus

I have done it again.
One year in every ten
I manage it——

A sort of walking miracle, my skin
Bright as a Nazi lampshade,
My right foot

A paperweight,
My face a featureless, fine
Jew linen.

Peel off the napkin
O my enemy.
Do I terrify?——

The nose, the eye pits, the full set of teeth?
The sour breath
Will vanish in a day.

Soon, soon the flesh
The grave cave ate will be
At home on me

And I a smiling woman.
I am only thirty.
And like the cat I have nine times to die.

This is Number Three.
What a trash
To annihilate each decade.

What a million filaments.
The peanut-crunching crowd
Shoves in to see

Them unwrap me hand and foot——
The big strip tease.
Gentlemen, ladies

These are my hands
My knees.
I may be skin and bone,

Nevertheless, I am the same, identical woman.
The first time it happened I was ten.
It was an accident.

The second time I meant
To last it out and not come back at all.
I rocked shut

As a seashell.
They had to call and call
And pick the worms off me like sticky pearls.

Dying
Is an art, like everything else.
I do it exceptionally well.

I do it so it feels like hell.
I do it so it feels real.
I guess you could say I’ve a call.

It’s easy enough to do it in a cell.
It’s easy enough to do it and stay put.
It’s the theatrical

Comeback in broad day
To the same place, the same face, the same brute
Amused shout:

‘A miracle!’
That knocks me out.
There is a charge

For the eyeing of my scars, there is a charge
For the hearing of my heart——
It really goes.

And there is a charge, a very large charge
For a word or a touch
Or a bit of blood

Or a piece of my hair or my clothes.
So, so, Herr Doktor.
So, Herr Enemy.

I am your opus,
I am your valuable,
The pure gold baby

That melts to a shriek.
I turn and burn.
Do not think I underestimate your great concern.

Ash, ash—
You poke and stir.
Flesh, bone, there is nothing there——

A cake of soap,
A wedding ring,
A gold filling.

Herr God, Herr Lucifer
Beware
Beware.

Out of the ash
I rise with my red hair
And I eat men like air.


Sylvia Plath (Boston, 1932 – Londres, 1963), The Collected Poems. HarperCollins. New York. 2008. Traducción: Griselda García.


NB: Esta traducción puede variar de aquí a un tiempo. Gracias, vuelva pronto.

Griselda García | Una conversación sobre la luz






Griselda García | Una conversación sobre la luz


no puedo imaginar un poema sin un espacio físico
la fantasía y los recuerdos son para mí la misma cosa
no sé escribir más que sobre personas imaginarias
aunque a veces hice excepciones, como en todo

si usted dice que mi poesía es elitista, se lo voy a discutir
nosotros teníamos pudor por mostrar nuestras cosas privadas
en cambio usted, querida, usted ha escrito "resistir"
no diga eso, da un poco de risa, y, en su caso, un poco de pudor

me interesa la luz, aunque sobre ella no se pueda hablar
una conversación sobre la luz carece de sentido
me gustan las pinturas donde hay mucho contraste
como Cézanne: adonde no llegaba su mirada, no pintaba
y usted, querida, ¿por qué escribe sobre lo que el corazón no ve?


[inédito]

Sharon Olds | 1954



Sharon Olds | 1954


Entonces la mugre me asustó, por la mugre
que él puso en la cara de ella. Y su top deportivo
me asustó -los diarios, día y noche,
lo repetían -top deportivo,
como si las copas hubieran llamando
a los pechos alzarse -con él la enterró,
tal vez él nunca se preocupó por
sacarseló. Encontraron su bombacha
en un tacho de basura. Y yo temí a la palabra
eccema, como a mi acné y como a
la X en el papel que marcó su cuerpo,
como si él la hubiera asesinado por no ser perfecta.
Me asustó su nombre, Burton Abbott,
primer nombre que fue un apellido,
como si él no fuera alguien definido.
No había nada que se pudiera aprender de su cara.
Su cara era aburrida y ordinaria,
se llevó lo que yo creía que podía saber sobre
el mal. Él estaba flaco y solitario,
era horroroso, parecía casi humilde.
Sentí miedo de que la mugre fuera tan impersonal
y qué lástima sentí por el top deportivo
lástima y terror por el eccema
Y ya no pude sentarme sobre la manta
eléctrica de mi madre, y empecé a tener
miedo de la electricidad—
la buena gente, los padres, iban a
freírlo hasta la muerte. Esto fue lo que
sus padres nos habían estado diciendo:
Burton Abbott, Burton Abbott,
muerte a la persona, muerte al planeta Tierra.
Lo peor fue pensar en ella
lo que habría sido ser ella, estar viva,
ser conducida, viva, dentro de la cabaña,
mirar dentro de aquellos ojos, y ver al hombre.


1954

Then dirt scared me, because of the dirt
he had put on her face. And her training bra
scared me—the newspapers, morning and evening,
kept saying it, training bra,
as if the cups of it had been calling
the breasts up—he buried her in it,
perhaps he had never bothered to take it
off. They found her underpants
in a garbage can. And I feared the word
eczema, like my acne and like
the X in the paper which marked her body,
as if he had killed her for not being flawless.
I feared his name, Burton Abbott,
the first name that was a last name,
as if he were not someone specific.
It was nothing one could learn from his face.
His face was dull and ordinary,
it took away what I’d thought I could count on
about evil. He looked thin and lonely,
it was horrifying, he looked almost humble.
I felt awe that dirt was so impersonal,
and pity for the training bra,
pity and terror of eczema.
And I could not sit on my mother’s electric
blanket anymore, I began to have a
fear of electricity—
the good people, the parents, were going to
fry him to death. This was what
his parents had been telling us:
Burton Abbott, Burton Abbott,
death to the person, death to the home planet.
The worst thing was to think of her,
of what it had been to be her, alive,
to be walked, alive, into that cabin,
to look into those eyes, and see the human


Sharon Olds (San Francisco, 1942). Traducción: Natalia Coluccio.

Poetas argentinas


Este taller propone una inmersión en la poesía argentina escrita por mujeres. Es abierto a todo público. Leeremos y comentaremos una selección de textos de poetas argentinas. Creemos que la actividad le será de interés a todo aquel que guste de leer o escribir poesía, ya que este recorrido le permitirá estar al tanto de un recorte que abarca casi un siglo. Veremos cómo se escribía antes y cómo se escribe en la actualidad. No es necesario tener experiencia previa. La dinámica del taller requiere de la participación de todos, pero son bienvenidos quienes deseen acompañarnos en silencio.

Diana Bellessi | El mazo

Foto: PZ


Diana Bellessi | El mazo



En el viejo café Cervantes sobre la plaza
la sombra luminosa de mi padre me acompaña

siempre he querido a este boliche sombrío
donde los parroquianos varones juegan al mazo
español o miran la televisión silenciosos
y me dan permiso, Dios mío, de fumar adentro!

aquí veníamos con el papá a tomar café
y a él, no le daba vergüenza traer a su hija mujer

la ruta al frente y la vieja estación de tren
con la plaza al lado, ya suben las voces de estos
machos y quisiera atrapar cada gesto o frase
que se repite desde mi infancia a mi vejez

ahora que ya se han olvidado de mi presencia
con las cartas en la mesa y uno lee le diario
dos toman cerveza o miran un documental
sobre Tailandia y el mozo del bar y yo
la octava pasajera con un noveno sentado
atrás que ahora entra al café de la plaza, el más

antiguo que conozco y siempre milagrosamente
abierto, hay un tipo ahora en el reservadito

tomando vino, y mujeres nunca, qué entretenida
la rutina de los varones que ahora comparto
con mi cuaderno de notas mientras el noveno
se acerca a jugar una básica y hablan de una víbora

no sé si será de Tailandia o de Zavalla
pero todo tiene un sabor de aventura antigua

que me dan ganas de reír y de llorar al mismo
tiempo y ahí entra el barbero y Barrera detrás
que se sienta en mi mesa mientras recuerda,
octogenario ya, al Chevalier y a su mujer

Hilda, amiga de mi mamá, encantador ese
Barrera, y otro, al que le reconozco la cara
aunque no sé cómo se llama y me dice “acá
se sentaba siempre tu papá, en esta silla,
frente a vos”, lo recuerdo, sí, mirando hacia la plaza…
ustedes me trajeron, ¿verdad viejitos?, y el dueño

del bar que me ofrece ahora una copita que no
me dejará pagar, tan grande y hondo, no sé



Diana Bellessi (Zavalla, Santa Fe, 1946), Fuerte como la muerte es el amor. Adriana Hidalgo. Buenos Aires. 2018.

Club de lectura | Hebe Uhart





Nos damos otro lujo: en el próximo club de lectura vamos a celebrar a Hebe Uhart. Comentaremos una selección de sus cuentos, los más graciosos. Diría Selecciones: "La risa, remedio infalible".

✔️¿Qué es un club de lectura?
Un club de lectura lo conforma un grupo de personas que se encuentran a pasar un tiempo agradable hablando de libros en un ambiente cálido. Es una forma de conocer autores nuevos e intercambiar opiniones con otros participantes, además de disfrutar del placer de compartir lo que nos gusta.


✔️¿Cómo funciona?
Cada uno lee el libro propuesto y luego ponemos una fecha para comentarlo. Es recomendable la participación activa de todos, pero son bienvenidos quienes deseen acompañar en silencio.

✔️¿Dónde se reúnen?
En Flores, a una cuadra de estación Carabobo subte A, Ciudad de Buenos Aires.

Reserva de vacante con compromiso de asistencia. WA 115 723 2277

Emily Dickinson | 249




Emily Dickinson | 249


¡Noches Salvajes! ¡Noches Salvajes!
¡Si estuviera contigo
Las Noches Salvajes serían
Nuestro Lujo!

Fútiles – los Vientos –
Para un Corazón entrado en puerto –
¡Basta de Brújula –
Basta de Mapa!

Bogando en el Edén –
¡Ah, el mar!
¡Ojalá anclara yo – Esta noche
en Ti!


Nota al pie [de Rolando Costa Picazo, con notas GG entre corchetes]: Un poema atípico de 1861, que Higginson [recopilador de los poemas de Dickinson] tuvo reparos en incluir en su edición de 1891. Le escribe a Mabel Loomis Todd [quien mantuvo una fugaz relación con Austin, hermano de Dickinson, y fue editora de la poeta luego de la muerte de ésta]: "Hay únicamente un poema que me da un poco de miedo publicar: esas maravillosas "Wild Nights", no vaya a ser que la gente mal pensada vea en él más de lo que la virgen reclusa quiso expresar. Usted comprenderá y excusará mi cautela. Sin embargo, ¡qué lástima omitirlo! En realidad, no debe ser omitido". (Johnson 1960: 180). 
Quizá sea el poema más intenso y erótico de todos los de Dickinson. La palabra "luxury" [traducida como "lujo" por RCP] quita el aliento. Si bien significa abundancia, está íntimamente relacionada con "lujuria" (del latín luxuria), con sus connotaciones de carnalidad, exceso, voluptuosidad. El Edén es la culminación de los enamorados, el Paraíso en que la voz lírica se imagina remando, donde no habrá necesidad de vientos para impulsar la embarcación, ni brújula ni cartas marinas. 


Emily Dickinson. Oblicuidad de luz. 95 poemas. Traducción, notas y edición a cargo de Rolando Costa Picazo. Publicacions de la Universitat de Valencia, Valencia, 2011.


Imagen: habitación de Emily Dickinson en su casa, en Amherst, Massachusetts, hoy The Emily Dickinson Museum.

Carina Sedevich | Lejanas bengalas estallan




Carina Sedevich | Lejanas bengalas estallan


1

Como si un pájaro ajustara con su pico
algunas fibras del algodonero
entre las varillas de su nido:
así suena el nombre que le daba
a mi hijo cuando era pequeño.

-Se disipan las nubes.
Entre los palos borrachos
quema el aire.
Las cigarras duplican la frecuencia
de frotamiento de sus alas.
Quizás llueva.
Esta tarde mi hijo vuelve a casa.-



5
Atrás quedó nuestro tiempo
y no recuerdo
casi nada con exactitud.
Sin embargo,
cada vez que escucho música,
imagino que bailamos.



Carina Sedevich (Santa Fe, 1972), Lejanas bengalas estallan. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2018.

Charles Bukowski | Confesión



Charles Bukowski | Confesión
[traducción: Griselda García]


Esperando a la muerte
como un gato
que va a saltar sobre la
cama

estoy tan preocupado por
mi mujer

ella verá este
cuerpo
duro
rígido
lo sacudirá una vez, luego
quizás
otra


"¡Hank!"
Hank no
responderá

no es mi muerte lo que
me preocupa, es mi mujer
sola con este
montón de
nada

quiero
que sepa
eso sí
que todas las noches
que dormí
junto a ella

incluso las discusiones
inútiles
fueron algo
espléndido

y las duras
palabras
que siempre temí
decir
ahora pueden ser
dichas:

te
amo.


Confession
Charles Bukowski

waiting for death
like a cat
that will jump on the
bed

I am so very sorry for
my wife

she will see this
stiff
white
body
shake it once, then
maybe
again

"Hank!"
Hank won't
answer.

it's not my death that
worries me, it's my wife
left with this
pile of
nothing.

I want to
let her know
though
that all the nights
sleeping
beside her

even the useless
arguments
were things
ever splendid

and the hard
words
I ever feared to
say
can now be
said:

I love
you. 

Charles Bukowski (Andernach, 1920 - Los Ángeles, 1994). Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente