Juana Bignozzi | Novísimos




Juana Bignozzi


cuando yo esté muerta un libro va a llevar mi nombre
se llamará obra completa porque nunca más
podré agregar una línea
y ahí estará mi muy primera juventud
las etapas intermedias
poemas sueltos de un momento de ilusión
la última pasión antes de volver a la verdadera
se darán cuenta de que este monumento
estuvo hecho de grietas
que no se vieron
y de cariños que nunca olvidó
crearán un personaje de papel
después de todo
tal vez fui sólo eso
una mujer que sólo tomó en serio su compromiso con unas ideas
un hombre
y las palabras


/

ahora que soy vieja
y vos un señor mayor
quisiera que sólo recordaras
las fotos de los viajes
aquellos livianos vestidos de flores
que usaba entre los jardines lujosos
y entre las ruinas
ahora que antes de dormirme
sin que lo notes te toco para saber si aún respirás


/

vivo rodeada de muchas formas de vida que desprecio
y no debo decirlo porque soy
una mujer mayor sola y desamparada
así piensan los orgánicos sin caídas
qué vejez miserable les espera a los que nunca caen
debo ser agradecida
y yo los miro y todavía pienso como dijiste al morirte
tuvimos una vida maravillosa
y digo preguntándome
en cuarenta y seis años logramos no odiarnos
dónde están las entregas las sombras
no hablo de miserias de infidelidad sino de marcas del destino
de la memoria de la luz o del horror que los debería
acompañar toda la vida
el juicio no la complacencia
ni saben que son pobres



Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937 - 2015), Novísimos. Adriana Hidalgo. Buenos Aires. 2019. Foto: Alejandra López.

[N. B.: no te pierdas este libro]

Emily Dickinson | Él me tocó.. (506)

Imagen: facsímil de un manuscrito original de Emily Dickinson



Emily Dickinson | Él me tocó.. (506)
[traducción: Griselda García]


506


Desde que él me tocó, vivo para saber
que ese día, así permitido,
busqué a tientas su pecho —
fue un lugar infinito para mí,
y silencioso, como el terrible mar
que pone a descansar a las corrientes menores.

Y ahora soy diferente que antes,
como si respirara un aire superior —
o rozara Vestimenta Real —
mis pies, también, habían vagado tanto —
mi rostro Gitano — transfigurado ahora —
en un Renombre más tierno

Si a este Puerto pudiera yo llegar,
Rebeca hacia Jerusalén
no se volvería tan extasiada —
ni la Persa, perpleja ante su templo
alzaría tal signo de Crucifixión
hacia su Sol imperial.


N.B.: Cuando "Él me tocó..." apareció impreso por primera vez, lo hizo sin la última estrofa. Sin embargo, es la más interesante. Rebeca, mencionada en el Génesis, es la mujer que Dios ordena como esposa de Isaac. La persa probablemente fue tomada de Lalla Rookh, libro de cuentos de Thomas Moore (1817). Ambas mujeres constituyen arquetipos femeninos que reúnen gran riqueza espiritual y una sexualidad intensa. 
Conviene leer este poema en el contexto del auge por el orientalismo del siglo XIX y tener en cuenta el uso habitual de la autora de diversos tropos asiáticos.


506

He touched me, so I live to know
That such a day, permitted so,
I groped upon his breast —
It was a boundless place to me
And silenced, as the awful sea
Puts minor streams to rest.

And now, I’m different from before,
As if I breathed superior air —
Or brushed a Royal Gown —
My feet, too, that had wandered so —
My Gypsy face — transfigured now —
To tenderer Renown —

Into this Port, if I might come,
Rebecca, to Jerusalem,
Would not so ravished turn —
Nor Persian, baffled at her shrine,
Lift such a Crucifixial sign
To her imperial Sun.


1862


Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886). Tomado de www.poetryfoundation.org. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).

Santiago Sylvester | Llaman a la puerta


Foto: Santiago Sylvester. Foto: Francisco Manzano. En El Vendedor de Tierra.


Santiago Sylvester | Llaman a la puerta



(la primera vez)

Cada vez es más difícil hacer algo por primera vez: cuestión
de tiempo para saberlo.

La primera vez que como una fabada, que leo un soneto,
que me acuesto con una mujer;
la primera vez que veo un muerto, un río crecido, dos perros
               peleando en la calle:
ya nada de esto es posible.

Acumular experiencias es buscar seguridad,
pero siempre queda algo para la primera vez: un deporte que
           nunca practicamos, tocar un instrumento, un amor del
           que ignorábamos todo, una ciudad que no está en los mapas;

siempre habrá algo nuevo si nos empeñamos en buscarlo,
incluso el riesgo de hallar lo no querido; por esta línea merodea
          la muerte,
siempre atenta, siempre queriendo acontecer,
siempre por primera vez.



Santiago Sylvester (Salta, 1942), Llaman a la puerta. Ediciones del Dock. Buenos Aires. 2019.

Marina Serrano | Variaciones Argerich



Marina Serrano | Variaciones Argerich


Extrañamiento del oído

Extraño la acción casi mecánica de contarte que
hoy llueve y quiero permanecer despierta,
lucho como los chicos para no terminar el día,
leer un poco más, escribir,
y mi cuerpo cansado, aun negándose, poco a poco, pierde
coordinación, se relaja, se va,
y solo quedan
mis oídos en la lluvia, mi corazón en la bañera
caliente, en la noche
mientras el agua da a un golpe a destiempo,
un auto salpica muy lejos, sobre la avenida de los castaños,
y en el eco de los mosaicos sonrío porque sé
que es a vos a quien dirijo mis palabras, sin importar cuáles,
y su existencia confirma
los actos más simples de mi vida,
los hace reales, el gol que busca su grito,
puño que se levanta ante el acierto,
oído privilegiado presto a completar
un diálogo amoroso,
lo sé, y te extraño,
aunque en algún momento, aquello que escucha, 
se dormirá también.


Superposición

Por la fuerza aprendí a tolerar el desdoblamiento,
existo, al menos, en dos vidas.
Temerosa de un choque instantáneo que destruya
la forma que me impulsa, o aquella otra,
en la que, al rozarnos, se suspende el juicio,
en ambas te comparto,
padres moribundos, exparejas, recuerdos
se pegan y despegan al presente como un residuo
transportador inevitable.
En ocasiones, intento aunar todo lo que soy,
colapso en mi propio nombre, en un barrio agradable de Bélgica,
compruebo que nuestra unión existe
y que, más allá de la paradoja,
la superposición espaciotemporal, el borramiento de planos,
también en esa realidad, te amo y soy
en vos, un vacío completo.


Madurez de una interpretación

Todos vieron ese final
automático, tan parecido a una sonrisa,
igual que hace años, tomaste de mis manos lo que te ofrecían,
y el soplido movió las aspas del molino,
llenó tu cara de luz
desplazando el mohín siempre mecánico, automático,
el gesto de agradecimiento, tantas veces repetido,
y nuestra posible realidad,
el aire en tus labios, giro inesperado de papeles, 
puso en tus ojos un poco de alegría,
mínima, pero a quién le importa.
Esa noche, en la habitación inmensa, no hubo otra manera,
y, últimamente, me conformo con poco,
tienen razón las voces y los muertos:
ni siquiera vos me hacés falta.



Marina Serrano (Quequén, 1973), Variaciones Argerich. Ediciones del Dock. Buenos Aires. 2019.

Heather Thomas | Caja torácica

Foto: Alexandra Whitney



Heather Thomas | Caja torácica


Yo estaba dentro de tu mano.
después me soltaste.

Volviste a las minas de carbón
para comprobar posibles daños.

Yo seguí buscando
señales, instrucciones

que me transportaran
a una ilesa

relación con el cielo.

(¿Dónde estaban nuestros cuerpos?

Dentro de costillas paréntesis,
inclinándose sobre lo que amábamos

y se estaba alejando.)

Estabas dentro de mi mano,
apenas apuntalado entre corchetes

prolongándote para dibujar tu nombre
en otro cielo.

Después te solté,
adentrándome en la amplitud de mi caja torácica.


Heather Thomas, Reconocimiento. Foot Hills Publishing. Kanona, NY. 2019. Traducción: Patricia Díaz Bialet.

María Teresa Andruetto | No se preocupe, madre




Versos de hospital

Un amigo estuvo internado/por una operación extraña/por primera vez me asomé/al mundo de los enfermeros/dice/a la crueldad de los hospitales.

También yo ingresé a emergencia hospitalaria/con un palpitar menguado/Así dijeron los médicos/y me pusieron en la zurda/una pequeña máquina.

Mundo de los enfermeros.

Recuerdo al que me cuidaba/No quería orinar ante sus ojos/ni que viera el pelo de mi pubis/pero él me dijo/Es mi trabajo, madre y me lavó las partes con merthiolate/El muchacho empezaba a ser hombre/los ojos achinados como rajas/Vine a Córdoba a estudiar/dijo/era de un pueblo de Salta/es mi trabajo, madre/no podía levantarme.

Crueldad de los hospitales.

Yo en una cama/ otra mujer en la otra cama/amigas por esos días/Él le dijo al poner la chata/hay sangre, ¿está menstruando?/A ella le dio vergüenza/se me adelantó la regla... perdoname/No se preocupe/dijo el muchacho.

No se preocupe, madre.

De azul hielo en la noche/el televisor encendido/y nosotras en un barco/a merced de aquel muchacho/que limpiaba nuestra sangre/y nuestras babas.
Así es nuestro trabajo/dijo/y nosotras/coloradas de vergüenza/diciendo y diciendo/
Gracias


Una mujer y un caballo

A Catalina


Cierto día, en un campo de allá lejos
una yegua se preñó y al potrillo que le vino
lo llamaron Milagro. Una mujer tira de las riendas
con la pollera desprolija entre las patas. Sostiene
lo que está en el lomo y en la grupa. Primero
ensilló el caballo, después le dio de comer,
antes lo vio asomarse (grácil, delicado)
entre las patas de su madre.

En el incendio de los maizales
y en las espinas de los tunales
una mujer y un caballo
se sostienen.


María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954), Poesía reunida. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2019.

Irene Gruss | De piedad vine a sentir



Irene Gruss | De piedad vine a sentir



Muy pocas veces se justifican los prólogos y posfacios: esta es una de ellas. Abre Aulicino: "El problema que Irene Gruss resolvió en términos excelentes no fue cómo hacer importante lo trivial, sino cómo deshacerse del peso de lo importante sin que llegue a parecer trivial" y cierra Mileo: "Irene recomendaba torcer la anécdota, crear un objeto estético animado por la vida real. Alejarse de la referencia para ver otra cosa. Podar la anécdota, liberarla de la superficie: escribir de menos para ver de más".

Maravilla. En el medio, los poemas. Acá hay tres para tu deleite. 


Rara cópula

Podría amar a ese hombre, cómo no,
dulcemente atenazarlo en mis rodillas
y no parar hasta que los ojos de él me mirasen
la primera vez en su vida, con asombro
o, más bien, consternación de sí mismo
pero es el subjuntivo lo que priva,
y esa su mirada en otra parte, en un mundo convexo
donde no caben cuencos sino
ese cántaro que tanto iba a la fuente que, cómo no,
la fuente se ha secado
y es una rara cópula que une y desune, rompe
con lo real lo imaginado,
¿cómo no?



Pero el arte


Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte
sino malentendidos: no saber oír,
trastabillarme;
raro cansancio hacía que diera cosas
por sentado: el abrazo;
hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas,
ya fuera por bueno
o malo, sin arte alguna, me equivocaba.

Tarde descubrí que el errar,
el perderse
podrían ser lo mismo, un oficio
extravagante. Pero el arte,
ah el arte, no es oficio
sino servir un simple puré de papas, ni muy caliente
ni tibio.


A Mirta Rosenberg, a Elizabeth Bishop


Sal

Por volver la vista atrás
pude mirar fracaso tras fracaso tras fracaso,
fuegos vi, la ciudad hecha fuego,
convertida en un apocalipsis precoz. Y
mi nombre perdido hacia un desierto si volteo
la cabeza hacia adelante, hacia
lo que me espera:
soy a duras penas la mujer de Lot: mi necesidad
no tiene nombre.



Irene Gruss (Buenos Aires, 1950 - 2018), De piedad vine a sentir. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2019.

Iván Wielikosielek | Poema ante una tumba oscura




Iván Wielikosielek | Poema ante una tumba oscura



Ahora que pienso en vos ya no como mujer sino como espíritu
que pasó por este mundo como pasa el viento
Ahora que venís a mí desde viejas fotos y me saludás
en el silencio lejano de un mar en blanco y negro
Ahora que existís sólo en mi imaginación
y sos un aura más que un cuerpo
un suvenir más que una boda
un figurín más que un retrato oval de cementerio
Ahora que ya no pienso en vos como una señora que es parte del olvido
sino como se piensa en las heroínas de las películas
te veo como Ana Karenina
muriendo de poético suicidio en un andén
y no de un acevé en una clínica sojera
O te veo como la madre del Hombre Elefante
dando a luz a un niño-monstruo
para morir en el parto y dejarlo solo en las terminales
Ahora que ya no pienso en vos como mujer divorciada
sino como un impulso femenino que ha vuelto
a la eternidad de su silencio
te escribo estas palabras
Porque aunque pensé que te conocía yo no sabía nada de vos
Porque te toqué y no te sentí
Porque te escuché y no te oí porque te miré y no te vi
Por eso esta tarde
guiado por tu voz que se ha vuelto
como el grito de un pájaro bajo tu oscura tumba
he creído oír mi nombre de tus labios
Y me he acercado por primera vez
a tu llamado más hondo.

Iván Wielikosielek (Ballesteros, Córdoba, 1971), Príncipe Vlad. Poemas reunidos. Eduvim. Córdoba. 2018.

Shlomó Ha-Levi AlKabetz | Lejá Dodí

Foto: Chuttersnap




Shlomó Ha-Levi AlKabetz | Lejá Dodí


Ven, amor mío
al encuentro de la novia.
Recibamos con alegría al Shabat.
Guarda y recuerda,
proclama al unísono el Verbo Divino.
D´s es único y Su Nombre es único,
a Él pertenecen la gloria y las alabanzas.
Bienvenida seas, reina de los días,
fuente de toda bendición,
concebida al principio,
realizada al final.
Levántate de tus ruinas,
¡oh, ciudad santa, morada real!
Llegó el fin de tu exilio,
D´s, con Su ternura, reconfortará tu alma.
Levántate y sacúdete el polvo,
vístete de gloria, congregación de Israel.
Redime mi alma, ¡oh, D´s!
Restaura mi reinado y la dinastía de David.
Resurge con resplandor, ¡oh, Jerusalén!,
ilumina con tu luz el universo.
Entona canciones para el Señor.
La gloria divina sobre ti se manifestó.
Tu soberanía perdurará; tu reinado no declinará.
¿Por qué te deprimes, por qué gimes?
En ti se cobijarán los perseguidos de mi pueblo,
y será reconstruida Jerusalén.
Tus enemigos no prosperarán,
el mal se alejará de tus fronteras.
D´s se regocijará contigo,
como un novio con su novia.
La prosperidad desbordará tus fronteras,
al Señor, tu D´s, alabarás.
Con la llegada del Mesías,
nos regocijaremos y alegraremos.
Tráenos tu paz, ¡oh, reina del Shabat!
Bríndanos la alegría y el regocijo;
reside entre los fieles de tu pueblo.
Ven novia, ven amada.


Shlomó Ha-Levi AlKabetz (Salónica, 1500- Safed, 1576). Click aquí para escuchar.



N.B.: Este poema alegórico se basa en el relato talmúdico según el cual los sabios de la época recibían al sábado como si fuera una novia. El autor se inspira en las profecías de restauración del pueblo de Israel, pertenecientes a Isaías. El motivo del poema es la santidad del sábado y la resurrección de Jerusalén, ciudad santa, que será restaurada con la llegada del Mesías.



Fuente: Sidur de Kabalat Shabat, Lamroth Hakol.

James Joyce | Yapa




James Joyce | Yapa
[traducción: Griselda García]


Él viaja tras un sol invernal,
apura el ganado por un camino largo y rojo,
llamándolos con voz conocida,
conduce a sus bestias hacia Cabra.

La voz les dice que el hogar es cálido.
Mugen y hacen brutal música con sus pezuñas.
Las conduce con una rama florecida,
el humo adorna sus frentes.

¡Ataduras brutas del rebaño,
extiéndanse esta noche junto al fuego!
¡Yo sangro junto a la negra corriente
por mi rama arrancada!


James Joyce (Dublín, 1882 - Zurich, 1941), Pomes Penyeach. 1927. Traducción: Griselda García.

Claudia Masin | Geología




Claudia Masin | Geología


La música


Se cuenta que hay rocas que entran en erupción
de repente. De la nada, dicen algunos,
o del corazón agreste y súbitamente tierno
que las hace temblar como si el odio
de vivir y no moverse fuera igual
que esa insólita dulzura, el reverso:
inofensivo volcán de las cosas olvidadas de sí
hacia el mundo que espera del silencio 
una señal.


Arcilla

Deseaba un sistema solar en el fondo
de los pozos, un alma húmeda donde la compleja
red de constelaciones se volviera arcilla,
al fin y al cabo tan inaccesible a lo humano
como Venus. Deseaba hablar de las sombras
con el amor que se reserva para el sol.



Claudia Masin (Resistencia, Chaco, 1972), Geología. Caleta Olivia. Buenos Aires. 2018.

Alejandro Schmidt | Lo que pude

Fotón: Julio César Audisio


Alejandro Schmidt | Lo que pude


Salvo por justificarme
escribí sin mayor preocupación
elegantes entradas en la oscuridad
parábolas del héroe caído

Abundó la sinceridad del error
su claro estanque

Quisiera
no tan fervientemente
ser mejor

En consecuencia
importaron pocas cosas

¿Cómo crecen las piedras
O habla el sol?

Demasiadas veces leíste este poema

Al espacio tiempo
se arrima la voz y nuestra estrella

Es todo lo que pude

No

Dejemos las obstinaciones del amor
el espionaje del odio

Puesto a verme
la cárcel era frágil
el prisionero fuerte

Sin importar
además
alguna memoria
la piel de un dios manchada
Confiar en lo inacabado

Imperio cosido por melancolías
es esta vida
que pasa


Alejandro Schmidt (Villa María, 1955), Cerca de nada. Editorial Cartografías. Colección Archipiélago. Río Cuarto. 2019.

Estela Smania | Elegía para E.




Estela Smania | Elegía para E.


Se ha caído sobre los cerámicos
de la cocina.
Lo encuentro tendido
como un árbol
que fue refugio
y sombra.
Me tumbo a su lado
le cuento
que el domingo vendrán
los nietos
y comeremos juntos.
Él sonríe.

Yo ruego
que alguien llegue
y nos regrese
al mundo


/

No hay barca
no hay Caronte.
En caja de madera se va
hacia la nada.
Voy a inventar la barca
y el remero
para hacer de su muerte
un largo viaje.

Se lo debo

/

Le gustaban
las manzanas con vino dulce
y con canela.
Yo miraba
la alegría
en su boca
y reconocía en su mirada
la impaciencia
para que nadie comiera
aquello que era suyo
aquello
milagrosamente
inacabable.

Ahora
por costumbre
sigo trayendo a casa
la ventura
de las manzanas rojas.
Para nadie.
O sólo para
que aquel olor
se quede
y me acompañe.



Estela Smania (Paraná, Entre Ríos), Elegía para E. Viento de Fondo. Córdoba. 2018.

Santiago Espel | Photo Carné

Foto: GG


Santiago Espel | Photo Carné


Removieron en la basura hasta dar con el ángel de los desquiciados. Lo levantaron de una oreja, le sacaron dos muelas de oro y le pintaron la calva de rojo. Le quemaron la frente con una moneda de ceniza y lo abandonaron en el patio. Bajo la parra poblada de uva chinche, bajo el sol ardiente, un grupo de herejes se entretuvo en el abuso y redactó los principios del reglamento interno. Antes de irse, tras el chorro de vinagre, le arrancaron los pocos canutos que le quedaban en las alas.


Santiago Espel (Buenos Aires, 1960), Photo Carné (crónica de una distorsión expresiva). La Carta de Oliver. Buenos Aires. 2018.

Jorge Aulicino | El río



Jorge Aulicino | El río


Cambios de piel


¿Cómo te sonaba en verano en Ciudadela
provincia de Buenos Aires
la palabra dialéctica
en la voz de tu padre
y cribada por el aire caliente
bajo árboles llamados paraísos y plátanos?
Te arrancabas con placer cáscaras de sangre
de una pequeña herida, con la uña.

¿Hacían grato el calor las hojas del paraíso?



Admonición del maestro

Mira esa imagen del hombre, hijo,
piensa cuánto le cuesta armar esa cara,
arrojar con el pulgar el birrete de papel,
sosegar el ladrillo. Si piensas
en su ansia de conquista
insondable y negra
como el abismo donde Alejandro soñaba,
y en sus manos tan prestas a empuñar
la lanza o la cuchara
tan listo el brazo a levantarse
para ordenar la carga
de doscientos ejércitos o para
tirar a un lado la ropa,
si piensas en el ansia que no ves, entenderás
que el hombre ha hecho esta mañana
y lo hará mañana, un esfuerzo titánico.
Respétalo. Ten presente
que sería capaz de colgarte en un desierto.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), El río. Barnacle. Buenos Aires. 2019.

Enrique Solinas | Esta es mi lengua



Enrique Solinas | Esta es mi lengua


¿Has visto cómo el sol cada mañana
levita siendo ánima o es virgen,
en ascenso constante,
para empezar el día?

De par en par, abro
las ventanas de mi cuerpo
y dejo
que la brisa suceda sobre la piel,
mientras cierro los ojos
y puedo sentir
la sombra de los pájaros,
el movimiento de una flor.
Puedo sentir el leve
susurro de la escarcha.

Qué maravilloso es despertar
y que la naturaleza te abrace
como a un hijo perdido y recobrado,
así cada palabra con su esencia
recupera el aroma del sentido.

Mi lengua se construye
en la visión que acabo de contarte.
De la gran ciudad al bosque,
un largo trecho
de metáforas
hay que recorrer.

¿No has visto cómo el sol
irrumpe y es la lluvia
de luz que nos sorprende
cada instante del día?

Te digo que no hay visión igual,
el pensamiento suele confundirnos.

Si no lo has visto aún,
no has visto el mundo.


Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969), El libro de las plegarias. Mascarón de proa. Villa María. Córdoba. 2019.

Ricardo Molinari | El tabernáculo

Foto: Zenda Libros


Ricardo Molinari | El tabernáculo


V


Sí, qué tejado, qué sombra de madera sobre el último día.
Cantaba el mar en playas de níquel, el mar lleno de sudor,
Siempre el mar.

Yo estaba desesperado como si ya no quedara otra vida,
como si el mundo fuera plano
y mi sueño estuviera colgado de una pared
llagada.

Sí; el amor, la carne, el triste sueño. Yo no quería morir,
no quise llevar una flor transparente sobre el hombro pasajero;
dejar de ser un pobre árbol sin jacintos.

(Mañana, cuando esté sereno, todo se me ha
de volver tonto; ya estoy sordo
de llevar mis ríos a un corredor;
de dirigirme a una frase viviente entre montañas,
a un vaso de café, a una canción, a toda una noche sin dormir.

Pero el amor es el amor,
Y yo tolero lo que me ayuda a ser diferente:
silencio entre dos hojas, espacio entre los hombres.



Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1998- 1996), El tabernáculo. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2019.

Alejandro Schmidt | Por qué nunca más presentaré un libro de poemas


Alejandro Schmidt 


El jorobado

en la madrugada
por el vidrio roto de la escarcha
alguien llama a su perro

silba
insiste
llama a su perro

si una vez
una sola vez
hubieran llamado así
a mi corazón

no llevaría esta joroba
cuando sale el sol.


Metafísica

con mi hijito
paseamos por el cementerio
pregunta
¿qué hacen los muertos?
están acostado sin moverse
¿todo el, día?
sí, querido, todo el día

y a la noche
¿se pueden mover?

no sé
nunca vine de noche

vengamos una noche, papi,
vengamos una noche
dijo
y siguió con su bici
entre los panteones.


Ese perro que corre en la terraza

ese perro que corre en la terraza
es la belleza

los vecinos se quejan
ladra, ladra mucho dicen

al dueño no le importa
no tengo hijos, piensa,
no tengo nada en la vida

muchas veces olvida dejarle agua
el perro
estira su cabeza entre las rejas
va lamiendo
la luz de los faros

no hay estrellas ni amantes
en esa esquina

cerca del campo electromagnético
el perro está desnudo

espera
gruñe a todo lo que interrumpa
su miserable concentración de orejas

nunca tuve premios
se repite
su amo
subiendo la escalera

mosaicos ajedrezados
una lata vacía de dulce de batata

y la belleza
que tiembla
tiene sed.


Colmillos

leyendo a Nabokov descubrí
que, como los adolescentes,
aún leo para aprender a vivir
el párrafo me halló desprevenido
allí dice que los jovencitos
indagan en los libros
mensajes o razones, el vaporoso plan del mundo
pero Nabokov
nació en la aristocracia
y supo tanto, tanto, desde siempre
lenguas, ciudades, entomología
y Cornell, su atril
y el Neocriticismo
¡ay!
qué vergüenza me dio oír el timbre
en la escuela secundaria donde busco el pan
qué pudor
qué rabia suelta
pero en otro artículo
Literatura y sentido común
dice que
para subir a una torre de marfil
hay que matar primero
algunos elefantes.


Por qué nunca más presentaré un libro de poemas

porque de inmediato aparece
la mosca verde
el malentendido
mujeres con aros dorados
gente que desprecio

porque el silencio me tuerce los ojos
y la absoluta verdad de alguna línea 
me pregunta

¿para esto
para ese
para aquellos?

no
nunca más
lo dejaré salir

si es un fuerte animal
una pluma alzada
un espejito
ese libro de poemas
por malo por bueno que sea

que lleve su sed
y que se aparte
como toda criatura
que busque el imposible lector

que no sea encontrado en fuego frío
distracciones que aplauden
sí, dejaré los poemas en su libro

bastante muerte es ésa.


Alejandro Schmidt (Villa María, 1955), Romper la vida. Antología existencial. Editorial Nudista. Córdoba. 2013.