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La poética de Griselda García, Facundo D´Onofrio


El punto de contacto
Sobre la poética de Griselda García
Por Facundo D´Onofrio
  

Foto: Julia Russo Martínez 

“(…) Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama”[1]


Introducción

Mucho se discute acerca de la evocación confesional en la poesía y de la aparición de lo anecdótico como objeto narrativo del poema. Posiciones radicales imploran por su definitiva aniquilación y otras, en extremo opuestas, encuentran un carácter poético en pequeñas crónicas cotidianas repartidas en estrofas.
En medio de esas costas antagónicas, siempre es motivo de celebración encontrar poetas que navegan, como veleros de astutas velas, hacia una u otra playa, según busquen un día de sol o un poco de tormenta para probar su destreza al timón en el oleaje bravo. Cuando el barco sale airoso del contraste, habiendo resistido a los pozos y las trampas, y el timonel toma las piedras más valiosas de cada orilla, allí se erguirá, frente a todos nosotros, un gran poema.


El trabajo sobre las olas

Para comandar el barco, Griselda García se vale de un variado conjunto de elementos. Tomaré como muestra una vasta antología de su obra, titulada Mi pequeño acto privado[2], para referirme a ellos.
En primer lugar, toma de una de las orillas una piedra fundamental: un profundo sentido de la narración. Nunca pierde de vista que con el poema está contando algo y que, aunque la escena se presente difusa o elevada a una abstracción mayor, el lector espera recuperar el sentido del “qué” en medio del “cómo”. En sus poemas –a mi entender– más logrados, este sentido va acompañado de un imaginario poderoso y de una suerte de sabiduría puesta en la derrota, en el reverso de las cosas, en ese lado poco esperable y hasta oscuro de los temas. Así, por ejemplo:

Yacer con el hijo / educarlo en la carne / controlar con los días / el ancho de su espalda / en la espesura fundirnos. / Al interior de la yema del ojo / catedrales de agua / delgadas escamas / de la leche. / Un desborde del cuerpo / una fiesta sin fin / la muerta hilvana / su pañuelo de larvas. / Te alimento / te baño con miel / te envuelvo en piel de luz / te cubro de flores y canto”[3].

Aparece, de este modo, una insistencia por subvertir tópicos generalmente ligados a la ternura y llevarlos al reino de lo ominoso: una latencia incómoda y constante de algo que no comprendemos del todo pero cuya existencia no podemos obviar, aunque queramos hacerlo. Esta aparición va de la mano del erotismo, a veces más explícito, a veces menos, y cuya existencia no responde solamente a provocar sus efectos naturales sino que también apuntala esa latencia del elemento siniestro. Dice Barthes, al referirse al strip-tease, que “está fundado en una contradicción: desexualiza a la mujer en el mismo momento en que la desnuda. Podríamos decir, por lo tanto, que se trata, en cierto sentido, de un espectáculo del miedo, o más bien del “me das miedo”, como si el erotismo dejara en el ambiente una especie de delicioso terror, como si fuera suficiente anunciar los signos rituales del erotismo para provocar, a la vez, la idea de sexo y su conjuración (…) el decorado, los accesorios y los estereotipos sirven para contrariar la provocación del propósito inicial (…)”.[4]
En otras palabras, el erotismo en la poesía de Griselda García tiene un doble funcionamiento: su efecto habitual, por un lado, y la construcción de una escenografía ideal para que soportemos –como si fuese una vacuna que nos brinda dosis menores de una enfermedad–  la latencia de ese mal incesante, por otro. Véase, por caso, este poema:

Hasta un ciego con memoria del tacto / podría servirme / lo guiaría el olor de la sal, la tibieza / la humedad silenciosa. / Detrás de él vendrían cientos / aceite en el cabello / olor acre de la orina. / Yo sólo tendría que yacer inmóvil / palmear alguna espalda, quizás. / Lo mejor es lo que más tarde llega / una noche, sin ser esperado / delicado como un ladrón / mil veces más silencioso. / ¿Soy aquella niñita de pollera al viento / bailando entre altos pastizales?”[5]

En segundo lugar, la poética de Griselda García presenta una vitalidad que se manifiesta a partir de un extremadamente sutil manejo del humor. Hay una mueca permanente, a mitad de camino en sonrisa, que se dibuja en el yo lírico y que lo acerca al componente lúdico, incluso al crear las imágenes más desoladoras. Es esa sabiduría de la que hablaba antes, encontrada en la derrota, aceptada con cierta anuencia lúdica y burlona:

Ahora estoy como quería estar: / de algodón y rellena de aserrín / con la piel de antiguos enemigos bajo las uñas / tolero cualquier cosa de mis amigos imaginarios / sólo los insectos en nariz y oídos / me mantienen con vida”.

Las imágenes creadas, elaboradas con las piedras que el velero halla en la orilla lírica, se acumulan unas sobre las otras y le dan al poema un espesor notorio. Cuando el lirismo nos llevó lo suficientemente lejos, el verso siguiente propone un ancla anti-abstracción que nos devuelve al “qué”, con una cuidadosa elección de las palabras, incluso, a veces, en detrimento del ritmo.
Así trabaja el oleaje de esas aguas con doble orilla y parece gritarnos, al pasar, “¿ven cómo se hace una confesión personal y a la vez se produce un hecho estético?”, “¿ven cómo la destreza está en encontrar el punto de contacto?”.
Por último, observo un inteligente manejo de la expectativa. Cada poema parece ir hacia un lugar al que nunca llega del todo y esas expectativas truncas son el placer de ese yo lírico travieso. Siguiendo con Barthes: “Todo texto sobre el placer sólo es dilatorio: será una introducción a algo que jamás se escribirá”[6]. Griselda García escribe sobre el placer, en sus formas menos esperables, y se vale del eros, que es, en palabras de Constantino Cocco, “el medio de comunicación y de expresión más profundo a disposición de todo ser humano”[7].
Como una suerte de Anne Sexton maniática pero sin depresión, Griselda García observa el entorno y se compromete en él personalmente, proponiéndole una batalla discursiva, mojándole la oreja, combatiendo con lo inasimilable que nos depara, pero sin el sentimiento de frustración ante la derrota. Le ofrece, en cambio, una mueca burlona y le advierte que seguirá activa. Parece responderle a aquel poema de Anne Sexton:

“Sueño con escarabajos / algo lejano me sentencia / ¿perduraremos? / no hay masturbación posible / cuando es furia / lo que se tiene.”[8].







[1] SEXTON, A., “The ballad of the lonely masturbator”, versión original: “(…) The boys and girls are out tonight / They unbutton blouses. They unzip flies. / They take off shoes. They turn off the light. / The glimmering creatures are full of lies. / They are eating each other. They are overfed. / At night, alone, I marry the bed”.
[2] GARCÍA, G., Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
[3] GARCÍA, G., “La ofrenda”, en Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
[4] BARTHES, R., Mitologías, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2003.
[5] GARCÍA, G., “La reina tuerta”, en Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
[6] BARTHES, R., El placer del texto, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2010.
[7] COCCO, C., “El eros secuestrable”, en Erotismo y destrucción, Cappelli Editore, Bologna, 1998.
[8] GARCÍA, G., “Sueño con escarabajos”, en Mi pequeño acto privado, Barnacle, 2015.


Reseña por Carlos Schilling



Habitar el instante, la voz irresistible de Griselda García

por Carlos Schilling


En su nuevo libro Ahora, reúne poemas en los que se impone su visión irónica y sapiencial del sexo, la literatura y el amor.


Hay algo irresistible en la poesía de Griselda García que no tiene tanto que ver con su manera de trabajar las palabras ni con su visión de mundo, sino que parece provenir del tono de su voz. Escriba lo que escriba, uno quiere seguir escuchándola, porque hay algo irónicamente sapiencial en ella. Un tono que se percibe tanto en sus poemas confesionales como en los ficcionales (diferencia que nunca es tajante, pero que resulta perceptible cuando habla a través de la boca de un pintor o de un viejo en un geriátrico, por ejemplo).

¿Cómo definir ese tono? Algo así como la voz de la experiencia aunque despojada de la carga peyorativa que tiene esa expresión aplicada a una persona real. Puede ser escéptica, puede ser ácida, puede ser sentimental, incluso, pero nunca resulta una voz pedante. Se materializa en versos de una contundencia aforística, como "Los lugares comunes suelen ser/ los que contienen más verdad/ caímos en todos".

Tanto en los poemas líricos como en los narrativos de Ahora, García compone escenas vívidas en las que consigue retratar a uno o dos personajes y describir una situación completa en pocos trazos. Los mejores ejemplos son "Su ley" o el inolvidable "Nene, ¿no te basta con tu novia?", donde describe el intento de seducción de un joven estudiante: "Me aplaudís cuando termino de leer/ decís que te gusto, que escribo bien/ me presentás a tu novia, estudia Letras./ Cuando ella se va me decís un piropo./ No sé si cambiaron los códigos/ o te tomaste una licencia poética".

La urgencia que se condensa en el título del libro, su presente imperativo, se traduce menos en un carpe diem (vive la vida, diríamos hoy, más cerca de Ricky Martín que de Horacio) que en un "habitar el instante", colmarlo de atención. Dicho con sus propias palabras: "Despertá, el tiempo no espera a nadie".



Entrevista GG por Gustavo Yuste

¿QUÉ ES LA POESÍA? #20 – GRISELDA GARCÍA: “LA POESÍA Y EL MERCADO MUCHAS VECES ESTÁN REÑIDOS”
Escrito por Gustavo Yuste 20 diciembre, 2016



“Creo que la poesía es una forma de ver el mundo y de sentirlo, de relacionarse con ese mundo que nos rodea. También podría decir que es un juego, un momento en el que el tiempo se detiene”, sostiene Griselda García y agrega que hay “varios prejuicios en torno a este género”. Sobre la sobreproducción literaria, la editora de Ediciones Del Dock expresa: “los libros no son una sumatoria de textos que se juntaron entre el último editado y uno nuevo”Leé la entrevista completa de la última entrega de ¿Qué es la poesía?, a continuación. 


Sobre la autora
Griselda García nació en Buenos Aires en 1979. Es autora de varios libros de poesía, entre ellos Mi pequeño acto privado (Barnacle libros, 2015), y el recién publicado Ahora (Ediciones del Dock, 2016), y del libro de relatos La madre del universo (Editorial Echarper, 2012). Dicta talleres de escritura y administra su blog http://griseldagarcia.blogspot.com. Es directora de la colección La verdad se mueve de Ediciones del Dock.



-Para vos, ¿qué es la poesía?
-Creo que es una forma de ver el mundo y de sentirlo, de relacionarse con ese mundo que nos rodea. También podría decir que es un juego, un momento en el que el tiempo se detiene. Además, en mi caso, leer o escribir poesía me hizo mucha compañía en un tiempo, era algo que me entretenía.

-Recién decías que era un juego y me hace acordar un poco a lo que afirmaba Cortázar acerca de la literatura en general, que la calificaba como un juego, pero siempre teniendo en cuenta la seriedad que puede tener un juego, no como algo liviano.
-Cuando vos observás a los chicos en sus juegos, están totalmente ensimismados, realmente son el juego, no hay un desdoblamiento. El “¿Dale que somos astronautas?”, por decir algo, es muy refrescante y muy posibilitador. Es como vos decís, no es liviano, porque también te dije la palabra “entretenimiento”, que puede sonar poco serio, pero en realidad es algo que te cautiva y que te toma hasta el punto de no pensar ni sentir otra cosa, es presente puro.

-¿Y cómo fue tu primer acercamiento a la poesía?
-Tuve una profesora en el secundario que le metía mucha pasión a la enseñanza de la poesía. Si bien nos daba textos un poco quedados en el tiempo, algo de su pasión me contagió. A partir de los 20, empecé a ir a cafés literarios y no podía creer que existiesen realmente lugares así, porque solamente los había visto en películas. Con los micrófonos abiertos me empecé a animar a leer lo que escribía y como eso tuvo buena repercusión, me envalentonó para seguir. Además, intercambiábamos opiniones sobre autores, poemas en fotocopias. Había un tráfico literario que me entusiasmaba y me servía de gran estímulo.

-¿Qué autores tuviste como primeros referentes y qué lees ahora?
-Mis primeros referentes son autores que creo que pegan mucho a una determinada edad, como Oliverio Girondo o Alejandra Pizarnik, pero también Rimbaud, Baudelaire, autores de ese estilo. Un poco después aparecieron Sylvia Plath y Anne Sexton, autoras que traduje porque me interesaba mucho su costado confesional y buscar qué decían esas mujeres, siempre un poco silenciadas. Daba la impresión de que había más hombres que mujeres escribiendo y en ese momento yo tenía la necesidad de bucear en la literatura hecha por mujeres. Más adelante, empecé a introducirme en autores como Pound, Eliot, Pessoa y también me acerqué a muchos autores argentinos. Te puedo nombrar a Jorge Aulicino, Irene Gruss, Estela Figueroa, María Teresa Andruetto.

-Hiciste referencia a que suele parecer que hay más escritores hombres que mujeres. En tu rol de autora, ¿cómo te planteás con respecto a eso? Teniendo en cuenta que la literatura de mujeres se la asocia solo para lectoras femeninas.
-Me gusta jugar un poco con eso. Por ejemplo, en Ahora (Ediciones Del Dock, 2016) hay voces masculinas o poemas donde no queda claro si el yo lírico es un hombre o una mujer. Eso me interesa como ejercicio, por lo menos, y para jugar y tensionar también, porque siempre que se dice yo parece que quedara pegado a un yo autobiográfico. En esos matices me interesa indagar. Con respecto a la escena literaria y la predominancia masculina, no me puse a pensar por qué. Sí me parecía que en los 90’s, lo que escribían algunas mujeres tenía un nivel de distracción muy grande.

-¿Distracción en qué sentido?
-Distracción respecto de la situación política y social del país en ese momento. Yo no me hallaba entre mujeres que escribían sobre sus pequeños bebés. Había mucho de purpurina, brillantina, bobadas. Eso no representaba a las mujeres que a mí me interesaban, y me siguen interesando. Lo femenino lo asocio a la fuerza, hasta cierto salvajismo y animalidad si querés, sensibilidad, sensorialidad. Todas cualidades que no veía en esa época. En respuesta a eso también comencé a escribir, para encontrar aquello que necesitaba leer.

-Pasando al plano de la escritura, ¿a la hora de escribir, tenés algún mecanismo o rutina?
-No, ninguna. Cuando viene el deseo, aparto otras cosas y me dedico a escribir. Pero creo que en la vida todo es en simultáneo. Escribir no es volcar al papel únicamente, sino que podés estar haciéndolo junto a otras cosas y cuando tenés tiempo, lo transcribís. Sí sigo una disciplina de lectura todos los días, pero la escritura responde al deseo.

-Y las nuevas tecnologías, ya sean los dispositivos o Internet, ¿cambió el proceso de producción de la escritura? Más allá de la difusión, que se vio facilitada.
-Creo que el principal cambio es la capacidad de prestar atención a lo que uno está haciendo. La multitarea que permiten estos dispositivos es obstaculizadora y hace que se pierda capacidad de concentración. Después, hay algo de la materialidad y del objeto papel y lapicera que al menos yo no puedo dejar, porque estuvieron presentes en mis años de formación. Hay algo que se procesa y vivencia en la manuscritura que no está cuando uso una computadora o una tablet. Soy de la época en la que se decía “pasalo a computadora”. El pasarlo era que se había “recibido” el texto, que ya estaba corregido. Puede pasar que al escribir directamente en la computadora y que se vea tan parecido a lo que después va a salir en un libro, cueste pensar que eso en realidad es solo un borrador, y que le falta muchísimo. Por eso prefiero primero el papel.

-Sobre la posibilidad de terminar de escribir algo y poder compartirlo en las redes sociales con cientos de personas ¿qué opinás?
-Puede ser un poco peligroso, porque no hay una reflexión, todo es inmediato. Hay algo de querer completar porque la pantalla está en blanco. A veces los espacios no hay que ocuparlos con nada, es mejor pensar si hay algo para decir. Eso no pasa solo con las redes sociales, también sucede con algunos libros publicados que en realidad no deberían haber salido porque no hay corrección suficiente. Hay personas que sacan un libro por año y yo pienso: “Hay que tener cosas para decir de un año al otro”. Esa impulsividad me da bastante vértigo, creo que hay mucha exposición, especialmente de la vida personal. No es nada original lo que digo, pero a mí me da pudor ver cómo algunos hacen terapia por Facebook. Todo se banaliza mucho.

-Hiciste referencia a autores muy prolíferos, ¿vos te considerás más cauta a la hora de publicar?
-Aunque no me gusta tanto la palabra cauta (risas), sí. Cuando llevás publicada una determinada cantidad de libros, la vara tiene que subir o al menos mantenerse en cierto nivel. En mi caso, trato de que siempre sea mejor, aunque después eso depende del lector. Los libros no son una sumatoria de textos que se juntaron entre el último libro y uno nuevo; conviene pensarlos con una noción de totalidad, un eje, un tono. Considero que sé esperar el momento adecuado, y si por varios años no aparece algo en forma de libro, prefiero no sacar nada.

-En Ahora se puede ver eso que decías, de ser racional a la hora de encarar un libro y también la influencia de diferentes estilos. ¿Fue una intención deliberada mostrar esa amplitud?
-Me di la licencia de no hacerlo tan compacto a nivel estilo porque me parecía que reflejaba este momento, donde aparecen distintas voces. Se podría decir que es un libro desparejo en ese sentido, pero es una desprolijidad que me permití. Quería ver cómo este libro se paraba, como si fuera el cuerpo de una persona real, con sus imperfecciones.

-En estos años se dio una suerte de florecimiento de editoriales independientes, ¿cómo ves la escena?
-Me parece que se está publicando y escribiendo mucho, hay una gran variedad de talleres literarios. También hay una explosión de editoriales, de sellos que se juntan para aunar esfuerzos. Mientras más editoriales haya mejor, lo mismo con las revistas literarias. Hay una ebullición generalizada en la literatura. Esto exige un trabajo mayor de pasar el tamiz y ver con qué se queda uno.

-La sobreproducción exige más al lector, ¿no?
-Sí, en eso también las redes sociales ayudan: de alguna forma u otra, lo que uno tiene que leer, le llega. Este año, por poner un ejemplo fuera de la poesía, se habló mucho de Stoner (Fiordo, 2016), lo recomendaban autores que admiro. Lo leí y me pareció maravilloso, lloré, me reconcilió con la narrativa. Las redes son un buen termómetro, en ese sentido.

-Dentro del mundo editorial se suele decir que la “poesía no se vende”, ¿por qué creés que pasa eso?
-Se dice eso porque se compara con la narrativa que “sí se vende”, pero son dichos del mercado. Poesía y mercado muchas veces están reñidos. No tomaría esas expresiones al pie de la letra. En Del Dock, por ejemplo, hay libros de poesía que se venden mucho.

-¿Creés que hay muchos prejuicios alrededor del género?
-Hay varios prejuicios en torno a la poesía: no se entiende, es aburrida, es para un público especializado, tiene rima, habla de amor, etc. Como todo prejuicio, ayuda a defenderte y cerrarte a un fenómeno. De todas formas, la poesía no necesita de un amplio público; si buscás llegar a muchas personas, podés producir un material deglutido para que el otro lo pueda “entender”.

-Al principio de la entrevista había dicho que ibas mucho a lecturas de poesía. ¿Tenés contacto con los movimientos actuales?
-Sí, voy cuando me invitan a leer. Es una actividad agotadora por algunas cuestiones que hay que cambiar: la puntualidad, por ejemplo. Llegás a un lugar y no está ni siquiera quien lo organiza. O incluir en una misma fecha a muchos autores. Si te levantás a las 6 de la mañana, difícilmente puedas prestar atención a tres horas de poesía a la noche. Lo que digo es que conviene cuidar un poco más al invitado, pensar las cosas un poco mejor. Suena un poco de vieja (risas), pero a veces hay cierto descuido.

-¿Y conocés al movimiento del slam?
-Me contaron, nunca fui. Por lo que me contaron, no creo que vaya a ir nunca. Hablo desde el desconocimiento, pero no me entusiasmaría ir.

-Como docente de talleres literarios, ¿qué es lo más común que podés ver en escritores principiantes?
-Lo más habitual es que no haya suficiente vida vivida. Hay chicos con muy buenos estudios y que leyeron todo lo que hay que leer, pero no les pasa nada. Ahí es difícil, porque sería maleducado decir: “Andá a vivir y volvé”. Pueden producir poemas muy bien escritos, pero sin algo que los sostenga. Si yo no lo entiendo y el autor no puede explicarlo, el texto termina en un cajón. Otra cosa que pasa mucho es ver la emocionalidad pura del autor, algo que pianta lectores, genera rechazo. Hay una parte de la escritura que es puro trabajo de pensar. Y quizás no todos quieren hacer ese esfuerzo.

-¿Y qué consejos les das?
-El que todos damos, creo: leer. Lo bueno de los talleres individuales es que se puede profundizar más, obtener asesoramiento en algunas lecturas, bien direccionadas. Después lo mejor es salir a vivir, rodearte de personas que te estimulen, no envidiosas. Tener sed, curiosidad de saber lo que está pasando. Eso me hace crecer mucho cada día, tener buenos interlocutores.




Reseña por Daniel Gigena


Un frenesí vital y extenuante


Poesía. La maternidad, el padre ausente, la belleza del cuerpo masculino y el erotismo pueblan esta valiosa antología de Griselda García.



Antología esencial de la obra de Griselda García, Mi pequeño acto privado es, en palabras de la autora, “un remix creado por las manos de Alberto Cisnero”, poeta como ella y también editor de Barnacle. El volumen reúne poemas de Alucinaciones en la alfalfa, El arte de caer, La ruta de las arañas y El ojo del que mira, libros publicados entre 2000 y 2009, que en algunos casos fueron retocados –léase podados– por García. Producto de esa operación doble, Mi pequeño acto privado se puede considerar entonces un nuevo título de la autora de los relatos breves y osados de La madre del universo. La maternidad, el padre ausente, la belleza del cuerpo masculino, el erotismo y la naturaleza del deseo femenino son fuerzas recurrentes en sus poemas, que no sólo entran en tensión entre ellas sino con aquello que está fuera de la escritura: el sentido común del que la lectura quiere huir. “Un padre es mentira”, “la culpa se hunde sola”, “la belleza no tarda mucho/ en mostrar su peor cara”, se lee de un texto a otro.

Las voces de los poemas de García son, además de plurales, ubicuas en cierto humor salvaje e inesperado, que toma del mundo animal modelos y modales: “Vos, lobito mío/ sos una de las crías/ que no alcancé a devorar”. Un elenco de lobas, corderos, calandrias, la hembra del cuco e incluso una chiva expiatoria alimentan el imaginario de sangre, pelaje y semen que los poemas imponen como equivalentes de una maternidad bestial, de un frenesí vital y extenuante. En “Acto privado”, una voz (la de mami) declara: “Ejecuto una y mil veces/ mi pequeño acto privado”. Ni tan pequeño ni tan privado, el acto de poesía de García expresa lo inexpresable: “No intento entender: estoy en el lugar”.

Muy pronto quedan atrás las paradojas en verso de los primeros libros y comienzan a aparecer en los poemas los juegos fónicos que adensan significados: aliteraciones, cortes de versos diáfanos (“las fiestas han pasado, nos dejaron”), cambios bruscos de ritmo que se acoplan a los contrastes de sentido: “Recuerda, cuerda/ el cazador se volvió presa/ y la presa eternidad”. Los textos de Mi pequeño acto privado resisten, además del paso del tiempo, una lectura en voz alta. ¿Cómo rechazan el drama, dominio pegajoso de la poesía contemporánea? “Conservar la alegría tal vez sea mi mayor logro.”

Daniel Gigena



Entrevista GG por Iván Wielikosielek


Foto: Malena Q


Griselda García: “Corregir poesía es un métier de amor”

Miércoles, 4 de mayo de 2016 

Desde hace un año la escritora porteña Griselda García dirige la colección lírica en Ediciones del Dock de Buenos Aires. Tras participar del último Festival Internacional de Poesía de Córdoba habló de lo que significa olvidarse de sus propios versos para ejercer un oficio que combina el rigor crítico con la percepción estética


Entrevista por Iván Wielikosielek... acá



Entrevista GG por Marcelo Dughetti


En “Me contó el viejo Antonio”, periódico mensual editado por la Biblioteca Popular y Espacio Cultural “Somos Viento” de San Francisco, Córdoba, Argentina. Número 21, julio 2015.


1) ¿Cuáles son tus dioses tutelares al momento de escribir y de leer?
Ezra Pound, en especial. 

2) ¿Además de la maravilla del encuentro y de la celebración del sexo, veo en tu poesía, el cuerpo, como una zona de combate ¿es así? ¿Qué lugar ocupa el cuerpo en tu poesía?
El cuerpo ocupa un lugar muy importante en la poesía que me gusta leer. Al modo de Emily Dickinson, me pregunto si el poema que leo, que escribo, está vivo. En ese espacio puede haber de todo: encuentro, desencuentro, combate, paz, celebración y agonía.

3) En la poesía, los padres y la infancia son un vino preferido por los borrachos de la lírica ¿Cómo entra tu padre en las Alucinaciones en la alfalfa?
Creo que el padre, la madre, la familia, no se pueden evitar como temas, y menos al comienzo. Si el influjo es demasiado fuerte, conviene caer en él. Y, en lo posible, intentar hacer un papel digno.
En Alucinaciones en la alfalfa, el padre es ése que muere y te abandona. Cuando ese escribí ese libro tenía 20 años y estudiaba teatro. Uno de los poemas decía “cómo me hubiera gustado que me vieras”, idea habitual cuando una se encuentra en determinados momentos de la vida, “pero por qué tuviste que morirte”, la pasada de factura al más allá. En ese momento no sabía que adonde fue el viejo no llega la correspondencia. 

4) Si tuvieras que elegir un libro de poesía que te acompaña desde que comenzaste a desandar este camino ¿cuál sería? ¿Qué de ese libro aún te sigue asombrando?
Elegiría La tierra baldía, de T.S. Eliot. Lo que más me interesó siempre era que no lo entendía. 
Pero, ¿hay algo que entender en un poema? Las primeras veces que lo leí, fue más bien una búsqueda ansiosa de hallar un sentido. No sabía que después iba a disfrutar el no comprender. No entendía qué era lo que me inquietaba tanto. Me maravillaba y horrorizaba a la vez.
Te mostraré el miedo en un puñado de polvo: en aquella época, era algo de todos los días. Vivía en un barrio peligroso donde la muerte era palpable. Mi abuela era Madame Sosostris: En estos tiempos hay que tener mucho cuidado. Yo caminaba de casa al trabajo rodeada de muertos vivos: No creí que la muerte hubiera deshecho a tantos. Sabía que algo andaba mal, ¿pero qué? Lo único que podía hacer era leer y escribir. Mientras tanto, esperaba que el cuerpo de mi padre empezara a dar flores, o al menos hojas. Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,/ ¿ha empezado a retoñar? ¿Florecerá este año?/ ¿O la escarcha repentina le ha estropeado el lecho? Con las relecturas algo de toda esa mezcla de memoria y deseo se fue sedimentando. Aun así el poema resplandece, más y más cada vez.
Mi semejante, mi hermano: el final, Baudelaire de la mano de Eliot, me enseñó que el poeta que no piensa en los lectores está destinado a no tenerlos.

5) ¿Puede el poema sostener cierta relación con el fuego que lo origina luego de constantes correcciones? ¿Dónde hay que parar?
Hay que parar cuando en lugar de podar una rama seca cortamos una rama viva, cuya savia mana en un llanto vegetal. Si tiene algo que decir, el fuego del poema refulge más con cada corrección. 

6) En Alucinaciones en la alfalfa y otros poemas, tu libro publicado en Canadá, tu traductor Hazelton te define como poeta vanguardista ¿Estás de acuerdo? ¿En qué frontera se mueve tu poesía?
El que escribe nunca piensa en esos términos sobre sí mismo. Son análisis que hacen los críticos. 

7) Barthes decía “Si estoy sano no tengo ganas de escribir; si estoy loco no tengo la capacidad”. ¿Se puede escribir desde la felicidad? ¿Es necesario indefectiblemente un estado de neurosis o de insatisfacción?
Se puede escribir desde la felicidad, sí, pero desde la comodidad, no creo. Si estás muy cómodo no vas a escribir. Somos neuróticos, en el mejor de los casos, y a lo sumo lo que logramos es negociar con nuestra neurosis. Yo le charlo, un solito poema así déjame escribir, uno solito y chau. Siempre está ahí, agazapada, esperando darte un coletazo. Hay que estar atentos. 

9) Tenés un libro muy bueno de cuentos ¿en qué lugar ubicarías tu deseo en relación a escribir poesía o narrativa? ¿creés que la narrativa es un intento de más rigor que el poema?
Un escritor escribe, ese es su oficio. En mi caso, coincide con mi deseo. Ayer el texto de la parte trasera del champú, hoy un poema, mañana un cuento, pasado un menú… 
La narrativa no tiene mayor rigor que la poesía, pero sí tiene que dar menos explicaciones al mercado. Es muy común que alguien le pregunte a un poeta cuándo va a publicar una novela. Como diciendo: “a ver si te dejás de joder con los poemitas”.

9) ¿Cuál es el principal error que comete un poeta que comienza a escribir?
Creer que lo que lo conmueve a él, va a conmover a un lector. 
Quedarse en la anécdota. 

10) ¿En qué proyectos estás trabajando?
Siempre estoy en varias cosas a la vez, principalmente escribir, leer, hacer cortometrajes y editar libros.

Entrevista GG por Rolando Revagliatti

Entre-vista en tramos-e, realizada por Rolando Revagliatti


Entrevista GG por Rolando Revagliatti


1 — Entiendo que tus primeros tres libros, publicados en 1998 y 1999, antes de que nos conociéramos, Griselda, titulados Hermanas ninfas, Sandra, Todo es extraño a mis ojos, de narrativa, han quedado excluidos de tu bibliografía. ¿Algo de ellos integra el volumen La madre del universo? ¿Cómo recordás aquellos años de producción, tu adolescencia narradora? ¿Que pantallazo nos proporcionarías de tu niñez?


GG — No menciono mis primeras novelas cortas porque las considero ejercicios. En ese momento me invitaban a publicar mis textos en internet y tenía que poner algo en el curriculum porque si no quedaba muy vacío, como me decían los editores. Es imposible escribir algo rescatable a los 20 años, salvo que seas Rimbaud (no es mi caso). De “Sandra” rescaté un fragmento que se transformó en el cuento “La ley”, incluido en La madre del universo. Pero como novelas no tienen valor. Me las autopublicaba en ediciones artesanales que imprimía en mi trabajo. Gasté muchas resmas y tinta, una forma menor del hurto. 


(¿Más? Acá)

Entrevista GG por Sigfrido Quiróz





Griselda García, Buenos Aires (1979)

Publicó los libros de poesía Alucinaciones en la alfalfa (2000), El arte de caer (2001), La ruta de las arañas (Ediciones del Dock, 2005) y El ojo del que mira (La Carta de Oliver, 2009). Co-dirigió la editorial de poesía La Carta de Oliver. Fue secretaria de redacción de la revista de poesía La Guacha. En la actualidad se dedica al dictado de talleres literarios de escritura creativa, narrativa y poesía. En el taller de clínica de obra ayuda a otros escritores a armar y ordenar el material para publicar sus libros. Lleva traducida gran parte de la obra de la escritora ANNE SEXTON. Su libro Alucinaciones en la alfalfa ha sido traducido y publicado al inglés por la editorial canadiense Wolsak and Wynn.








No soy original si digo que la femineidad impregna tu obra, algo que en realidad no es tan común en esta época de cierto intelectualismo literario. ¿Esto forma parte de una estrategia que te planteás al escribir, usándolo como vehículo de un mensaje? ¿No pensás que podría ser una concesión?
No me doy cuenta de que la femineidad impregna mi obra. Esa mirada está construida por el lector, a quien agradezco porque de alguna manera me aviva: "estás hablando de esto". Busco hablarle a un lector con mis textos y a su vez necesito que él me hable a mí. Cuando eso ocurre el efecto es de sorpresa, de encuentro y de celebración. Gracias a esas lecturas me doy cuenta de que hay un halo de femineidad. Tal vez sin darme cuenta algunos libros denotan parte de un recorrido junto a la pregunta ¿qué es ser una mujer? 


Estás hablando de un "feedback" con los lectores (y digamos la crítica). Uno piensa que, al menos en parte, la respuesta a las preguntas de un escritor están dadas desde el lugar del lector. ¿Será que en la actualidad se puede reponer la afirmación (que hicieron Hume y Macedonio Fernandez, por citar dos) "ningún hombre sabe quién es" y encontrarle una respuesta aceptable? ¿Crees que es importante para tu obra encontrar una "respuesta"?
Creo que uno escribe para pensar-se y responder-se algunas cosas. El lector completa o da otro tipo de respuesta. Creo que un hombre sabe quién es, lo que no puede es explicarlo. 


¿Qué recordás primero si uno te pregunta acerca de tu infancia?
Cuando era muy chica estaba cagando en una pelela en la terraza de casa. Mi abuela tendía las sábanas recién lavadas al sol. En un descuido suyo tomé mi mierda y pinté las sábanas. No recuerdo el momento sino que lo sé porque lo contaba una tía como una de esas anécdotas avergonzantes que circulan en toda familia.


Ya entonces lo tuyo era ser original. Digamos que parece una metàfora de rebeldia sobre el discurso establecido y hablando de eso, sabemos que no te simpatizan mucho las reuniones de lectura de poemas. ¿ Cómo te parece que se puede difundir poesìa entre la gente ?
Creo que la clave puede estar en el modo de transmitirla. Si alguien te hace entrar a un poema con pasión, con intensidad, vas a tomarle cariño al género. Todo el que se suba un escenario a leer debería practicar antes en su casa, leer en voz alta sus poemas, pedirle ayuda a algún amigo. Las lecturas son aburridas porque muchos no se preocupan por darle tonalidad a la voz, jugar con los matices, los silencios. Las veces que fui a ver poesía performática, de escritores extranjeros de visita en nuestro país, el público quedó helado, no sabían si aplaudir o irse. Es necesario explorar nuevas formas. El pecado mortal en arte es aburrir.


Existe como un mito sobre el "ser poeta". ¿Es real eso? ¿Es el poeta un ser diferente en algún aspecto? ¿Cuál es tu vivencia?
Creo que existe un mito también sobre el ser albañil o secretaria. Como decía Lowry, el deseo de escribir es una enfermedad como cualquier otra. Todos somos diferentes. Escribir también es un trabajo pero mi amigo que es obrero de la construcción no opina lo mismo. Las variantes del mito de "ser poeta" son veleidades burguesas que pocos pueden permitirse.


Escuchándote, uno va descubriendo una versión menos "poética" de los poetas pero también más cercana a la gente. Y la verdad que los poetas empiezan su oficio imitando a otras personas. ¿Hubo alguien en tu infancia que te inspiró? ¿Algún familiar que actuó como modelo?
Lo más cercano a un modelo a seguir fue mi papá, a quien le gustaba mucho leer. Cuando murió, muy joven, leí sus libros para intentar conocerlo más. Todos eran sobre la Segunda Guerra Mundial. Una Navidad escuchaba los tiros afuera, el barrio era peligroso, y yo adentro leyendo esos libros terribles. De él conservo una receta copiada con prolija letra imprenta en una hoja cuadriculada. Es de mousse de chocolate.


En este caso, la biblioteca heredada cumplió, o mejor dicho complementó una función hereditaria. ¿Tu papá marcaba los libros? ¿Vos los marcás?
En general no marco los libros y él tampoco lo hacía. La excepción son algunos con los que trabajo y necesito ubicar con rapidez un dato o párrafo.
Cuando alguien me presta un libro subrayado siento como si entrara en su intimidad; por qué decidió destacar algo y no otra cosa. Esa lectura extra literaria puede transformarse en un fin en sí mismo.


Y hablando de bibliotecas. ¿Cuáles son tus influencias literarias? ¿Cuál es tu contexto literario?
Leo de todo, sin dejar géneros afuera. Lo último que me entusiasmó fue Sandor Marai. Pasados los primeros fulgores del encuentro con un autor nuevo queda esa reposada calma que da la literatura. Volví a sentirme acompañada por un libro, algo que hacía mucho no me pasaba.


Gracias por tu tiempo y para terminar quiero que elijas UNA PALABRA y nos digas POR QUÉ la elegís.
AMOR. Porque es lo que todos necesitamos.




DIJO LA LOBA 


Vos, lobito mío, 
sos una de las crías 
que no alcancé a devorar 
(¿me sacaste el hambre 
o llegaste cuando estaba saciada?) 

Ya sabés erizar el pelaje 
más tarde te enseñaré 
a orientarte en el bosque 
a esperar el momento 
de distracción de la presa 

Vos, lobito mío, 
disfrutá las caricias 
aprendé a ignorar las uñas 

Ahora te nutro 
tu avidez rodea el pezón cargado 
te hartás de dulce de leche 
muerta también seré tu alimento. 

Seremos, en el final 
carne vuelta a la carne.


Entrevista GG por Valeria Tentoni

“Busco que la poesía tenga un pie en la tierra y otro en el cielo”.-



Dedicada a la edición y los talleres literarios, la autora recuerda su primer poema, que escribió a los 13 años a un admirador heavy metal, revela su inquietud por acercar la literatura a un público amplio y asegura que la poesía tiende al ghetto: “Si vas a un ciclo de lecturas, terminás odiando el género. No hay un mínimo concepto de show”, reclama.

Por Valeria Tentoni


Buenos Aires, septiembre 10 (Agencia NAN-2009).- “Me encanta la foto de esta nota. No como las neosuicidas que mandan los escritores, con cara de estreñimiento”, le dice Agencia NAN a Griselda García, vía mensaje de Facebook. “Ay, obvio. ¡Por favor! ¡Mátense y punto!”, responde, jocosa. La poeta no se conforma con escribir bien: va al gimnasio, sonríe, se pone linda, es coqueta y femenina. Y no son notas de cotidianeidad o de color para un artículo literario. Hablan de una actitud ante la existencia del literato, una purga de poses y esnobismos. En la misma sintonía, si se le pregunta por sus influencias, responde: “Desde la leyenda del envase del shampoo, hasta autores que queda bien nombrar en las encuestas”. Una rareza adorable, tan liviana y segura, la señorita García.

“Escribí mi primer poema a los 13 años en un shopping de Liniers. Había unos chicos heavy metal que se juntaban a escuchar música en una de esas máquinas de discos. Uno de ellos me recitó un poema y al tiempo escribí uno y se lo regalé. El era más oscuro que la noche y hablaba de muerte. Supongo que ahí comenzó mi mala puntería con los hombres”, estima. “Mis padres me compraban muchos libros cuando era chica, en especial los de la colección Elige tu propia aventura. Luego mi padre murió y heredé su biblioteca llena de libros sobre la Segunda Guerra Mundial. Me acerqué a los libros para acercarme a él”.

García asegura haberse corrido del yo que “todo lo puebla” en las primeras escrituras. “Al principio, los fulgores de la juventud me llevaron a shockear con determinadas temáticas. Pero más tarde preferí provocar un efecto estético a través de símbolos y guiños”, recurso que induce carcajadas cómplices en quien la lee o escucha. Y tiene que ver con el concepto artístico de la autora: “La idea fue siempre acercar la poesía a la gente. Al principio lo logré desacartonando el lenguaje y hablando con palabras sencillas. Creo que la poesía tiende al ghetto, en parte debido a la actitud de algunos poetas. Basta con ir a un ciclo de lecturas y escuchar durante cinco minutos: terminás odiando la poesía. Es muy aburrido, no hay un mínimo concepto de show, de espectáculo”, asegura.

La poeta trabajó como secretaria de redacción en la revista cultural La Guacha y, actualmente, es editora en Ediciones La Carta de Oliver. Por ello y su sed natural de lectora, muchos textos pasaron por sus manos: “Busco que un poema me vuele la cabeza. Quiero no entender, al menos no desde lo racional, en una primera lectura. Luego, que tenga un pie en la tierra y otro en el cielo, el equilibrio entre el delirio y lo prosaico. Intento evaluar si el material responde o no a cierta moda del momento o si por el contrario, no hay voces similares entre lo que se edita. Si éste último es el caso... ¡se imprime!”, cuenta, enérgica.

La suya es una literatura femenina en la extensión más alejada de la idea de Susanita que pueda pensarse. “Fui preguntándome, a lo largo de los años, qué es ser mujer. Los poemas tal vez fueron ensayos de respuestas”, señala. “Escribo desde mí, no creo que exista otra forma. Ahora bien, existe esta discusión sobre el yo del autor y el yo poético, que es habitual escuchar en algunos ámbitos eruditos. Pero el límite de exposición tiene que ver con la dignidad y el respeto a mí misma”.

Sobre Alucinaciones en la alfalfa (2000), uno de sus poemarios, la autora admite que fue escrito en una época signada por el uso de drogas. “El título del libro surgió por algo que leí: los niños que jugaban en los campos de alfalfa durante el día, sufrían alucinaciones por la noche debido a la presencia de alcaloides en dicha hierba. Y para escribir poesía a veces hay que desenfocar la visión del ojo de la mente”, confiesa.

A la par de su trabajo como editora, García brinda un taller literario: “Es una actividad que me apasiona. Un día sin alumnos tiene menos sentido. Pienso en ellos durante la semana y los acompaño cuando no tenemos clases”, dice. Soledad Castresana (Carneada) es una de sus alumnas: una autora de poesía que también es toda una extrañeza. Quizás por eso en común son amigas.

Entre otros libros, García tiene publicados El arte de caer (Alicia Gallegos, 2001), La ruta de las arañas (Editorial del Dock, 2005) y El ojo del que mira (La Carta de Oliver, 2009). En su literatura se cifra aquello de la desfachatez, del juego y de la seducción. Todas las temáticas que aborda están signadas por un halo de femineidad que García ostenta sin tapujos ni disculpas.


Entrevista GG por Iván Wielikosielek


Diario Puntal, Villa María, Córdoba, Argentina.

Griselda García: "Lo peor que puede hacer un escritor del interior es querer pertenecer a Capital"

Con sólo 29 años lleva publicados tres poemarios, trabajó en la revista "La Guacha" y tradujo escritoras norteamericanas. Habló de sus textos, de la puja Interior-Capital y de la "tinellización" de la poesía moderna. 


Año 2001. Un siglo cruento acaba de irrumpir en las grandes ciudades y en adelante la miseria planetaria será parte indisoluble del paisaje. En la Buenos Aires globalizada de aquellos días era común ver en una misma vereda a familias enteras de cartoneros plegando desperdicios y a yuppies cerrando transacciones por platinados celulares. A chicos revolviendo desperdicios de un Mc Donalds mientras familias enteras salen de esos mismos shoppings con trajes, paquetes y sonrisas Beverly Hills. A peruanos entregando un "free pass" para un prostíbulo de Retiro a los muchachos que llegan del interior con sus bolsos de pobres buscando trabajo. Y también es común ver a prostitutas quinceañeras con sus "macrós" tomando licuados junto a teenagers del secundario en un mismo bar del centro; ese bar al que asisten los turistas proxenetas y que, con sus propuestas, no hacen otra cosa que arrancar sonrisas adolescentes. 
En ese año 2001, en la mesa de uno de esos bares, una jovencísima poeta de 21 años escribía versos y esa poeta se llamaba (y se llama) Griselda García. Y aunque su voz se fue depurando desde la violencia punk hacia la serenidad zen, sus versos no perdieron, con el paso de los años, ni calidad ni contundencia. 


-Por cierto, no tiene pelos en la lengua para las escenas eróticas ¿Es una marca generacional o es su sello personal?
Pasa como las modelos que se ponen en bolas, se hacen famosas por sus cuerpos y después quieren ser reconocidas por su talento. Te puedo decir que en mis poemas, ese hablar sin vueltas de la sexualidad corresponde a una etapa pasada. Parezco una abuela, pero bueno. Es un tema como cualquier otro, su tratamiento se va agotando y da paso a otros intereses. Como por ejemplo el tejido y la costura… Ja ja ja.


Griselda García publicaba, por aquellas épocas sus primeros tres poemarios: Alucinaciones en la alfalfa (2000), El arte de caer (2001), y La ruta de las arañas (2005), traducía poetas norteamericanas (Anne Sexton, Sylvia Plath) al español y colaboraba en las más importantes revistas de poesía de la Argentina. 


La secretaria de "La Guacha"
-¿Cómo es trabajar en una revista de poesía de un país en donde se lee cada vez menos?
Desde "La Guacha", la idea fue siempre "acercar la poesía a la gente". Esto, lamentablemente al principio, se hizo a costa de bajar el nivel del lenguaje. Pero creo que sirvió para los propósitos de inserción que toda revista desea en sus primeros años de vida. La publicación fue levantando la puntería con el tiempo en aspectos como diseño, poetas entrevistados e ilustraciones. Hoy, "La Guacha" es un referente, en especial por su llegada a casi todo el país. Contribuyó en gran medida a desacartonar la crítica literaria y bajarla del absurdo pedestal en el que muchos siguen colocándola con sus palabritas pretenciosas y citas a filósofos franceses. Eso ya fue. 

-¿Es necesario "chabonizar" la poesía para llegar a la gente? 
No, porque no todas las expresiones artísticas son para todo el mundo. Las personas que se acerquen a determinado lenguaje es porque se sienten atraídas, justamente, por esa propuesta. Es un poco sospechosa la idea de escribir poemas para toooodo el mundo. 


La trabajadora empresarial
-Sin embargo, no era gracias a la escritura de poesía ni de crítica literaria en suplementos nacionales como se ganaba la vida...
Trabajé nueve años en una empresa que no tenía nada que ver con el arte ni la literatura; mucho menos con la poesía. Después de tantas horas de laburo tan alienante, no me quedaban ganas de nada. Entraba todos los días a las 7 de la mañana, y por suerte tenía dos horas hasta que empezaran a llegar otras personas. Esas dos horas me salvaron de la locura. 

-¿Y qué hacía en esas dos horas?
Leía en Internet, mandaba mails, imprimía mis ediciones caseras de libros. Pero en un momento, ese trabajo me empezó a asfixiar. Estaba marchitándome. No escribía. Era una ratita corriendo en su rueda creyendo que el aserrín era el único verde posible. Al no arriesgar, no me elevaba más allá de lo animal. 

-Adivino que fue al psicólogo...
Sí, tengo algunos años de terapia encima (un saludito a mi analista). Además, trabajando de algo horrible, alimentaba esa figura enferma de la poeta torturada. Resulta que en febrero de este año, me empezaron obligar a hacer más tareas. 

-¿Cómo es eso?
Un día, mi jefa me llamó a reunión para presionarme a solas. Todos mis compañeros ya habían cedido. Como yo persistía en mi negativa, ella dijo: "Un soldado va a la guerra y no piensa, mata". Le dejo a cada uno la interpretación de la metáfora. Renuncié a ese laburo un día de sol brillante y cielo turquesa. 

-¿Y cómo le fue?
Desde ese momento, mi vida se expandió y enriqueció. Cuento esto por si a alguien le sirve. Quiero decir que se puede: que cuando uno da el salto, aparece la red. 

-¿Y cómo se gana la vida en este momento?
Estoy llevando adelante un servicio de corrección, traducciones y charlas sobre literatura. Doy un taller de escritura virtual y otro presencial, donde ayudo a poetas a corregir, editar y difundir sus libros. 

-Ya que trabaja ayudando a poetas jóvenes y desconocidos, ¿cómo vio la luz un día esa joven poeta desconocida llamada Griselda García?
Empecé a escribir a los 13 años. Aún recuerdo mi primer poema, oscuro y rabioso. Esa necesidad de shockear de la que hablábamos antes, creo que en un principio está bueno. Hay que hacer ruido. Uno es pendejo y quiere hacer quilombo. No hay que pedir permiso para entrar a la poesía, hay que irrumpir. Pero es cierto que una vez pasados los fuegos artificiales, una busca calentarse con un buen fuego fragante y duradero.


El rock y la ciudad
-En su poesía hay mucha observación social y urbana, algo que no es muy habitual en la escritura femenina ¿Qué peso tiene la ciudad en sus versos?
Soy de ciudad, sí. El campo es lindo un rato. Me encanta salir a caminar y conocer nuevos barrios. A veces camino con un amigo. Es como una danza porque no jode y acompaña bien. Si no, sola. De la observación de la ciudad y sus habitantes van saliendo sensaciones que después se arman en un poema. Para qué racionalizar más, es eso. 

-¿Y el rock? Uno se imagina que muchos de sus poemas podrían ser recopilados en una antología del punk nacional...
Gracias, lo tomo como un elogio. Como muchas personas de mi edad, crecí leyendo los libritos de los CDs y escuchando la Rock´n Pop. También leyendo revistas viejas que canjeaba en Parque Rivadavia y yendo a recitales en sótanos. Algo de todo eso se debe haber filtrado en los textos, seguro. 


Qué escriben las poetas porteñas
-¿Qué están escribiendo en Buenos Aires las mujeres de su generación?
Sólo puedo hablar de lo que me llega a las manos. Me resulta un poco penoso referirme a esto porque puteo mucho cuando leo. Encuentro la poesía de muchas mujeres olvidable. En algunas hay un volver a temáticas tradicionalmente consideradas como "de mujeres" -hijos, hogar- que me provoca fastidio. Esto es muy subjetivo, claramente. Pero en arte, aburrir es un pecado mortal. 

-Como lectora de revistas nacionales ¿qué puede decir de la poesía argentina joven de la actualidad?
Creo que hay una tinellización de la poesía que se observa en muchos chicos y chicas. Yo también pasé por un momento de querer shockear y escandalizar. Son etapas. Después, uno crece. Corrige más. Sabe que del ridículo no se vuelve fácil. Además, si a los 40 escribís como a los 20, algún problema tenés. 

-O hace 20 años que se están teniendo problemas...
Claro... Igual, creo que el problema no es escribir cagadas, sino publicarlas. Escribir, podés escribir todo lo que quieras, pero antes de publicar mostrale tus poemas a alguien cuya opinión literaria respetes. ¡Volvamos, por favor, a la figura de los sabios de la tribu! 

-¿Usted tuvo "sabios de la tribu" a quienes consultar?
Yo tuve varios: Juana Bignozzi, Mario Trejo, Marcos Silber, María Teresa Andruetto, Roberto Malatesta. Y otros que seguro me olvido ("de las listas lo único que se nota son las omisiones", decía Borges).


Baires Town versus el Far West del Interior
-En la eterna disputa Buenos Aires versus Interior ¿quién gana la pelea? 
Si tuviéramos que pensar en un "ganador", sería Buenos Aires, pero… ¿ganador de qué? Esta puja Interior-Capital es histórica y tiene ribetes socioeconómicos cuyos detalles no conozco a fondo. También habría que pensar si la poesía "del interior" nos puede decir algo a nosotros, bichos de ciudad, y al revés. Creo que una de las peores cosas que puede hacer un escritor del interior es querer "pertenecer".

-¿Se refiere a "querer pertenecer" al staff de Capital?
Sí, a eso. No digo que ese escritor no difunda su material y no quiera ser reconocido. Hablo de poner la mirada en Buenos Aires (Capital Federal, mejor dicho) como si fuera la meca del arte y la cultura. Igual, los sueños y objetivos son ultra personales y válidos. Si tu deseo como poeta del interior es que te publique Ñ… buenísimo, es válido. Pero además hay otras cosas.

-Quizás el blog ayude un poco a federalizar la escritura nacional. ¿Encuentra buena poesía en los blogs hoy por hoy?
Hay de todo, como en botica. Hay muchos blogs boludos que no lee nadie, y otros muy buenos que sí contribuyen a hacer conocer nuevos autores, clásicos, contemporáneos, muertos y vivos. Cada vez hay más blogs, flogs, redes sociales, pero cada vez estamos más solos. El día que se corta la luz te querés matar, no tenés más amigos...



Iván Wielikosielek