Charles Bukowski | Chicas tranquilas y limpias con vestidos a cuadros



Charles Bukowski | chicas tranquilas y limpias con vestidos a cuadros


todas las que conocí son putas, ex prostitutas,
locas. veo hombres con mujeres
tranquilas y amables, los veo en supermercados,
los veo caminando por la calle juntos,
los veo en sus departamentos: gente en
paz, viviendo juntos. sé que su
paz es solo parcial, pero hay
paz, a menudo horas y días de paz.

todas las que conocí son adictas a las pastillas, alcohólicas,
putas, ex prostitutas, locas.

cuando una se va
llega otra,
peor que su predecesora.

veo tantos hombres con chicas tranquilas con
vestidos a cuadros
chicas sin caras lobunas ni
depredadoras.

“no traigan una puta nunca más”, les digo a mis
pocos amigos, “me voy a enamorar”.
necesito una buena mujer. necesito una buena mujer
más de lo que necesito esta máquina de escribir, más de lo que
necesito mi automóvil, más de lo que necesito a
Mozart; necesito tanto una buena mujer que
la puedo saborear en el aire, puedo sentirla
en la punta de mis dedos, puedo ver veredas hechas
para que sus pies las pisen,
puedo ver almohadas para su cabeza,
puedo sentir mi carcajada que espera,
puedo verla acariciando a un gato,
puedo verla durmiendo,
puedo ver sus pantuflas en el piso.

sé que existe
pero ¿dónde está ella en esta tierra
mientras las putas siguen llegando?




quiet clean girls in gingham dresses

all I've ever known are whores, ex-prostitutes,
madwomen. I see men with quiet,
gentle women, I see them in the supermarkets,
I see them walking down the streets together,
I see them in their apartments: people at
peace, living together. I know that their
peace is only partial, but there is
peace, often hours and days of peace.

all I've ever known are pill freaks, alcoholics,
whores, ex-prostitutes, madwomen.

when one leaves
another arrives
worse than her predecessor.

I see so many men with quiet clean girls in
gingham dresses
girls with faces that are not wolverine or
predatory.

"don't ever bring a whore around," I tell my
few friends, "I'll fall in love with her."
I need a good woman. I need a good woman
more than I need this typewriter, more than
I need my automobile, more than I need
Mozart; I need a good woman so badly that I
can taste her in the air, I can feel her
at my fingertips, I can see sidewalks built
for her feet to walk upon,
I can see pillows for her head,
I can feel my waiting laughter,
I can see her petting a cat,
I can see her sleeping,
I can see her slippers on the floor.

I know that she exists
but where is she upon this earth
as the whores keep finding me?


Charles Bukowski (Andernach, 1920 - Los Ángeles, 1994). Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente. 

Héctor Ñaupari, Golpeas tu cabello mojado en mis mejillas...


Foto tomada de aquí


Golpeas tu cabello mojado en mis mejillas
lentamente te sientas en mi entrepierna
me haces tuyo.

No sé que decir, sólo veo tu rostro endurecerse, saboreo tu lengua
de extremo a extremo como una fruta fresca para calmar esta imperdonable sed de ti.

Como ahora que me ciñes en tu inquietud descalza,
eres la pera dulce que voy devorando en su humedad perfecta,
entonces soy un verso en tus labios.

Me dices:
"Eres un lobo sorteando las estepas escapando de insomnes
cazadores. Ahora vienes hacia mi, tu madriguera indemne y cálida".

Ese verso define mi vida descubriéndola ante ti.
Isabel,
me haces tuyo.

Tus manos son cuchillas cortando suavemente mi piel
posas tus labios en mis heridas febriles
bebes te alimentas de mí
mi carne de deshace en tu boca.

Ahora en el amor tu gemido repetible
es una canción que crea para sí misma sus notas
como luz solar el mediodía, y que se parece a la mirada de la noche
despojada de estrellas.

Me haces tuyo.


Héctor Ñaupari (Lima, 1972). 

Poema gentileza de mi amigo Michael Jiménez

Horacio Fiebelkorn | Cuando llega la muerta

Foto: Marilina Calos


Horacio Fiebelkorn | Cuando llega la muerta


Cuando llega la muerta
el aire es una venda que me tapa la boca.

Todo se vuelve morado, el mínimo ruido
repite su señal y se fija en el centro: más fría
es la pared que toco, más floja
es la sangre.

"Azafrán, un kilo de harina,
almidón Colman, y no te olvides
del dulce de membrillo", dice, con su voz
de encierro. Cuando llega
corro en busca de un crimen
que justifique esta condena.


Cuando llega la muerta el viento
trae hacia mí a todos los suicidas, y soy
un hijo del cero, la mitad de un labio,
la pregunta.


Horacio Fiebelkorn (La Plata, 1958), Elegías. Ediciones al Margen. La Plata. 2009

César Vallejo | Traspié entre dos estrellas



César Vallejo | Traspié entre dos estrellas



¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.
 

¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!

¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!

¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez; amado sea
el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas,
el que lleva reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!

¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!

¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!



César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938), Poemas humanos, Losada, Buenos Aires, 1961.

Tomi Kontio | Aunque te vayas, no desaparecés...




Tomi Kontio | Aunque te vayas, no desaparecés...


Aunque te vayas, no desaparecés,
el sol no está más lejos que la mandarina olvidada en la mesa,
ni tampoco el lápiz que se aferra a tu nombre
                  se mueve de su pedestal.
Me convertí en niño de vuelta,
dejé caer mi ceguera como un pañuelo por la ventana
y vi que no cae,
que el universo no se expande,
que entre las estrellas no hay distancia,
que los vivos no están más cerca que los muertos,
que la Tierra no es redonda
                   y que todo está
en un solo punto: donde el carbón se convierte
en diamante, el sufrimiento en palabra.

 
Tomi Kontio (Finlandia, 1966) Anobium Pertinax. Black & Vermelho. Buenos Aires. 2006. Traducción: Lumi Eronen y Cristian De Nápoli.

Craig Czury | La cocina de resolución de conflictos



Craig Czury | La cocina de resolución de conflictos
[traducción: Griselda García]


Mi madre y yo seguimos discutiendo
(a pesar de que murió hace muchos años) sobre la cantidad de veces
que me echó contra la cantidad de veces que me escapé.

My mother and I have a running argument
(even though she`s been dead many years) about the number of times
she threw me out against the number of times I ran away.

*


Entre donde vivo y donde me siento vivo, la historia ya está ahí,

sólo tengo que configurar las palabras.
  
Between where I live and where I feel alive the story`s already there, 
I just have to configure the words.

*


¿Me pueden ejecutar, por favor?, el dicho más famoso de mi hermana

cuando quiere levantarse de la mesa.
No recuerdo que comiera alguna vez, pero todas las noches
ambos podíamos ser ejecutados
tan pronto como termináramos todo lo que había en nuestros platos
y ellos encendieran la mecha.

May I please be executed? My sister's most famous saying

when she wants to leave the table.
I don't remember her ever eating, but every night we may both be executed
as soon as we finish everything on our plates and they fire up.


Craig Czury (Pensilvania, 1951), Kitchen of conflict resolution. FootHills Publishing. New York. 2009. Traducción: Griselda García.



N.B.: Esta traducción, como todas las de mi autoría en este sitio, está en constante revisión. 

Carlos Drummond de Andrade | Descubrimiento



Carlos Drummond de Andrade | Descubrimiento


El diente muerde la fruta envenenada
la fruta muerde el diente envenenado
el veneno muerde la fruta y muerde el diente
el diente, mordiéndose, ya descubre
la deliciosísima pulpa de la nada.


Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902 - Río de Janeiro, 1987), Lección de cosas, 1962. Sin datos de la traducción.

Gonzalo Millán | Tu quebrado vidrio roto


Gonzalo Millán | Tu quebrado vidrio roto


Tu sangre se seca en mi vientre
como una mancha de óxido
y entre tus piernas partidas
se pega el dolor del lacre.
La almohada moja mi mejilla
con tus lágrimas,
y seguimos aguardando mudos,
entre encajes y sedas arrugadas,
el silencio del muerto
o el grito del recién nacido.


Gonzalo Millán (Santiago de Chile, 1947- 2006)

Rocío Silva Santisteban | Tiempos de carencia



Rocío Silva Santisteban


Tiempos de carencia


Domingo. Despierto con el ruido del mar

golpeando la pared del acantilado
tengo el libro de Eliot sobre las piernas
al frente, en la cuna, la niña infla los cachetes y parece
que va a pronunciar la magnífica palabra.

Pero sólo gime y solloza. La llamo por su nombre

ella restriega sus ojos con las manos regordetas
y desde mis piernas la extraña sonrisa de Mr. Thomas Stearn
es una censura, una amenaza


la niña lanza un grito
aprieta los dientes, las encías enrojecen
y yo apaciblemente sentada sobre una manta
me convierto en la voyeur de ese placer.


Puja, hija mía, puja
esperemos con los dedos entrelazados
la sentencia.

Mr. Thomas Stearn partido en dos por la solapa del libro

me mira fijamente
el iris claro típico de los perversos
y la sonrisa de los bancarios, agestada.


Dime algo, por qué no me dices nada. Habla

y sigue pujando hasta que puedas contar

tus excrementos o tus muertos
no se sabe cuántos son ya, mantienen
un sabor misterioso que sólo se siente
en el fondo del paladar.

Las plazas se llenan de visiones y de sombras, ojeras

tras ojeras en las colas por un kilo de azúcar
una miga de pan.

Todos estamos aquí con nuestras manos lacradas.


Extiende una vez más esas manos. Implora. Reza.


Yo abro las piernas y dejo

que él fornique sobre mí como un cerdo
como un cerdo rosado
-frota tu sucio placer, ¡frótamelo!-
por un kilo de azúcar
una lata de leche.


Puja, hija mía, puja
es lo único que me interesa, eso
y rayar esta hoja en blanco
el olor de amoníaco en la batea
y la mitad de un pollo muerto.




Rocío Silva Santisteban (Lima, Perú, 1963), Las hijas del terror. Copé. Perú. 2007.

Dios creó al hombre y Neruda calló a la mujer, por Griselda García


Imagen: Artchive.com




Dios creó al hombre y Neruda calló a la mujer


por Griselda García
en Revista La Guacha, Año 7, N° 20, Buenos Aires, 2004.

¿Qué más se puede decir sobre Veinte poemas de amor y una canción desesperada? Esta obra lleva ochenta años aportando a la educación sentimental de millones de lectores. Muchos lo leímos por primera vez en la escuela secundaria, idolatrado como el poeta que le cantó al amor. Claro que también te daban a Bécquer, así que era para desconfiar.


Cuando volvés a leerlo con la mirada enriquecida por otros autores, esos poemas que una vez copiaste en un cuaderno suenan cursis, gastados. Pablo Neruda tenía 20 años cuando escribió ese libro; su experiencia vital era la de un adolescente. Al ser publicado fue un éxito de ventas y se volvió masivo. Qué es lo que lo hizo tan leído (se lo encuentra en las góndolas del supermercado) y por qué los lectores lo prefirieron antes que otras obras del autor son cuestiones para pensar un rato largo. Pero voy a tratar de contarte cómo veo que configuró este hombre la figura de la mujer. Es un libro "de amor", lo dice el título. Algunos críticos dicen que Neruda logra romper con el amor idealizado que se expresa sólo en palabras y lo hace carne. ¿Lo logra? 


“Me gusta cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”. Me vas a decir que en 1924 era distinto, pero puedo imaginarme algunas chicas malvadas chilenas de aquella época leyendo y riéndose a carcajadas. Mujeres frígidas inspiran poemas gélidos. Una mujer salida del mutismo, gritando ("chillonerías de comadrita", decía Jorge L. Borges refiriéndose a Alfonsi Storni) y sobre todo presente, no ausente, hubiera formado un Neruda muy diferente. Una mujer muda a quien ninguna voz toca no es precisamente una invitación al éxtasis. A él le gustaban muertitas. Veamos algunos versos: “Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega” (poema 1). La mujer que "entrega" su cuerpo como una Madre Natura. “Escuchas otras voces en mi voz dolorida./ Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas./ Ámame compañera. No me abandones. Sígueme.” (poema 5). El quiebre con el Modernismo se inaugura con un llamado a una mujer madre o enfermera, nunca amante. “Absorta, pálida doliente…” y, más adelante: “Muda, mi amiga…” (Número 2). “En torno a ti estoy viendo tu cintura de niebla/ y tu silencio acosa mis horas perseguidas” y “¡Ah, silenciosa…!” (poema 3). ¿Por qué Neruda calló a la mujer? 


En el poema 15: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. / Parece que los ojos se te hubieran volado/ y parece que un beso te cerrara la boca”. Acá podés suspirar profundo, enamorarte, sentir que caen pétalos de rosas sobre tu cabeza de novia. O pensás: “Me quiere muda en el primer verso, sorda en el segundo, ciega en el tercero, y muda otra vez en el cuarto…” y huís despavorida. ¿Qué pensás de un poeta que llama al sexo “cópula”?: “Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo/ en que nos anudamos y nos desesperamos.” Por favor, salvame de los eufemismos.


La configuración de la figura femenina en este libro (mujer muda, ciega, sorda, receptora, ausente y frígida) impactó con fuerza en sus lectores que al comprar y volverlo best seller, perpetuaron el estereotipo. El yo lírico se presenta como capaz de captar la esencia de las cosas, dios que insufla vida en los cuerpos feminertes que lo esperan con sus blancas colinas dispuestas. Demasiado bebé como para traspasar a una mujer con sus palabras, Neruda se escribió a sí mismo veinte poemas de bálsamo para su melancolía coronados por la canción desesperada final.



Griselda García



Se permite la reproducción de este trabajo citando la fuente y esta dirección: http://griseldagarcia.blogspot.com

Sergio Rigazio | Pan con pan comida de zonzo

Foto tomada de aquí


Sergio Rigazio | Pan con pan comida de zonzo


El tipo dice que en estos días no conviene comprar
ni zapallitos ni chauchas ni tomates.
Yo estoy comprando, precisamente,
un kilo y medio
de eso que no se debería comprar hoy.
Zapallitos a tres pesos.
Por el sólo hecho de comprar zapallitos
puedo considerarme un estúpido.
Lo que se dice un estúpido hecho y derecho.
El tipo me explica:
"la cosecha de zapallitos fue un fracaso
en el Norte",
y yo le creo.
Le pago los tres pesos
y me voy con los zapallitos sobrevaluados.
Camino a casa voy pensando,
es probable que me hayan estafado.
Aunque es probable que con mis tres pesos
haya reafirmado
algo así como la costumbre de fracasar.
De algún modo colaboré con el fracaso
del prójimo,
un pobre tipo que fracasó
en la cosecha de zapallitos,
en alguna parte, en algún lugar,
seguramente más al norte de donde yo mismo
he ido acostumbrándome al fracaso
de todo el mundo.



Sergio Rigazio (Buenos Aires, 1957)

Cristian De Nápoli | El local

Foto tomada de aquí


Cristian De Nápoli | El local


estaba hecho un basurero
cuando le pusimos el epígrafe:
acá se va a servir el mejor mezcla,
el que no se puede graduar;
por eso, lo de mejor al carajo, el único.
trajimos gente de la tele
para que dejen sus vasos a medias,
políticos, para que ni lo toquen,
que lo dejen calentar.
comimos algo y bailamos (éramos los menos).
la música, por ahora, también al carajo.
a las dos horas empezamos
a juntar colores,
a hablar la jerga, pero una jerga sin fondo,
jerga agujero.
en un momento dejamos de saludar,
ya no mirábamos doble, cerramos la barra.
los regalos, también al carajo. Estaba listo.
el último de ellos que se fue, un gordo duhaldista, 
miraba la olla que ya empezaba a abrirse en vasos ya.
yo estaba en la duda, me lo bajo o no de un golpe.
cuchicheamos con la gente, como hace ciento
cincuenta años, es pueta,
y otra vez no me cagaron a palos.


Cristian de Nápoli (Buenos Aires, 1972), Límite Bailable. Ed. Astier. 1999.