Dios creó al hombre y Neruda calló a la mujer, por Griselda García


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Dios creó al hombre y Neruda calló a la mujer


por Griselda García
en Revista La Guacha, Año 7, N° 20, Buenos Aires, 2004.

¿Qué más se puede decir sobre Veinte poemas de amor y una canción desesperada? Esta obra lleva ochenta años aportando a la educación sentimental de millones de lectores. Muchos lo leímos por primera vez en la escuela secundaria, idolatrado como el poeta que le cantó al amor. Claro que también te daban a Bécquer, así que era para desconfiar.


Cuando volvés a leerlo con la mirada enriquecida por otros autores, esos poemas que una vez copiaste en un cuaderno suenan cursis, gastados. Pablo Neruda tenía 20 años cuando escribió ese libro; su experiencia vital era la de un adolescente. Al ser publicado fue un éxito de ventas y se volvió masivo. Qué es lo que lo hizo tan leído (se lo encuentra en las góndolas del supermercado) y por qué los lectores lo prefirieron antes que otras obras del autor son cuestiones para pensar un rato largo. Pero voy a tratar de contarte cómo veo que configuró este hombre la figura de la mujer. Es un libro "de amor", lo dice el título. Algunos críticos dicen que Neruda logra romper con el amor idealizado que se expresa sólo en palabras y lo hace carne. ¿Lo logra? 


“Me gusta cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”. Me vas a decir que en 1924 era distinto, pero puedo imaginarme algunas chicas malvadas chilenas de aquella época leyendo y riéndose a carcajadas. Mujeres frígidas inspiran poemas gélidos. Una mujer salida del mutismo, gritando ("chillonerías de comadrita", decía Jorge L. Borges refiriéndose a Alfonsi Storni) y sobre todo presente, no ausente, hubiera formado un Neruda muy diferente. Una mujer muda a quien ninguna voz toca no es precisamente una invitación al éxtasis. A él le gustaban muertitas. Veamos algunos versos: “Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega” (poema 1). La mujer que "entrega" su cuerpo como una Madre Natura. “Escuchas otras voces en mi voz dolorida./ Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas./ Ámame compañera. No me abandones. Sígueme.” (poema 5). El quiebre con el Modernismo se inaugura con un llamado a una mujer madre o enfermera, nunca amante. “Absorta, pálida doliente…” y, más adelante: “Muda, mi amiga…” (Número 2). “En torno a ti estoy viendo tu cintura de niebla/ y tu silencio acosa mis horas perseguidas” y “¡Ah, silenciosa…!” (poema 3). ¿Por qué Neruda calló a la mujer? 


En el poema 15: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. / Parece que los ojos se te hubieran volado/ y parece que un beso te cerrara la boca”. Acá podés suspirar profundo, enamorarte, sentir que caen pétalos de rosas sobre tu cabeza de novia. O pensás: “Me quiere muda en el primer verso, sorda en el segundo, ciega en el tercero, y muda otra vez en el cuarto…” y huís despavorida. ¿Qué pensás de un poeta que llama al sexo “cópula”?: “Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo/ en que nos anudamos y nos desesperamos.” Por favor, salvame de los eufemismos.


La configuración de la figura femenina en este libro (mujer muda, ciega, sorda, receptora, ausente y frígida) impactó con fuerza en sus lectores que al comprar y volverlo best seller, perpetuaron el estereotipo. El yo lírico se presenta como capaz de captar la esencia de las cosas, dios que insufla vida en los cuerpos feminertes que lo esperan con sus blancas colinas dispuestas. Demasiado bebé como para traspasar a una mujer con sus palabras, Neruda se escribió a sí mismo veinte poemas de bálsamo para su melancolía coronados por la canción desesperada final.



Griselda García



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