XXIII.
Parece que lloverá en el paraíso. La luna se encuentra debajo de sus pies y sobre su cabeza conviven estrellas.
Es la imagen hecha mujer. ¿Será Ella la que dará la muerte?
Si alguno tiene oído, oiga los lamentos, relámpagos y voces de su cuerpo y a la bestia que penetra su nube de cartapesta en Ella. ¿Podrá sostenerse de pie?
La tierra entonces abrió su boca y dijo: “Toma y cómelo, te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel”
¿De dónde ha venido? Revienta de inquietud sus labios. La visión desvanece.
Todo vino por un hombre, por la creación y el pecado. ¿No es un poco ella como vos y como yo?
Espero que disfruten de la función. Debe continuar.
El tiempo tiene miedo. Le duele la vida tanto.
Ella baja el interruptor. Enrolla su cuello con un cable mientras llueve un mar verde. La imaginación circunda por su mente de celofán.
De fondo, la música viste de azul. Los cocodrilos se alimentan de la luna. Los pájaros se transforman en sirenas. Y Ella en humana. Sus manos huelen a flores y a sueños abiertos. Su misión está dentro de sus nervios.
Sólo un nombre y partir.
Ivana Mele (Buenos Aires, 1986), Y así después amar, inédito, 2009.
Héctor R. Cuenya | Santa Venus
Héctor R. Cuenya | Santa Venus
que a las 20 y 25 del 26/07/1952
año de nuestro libertador
nadie entre a ninguna inmortalidad
que nadie tenga velorio que dure 15 días
que no exista una imponente cola de cuadras y cuadras
por avenida de mayo para verte por última vez
en la capilla ardiente del consejo deliberante
doñas arrodilladas rezando el rosario
que no te embalsamen
hada rubia
vivirás en el corazón de los humildes
que gente hecha de mierda
no escriba
viva el cáncer
que las necrológicas no estén preparadas
con un mes de anticipación
que no sepamos que la magia termina
Héctor Ramón Cuenya (Río Gallegos, Argentina, 1963), Gore. Disponible aquí.
Kerouac & Ginsberg | Una traducción del francés de Jean-Louis Incogniteau
Kerouac & Ginsberg | Una traducción del francés de Jean-Louis Incogniteau
(Kerouac traducido al inglés por Ginsberg)
Mi amada que no quiere amarme:
mi vida que no puede amarme:
las seduzco a ambas.
Ella con mis besos redondos…
(en la sonrisa de mi amada la aprobación del cosmos)
la vida es mi arte…
(escudo frente a la muerte)
así vivo sin castigos.
(¡Qué infeliz teodicea!)
Uno no sabe—
uno desea—
lo que es la suma.
(Kerouac traducido al inglés por Ginsberg)
Mi amada que no quiere amarme:
mi vida que no puede amarme:
las seduzco a ambas.
Ella con mis besos redondos…
(en la sonrisa de mi amada la aprobación del cosmos)
la vida es mi arte…
(escudo frente a la muerte)
así vivo sin castigos.
(¡Qué infeliz teodicea!)
Uno no sabe—
uno desea—
lo que es la suma.
1945
A TRANSLATION FROM THE FRENCH OF JEAN-LOUIS INCOGNITEAU
My beloved who wills not to love me:/ My life which cannot love me:/ I seduce both.// She with my round kisses…/ (In the smile of my beloved the approbation of the cosmos)/ Life is my art…/ (Shield before death)/ Thus without sanction I live./ (What unhappy theodicy!)// One knows not-/ One desires-/ Which is the sum.
Jack Kerouac (Lowell, Massachusetts, 1922 - Florida, 1969) Poemas dispersos. Visor. Madrid.
Dorilda Pereyra, Estoy en esta casa...
Dorilda Pereyra, Estoy en esta casa...
Estoy en esta casa
y espero ver ensancharse las paredes
escuchar las voces que antes la habitaron,
refrescar las nostalgias.
Miro caer la lluvia
la lluvia tan esperada de octubre,
ese sonido
sobre el techo
los surcos que dibuja sobre la tierra.
Veo caer la lluvia de entonces
cuando arrojaba barcos de papel
que el río de la calle se llevaba lejos,
y yo sentía que faltaba tanto, tanto,
para ser grande y partir.
Dorilda Pereyra (Córdoba, 1932), Veinte Gansos, Babel editorial, 2009.
Germán Arens, Espárragos

Los espárragos más tiernos
crecían a ambos lados
de un desagüe
que habitaban
desde los inicios
de la colonización
las ranas y los mosquitos.
Los buscábamos por debajo
de la sombra
de algún sauce llorador
en los veranos del setenta.
Una vez encontramos
un paquete envuelto
en papel de diario.
Estaba lleno de balas.
Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Pueblada, Ediciones En Danza, 2008.
John Keats | A una dama vista por un momento en Vauxhall
John Keats | A una dama vista por un momento en Vauxhall
El mar del tiempo ha estado cinco años en marea baja,
horas largas han permitido a la arena deslizarse
desde que me enredé en la telaraña de tu belleza,
capturado por tu mano desnuda de su guante.
Y sin embargo, nunca miro el cielo a medianoche
sin contemplar tus ojos a la luz de la memoria;
nunca puedo mirar los tintes de la rosa
sin que mi alma vuele a tu mejilla.
No puedo mirar ninguna flor naciente
sin que mi oído amante, imaginando tus labios
y atento a una palabra de amor, devore
su dulzura en otro sentido: tú eclipsas
todo deleite con un recuerdo dulce
y traes pena a mis preciados gozos.
To a lady seen for a few moments at Vauxhall
Time´s sea hath been five years t its slow ebb,/ long hours have to and fro let creep the sand,/ since I was tangled in thy beauty´s web,/ and snared by the ungloving of thine hand.// And yet I never look on midnight sky,/ but I behold thine eyes´ well memory´d light;/ I cannot look upon the rose´s dye,/ but to thy cheek my soul doth take its flight.// I cannot look on any budding flower,/ but my fond ear, in fancy at thy lips/ and hearkening for a love-sound, doth devour/ its sweets in the wrong sense: -thou dost eclipse// every delight with sweet remembering,/ and grief unto my darling joys dost bring.
John Keats (Londres, 1795- Roma, 1821). La poesía de la tierra. Odas y sonetos. Traducción de Ana Bravo y Javier Adúriz. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2003.
Entrevista GG por Valeria Tentoni
“Busco que la poesía tenga un pie en la tierra y otro en el cielo”.-
Dedicada a la edición y los talleres literarios, la autora recuerda su primer poema, que escribió a los 13 años a un admirador heavy metal, revela su inquietud por acercar la literatura a un público amplio y asegura que la poesía tiende al ghetto: “Si vas a un ciclo de lecturas, terminás odiando el género. No hay un mínimo concepto de show”, reclama.
Por Valeria Tentoni
Buenos Aires, septiembre 10 (Agencia NAN-2009).- “Me encanta la foto de esta nota. No como las neosuicidas que mandan los escritores, con cara de estreñimiento”, le dice Agencia NAN a Griselda García, vía mensaje de Facebook. “Ay, obvio. ¡Por favor! ¡Mátense y punto!”, responde, jocosa. La poeta no se conforma con escribir bien: va al gimnasio, sonríe, se pone linda, es coqueta y femenina. Y no son notas de cotidianeidad o de color para un artículo literario. Hablan de una actitud ante la existencia del literato, una purga de poses y esnobismos. En la misma sintonía, si se le pregunta por sus influencias, responde: “Desde la leyenda del envase del shampoo, hasta autores que queda bien nombrar en las encuestas”. Una rareza adorable, tan liviana y segura, la señorita García.
“Escribí mi primer poema a los 13 años en un shopping de Liniers. Había unos chicos heavy metal que se juntaban a escuchar música en una de esas máquinas de discos. Uno de ellos me recitó un poema y al tiempo escribí uno y se lo regalé. El era más oscuro que la noche y hablaba de muerte. Supongo que ahí comenzó mi mala puntería con los hombres”, estima. “Mis padres me compraban muchos libros cuando era chica, en especial los de la colección Elige tu propia aventura. Luego mi padre murió y heredé su biblioteca llena de libros sobre la Segunda Guerra Mundial. Me acerqué a los libros para acercarme a él”.
García asegura haberse corrido del yo que “todo lo puebla” en las primeras escrituras. “Al principio, los fulgores de la juventud me llevaron a shockear con determinadas temáticas. Pero más tarde preferí provocar un efecto estético a través de símbolos y guiños”, recurso que induce carcajadas cómplices en quien la lee o escucha. Y tiene que ver con el concepto artístico de la autora: “La idea fue siempre acercar la poesía a la gente. Al principio lo logré desacartonando el lenguaje y hablando con palabras sencillas. Creo que la poesía tiende al ghetto, en parte debido a la actitud de algunos poetas. Basta con ir a un ciclo de lecturas y escuchar durante cinco minutos: terminás odiando la poesía. Es muy aburrido, no hay un mínimo concepto de show, de espectáculo”, asegura.
La poeta trabajó como secretaria de redacción en la revista cultural La Guacha y, actualmente, es editora en Ediciones La Carta de Oliver. Por ello y su sed natural de lectora, muchos textos pasaron por sus manos: “Busco que un poema me vuele la cabeza. Quiero no entender, al menos no desde lo racional, en una primera lectura. Luego, que tenga un pie en la tierra y otro en el cielo, el equilibrio entre el delirio y lo prosaico. Intento evaluar si el material responde o no a cierta moda del momento o si por el contrario, no hay voces similares entre lo que se edita. Si éste último es el caso... ¡se imprime!”, cuenta, enérgica.
La suya es una literatura femenina en la extensión más alejada de la idea de Susanita que pueda pensarse. “Fui preguntándome, a lo largo de los años, qué es ser mujer. Los poemas tal vez fueron ensayos de respuestas”, señala. “Escribo desde mí, no creo que exista otra forma. Ahora bien, existe esta discusión sobre el yo del autor y el yo poético, que es habitual escuchar en algunos ámbitos eruditos. Pero el límite de exposición tiene que ver con la dignidad y el respeto a mí misma”.
Sobre Alucinaciones en la alfalfa (2000), uno de sus poemarios, la autora admite que fue escrito en una época signada por el uso de drogas. “El título del libro surgió por algo que leí: los niños que jugaban en los campos de alfalfa durante el día, sufrían alucinaciones por la noche debido a la presencia de alcaloides en dicha hierba. Y para escribir poesía a veces hay que desenfocar la visión del ojo de la mente”, confiesa.
A la par de su trabajo como editora, García brinda un taller literario: “Es una actividad que me apasiona. Un día sin alumnos tiene menos sentido. Pienso en ellos durante la semana y los acompaño cuando no tenemos clases”, dice. Soledad Castresana (Carneada) es una de sus alumnas: una autora de poesía que también es toda una extrañeza. Quizás por eso en común son amigas.
Entre otros libros, García tiene publicados El arte de caer (Alicia Gallegos, 2001), La ruta de las arañas (Editorial del Dock, 2005) y El ojo del que mira (La Carta de Oliver, 2009). En su literatura se cifra aquello de la desfachatez, del juego y de la seducción. Todas las temáticas que aborda están signadas por un halo de femineidad que García ostenta sin tapujos ni disculpas.
Julio Huasi | Increíble de la sierva
Julio Huasi | Increíble de la sierva
le regalé mi enagua con ojos de buey
le di a mi niño para que la colme de huesos
puse con dolor mis caniches en su catre
le dejé lavar lo que a nadie dejaría ver
autoricé su mano en mis cristales mis jarrones
la liberé de novios lunas rosas amigas pájaros
la rescaté del hambre los cardos el rocío salvaje
y ahora me mira furiosa, toda roja,
se queda acostada, lo más feliz, abierta,
le hablo y es como si pasaran mil barcos,
cómo goza la loca, el cabello sobre el rostro.
Y ahora tendré que hacerlo todo yo
porque a la negra inmunda se le ocurre
arrojarse por los balcones sin permiso.
Julio Huasi (Buenos Aires, 1935-1987). Los increíbles. Ediciones reunidas ultimátum. Buenos Aires. 1965.
David Mayor, Vivisección y taxidermia
Empezaste a frecuentar los prostíbulos
para que las putas llenaran tu corazón de manoseados halagos.
Y aunque tus amores también son amores inauditos
nunca tuviste una amante judía que te besara los nervios
ni conociste a meretrices mulatas que entendieran tu pánico
a la soledad de ser hombre sin la humanidad necesaria,
que compartieran esa afición tuya a deambular
por la ciudad agarrotada que te ha tocado en suerte.
Sin embargo, insistes en la impostada compañía;
son calles apartadas que te sirven de cobijo
cuando la ligereza definitivamente ha sido clausurada
y nadie te da otra noticia que malos pespuntes.
Acaso porque prometan con quirúrgico tino lo que sirve:
adecéntate con lo que tengas, aun con lo que no,
pero no rumies más, no hartes al que te huye
porque no quiere detenerse a saborear lo tuyo;
hay que salvarse como sea del olvido, entérate
de una vez, que el amor no es cierto si nadie te ama
pero existen maquillajes excelentes, un mullido
que da el pego y ojos que incluso miran.
David Mayor (Zaragoza, 1972), Veinticinco poetas españoles jóvenes. Antología, Hiperión, 2003.
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