Daniel Freidemberg | Puntos sólidos



Daniel Freidemberg | Puntos sólidos


No estamos de acuerdo, eso está bien
No nos importa estar de acuerdo
"Ese es todo un acuerdo" dije
en el espacio lento que juntaban
unas pocas palabras
Todo es tan claro, entonces, cuando
toco apenas tu mejilla
tranquila y pálida en la luz
Se nubla un poco la mañana
pero el sol
sigue en tus ojos, como cuando
bajás la taza y sonreís
como brindando por
las buenas cosas aún posibles




Daniel Freidemberg (Chaco, Argentina, 1945), Diario en la crisis. Libros de Tierra Firme. Buenos Aires. 1989.

Emiliano Bustos | Fundar



Emiliano Bustos | Fundar



Toda lentitud en mi vida fue crucial.
Yo hice de la lentitud para hablar,
morder, mirar
y amar,
un pequeño bastión de largas galerías
iluminadas por mi mirada.
Una torre de habitaciones abiertas
con cortinas de pulpa de manzana.
Mis cíclicas construcciones de arquero.
Como una funda.
Fundar en mi otra vida dos palideces:
la una, la de la luna,
la otra, la del sudario.


 
Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972), Trizas al cielo. Ediciones de Tierra Firme. Buenos Aires. 1997.

Jorge Rivelli | Philip K. Dick



Jorge Rivelli | Philip K. Dick



"sueñan los androides con corderos eléctricos"
y no te vi brillar en la nebulosa bonaerense
ni una luz de almacén o vela en un plato de loza
¿se llevaron también la energía eléctrica?
sueño que hubo un chip que iluminaba mi cordero
en la pampa esa del ombú y argentina ¿sabés?
¡pará de vomitar el dogui!... ya nada es nuestro
sueño que hubo sueño que hubo o sólo hubo
una forma de país con poetas y corderos
cayendo en la última página de una historia oficial
y ahora no puedo ver más que mis hermanos
androides soñando con corderos eléctricos
¡no llores más ese aceite que mata la silicona!
no llores más... es una acción repetitiva de humanos
frágiles corruptos saltando de mentira en mentira
para dejar sin alma a un pedazo de tierra negra
¡cheeee!... da vuelta la página... esto siempre lo vivimos
blanco blanco blanco
pronto estarán las mariposas de parto ¿pronto estarán?
cavando las venas secas de los próximos ancestros
esos que fugaron a la eternidad y siempre padecimos
¡torcé el pescuezo felipe!     estamos en el infierno
una y otra vez androides dormidos nos hablan del muerto
del carajo globalizado que sabe de todo menos de todos
y seguimos comiendo los ásperos fármacos
para seguir soñando con intrépidos androides
en cáscaras de corderos

 
Jorge Rivelli (Buenos Aires, 1954), Matambre. Papeltinta ediciones. Buenos Aires. 2004.

Claudia Elisabet Sastre | Furiosito


Claudia Elisabet Sastre | Furiosito


Hay "poemitas"
por decirlo así
con muchas "comillitas"
poemitas gerundiosos
que me enfurecen.
Eunuquitos.
Cuzquitos del hortelano.
Estériles caquitas de perro
que personas sin arte
sin el menor amor a la poesía
escupen al mundo
como carozos de ego
y por culpar
al lugar común de tener
un árbol, escribir un hijo
y plantar un libro
de insulsos frutos.
No han venido estos poemas
de acumulaciones adjetivas
a conmover a nadie, excepto
-ya lo he dicho-
al ego de su autor
(poeta no me animo a decirle
y de alguna manera hay que llamarlo).
Alzo mi copa y brindo´
por la libertad de expresión
y larga vida al papel
sobre el cual se han vertido
tantas vacuedades.
Brindo por el vómito
de Dylan Thomas
en su wisky número dieciocho
por los aullidos de Allen Ginsberg
y por los guturales murmullos
de Paul Celan
a punto de saltar al río Sena,
por la pájara en el ojo ajeno
de Alejandra, por las alturas
que los poetas eunuquitos no
visitarán jamás
y porque esa especie de cópula
sin placer, por la mera producción
de engendros de rosas mustias
letrados sin lenguaje
produce, cuanto menos
abortos de poesía,
y en los mejores casos,
hijos tontos.

Claudia Elisabet Sastre (La Plata, Buenos Aires, 1965).

Luis Pereira, Manual para seducir poetisas


buen intento. casi funcionó.
la escena del adiós ya cansa. la reiteración en la pantalla
de los gestos de la chica. casi obscena la emoción de los dos.
abril del año del dragón. sutiles creencias. a prueba de
pequeños sismos. los canales de tevé anuncian el fin del
romance. eso eran. un romance de
consumo
rápido.

Luis Pereira (Montevideo, Uruguay, 1956), Manual para seducir poetisas, Civiles iletrados, 2004.

Paulina Vinderman | Black Mask



Paulina Vinderman | Black Mask




En la novela negra
ella no se enamoraría del asesino,
sería la torva ingenua bailarina de cabaret
o la dulce —nada ingenua—
muñeca con ojos como ciervos, pelo
para agitar en el viento entre las acacias.

En la novela negra
no podría jamás cruzar la línea,
bajo su respiración
estarían los muros amarillos,
la seducción de un héroe al que abrazar.

Y ya no importaría la tensión del poema
o de su espalda
soportando el mundo.

En la novela negra ella no tendría esta asfixia,
este estribillo que envejece
a medida que come de su pan
y abre los brazos en la oscuridad
en un escándalo incumplido.

Si algo la habita
es la memoria de un puerto insignificante
y caluroso
donde la muerte no era un estallido
sino una conversación, una clara evidencia.

 
Paulina Vinderman (Buenos Aires, 1944), Cónsul honoraria. Vinciguerra. Buenos Aires. 2003.

Emeterio Cerro, Carnetes de Recoleta


Foto tomada de aquí


Dos angelotes siempre cocidos a ala damas sociales y desmayadas desnucan sobre negro prognato, no es desesperanza, es jolgorio prole histérica, allí a puerta quedaron travestonadas, pidiendo prójimo, siempre prolíficas. Panteón Familia José C. Paz.

Virgencita empajada tal liebre dura, Familia de Urquiza.

Hornuchos encorchados ombligo por vieja promanada bretel pretino. Flia. de Justo Saavedra y Luis Saavedra.


Al pináculo gusanillo trepante, un yuyo religioso le pendeja celebrado prestidigitador. Flia. de José Manuel Estrada.

Profunda calma príapo improvisado, campesina napoleónica con su bata popurrí apretando muslo deja volcar cuenco, sangre pop-art azulada, así vida escapa por descuido mucamo. Flia. de Manuel Alcorta.
(...)


Emeterio Cerro (Balcarce, 1952-1996), Cuervo en gomina, Ediciones de la Pampa Chata, Junín, 1996.

Silvia Castro, Antes de saber



Antes de saber
que tu fruto era comida

tu fruto fue veneno
fruto prohibido

aún temo la ira de Nguenechén

llueve sopa de piñón
pero mi boca se cierra
como el ojo que mira un secreto.


Silvia Castro (General Roca, Río Negro, 1968), La selva fría, Ediciones En Danza, 2006.

Julia Wong | El gallo rojo





Julia Wong | El gallo rojo

A Wata, in memoriam

Se muere el Perú.
Como los ajos
este albur de camisas
con maestría cortadas.
Las ventanas de fierro.
Barrocas.
Incesantes.
La pintura manchando mis ovarios.

Ahora el sushi se ha vuelto idioma
del pueblo
y mis tallarines poderosos
esperan en una olla olvidada.

Papá dijo que odiara a los japoneses
como dicen que odie a los chilenos.
Mas, de tanto amor,
no encuentro diferencias
entre el cerezo, la sakura, la flor de loto y el olivo:
Jesucristo tamiza en el Atacama
semillas de uva colorida.

Se muere el Perú, Wata,
y sólo recuerdo lo que dijiste de mi tía:
"Estaba buena tu tía Carmen,
no parecía china".
Sonreí sin ofenderme, porque en el Perú nadie
parece nada.

Había un chifa.

Tomabas sopa wantan
con tus amigos chinos,
y mientras se buscaba un emblema
que superaba el centímetro y medio
de diferencia en los párpados,
un gallo rojo
emitía un sonido más fuerte que la nada.

Se nos muere el Perú.
El canto del gallo volverá cuando vuele la piedra.



Julia Wong (Chepén, Perú, 1965), Bi-Rey-Nato, El suri porfiado, 2009. Sin datos del fotógrafo.

Alfredo Luna, Como los árboles, no podemos huir


ese tiempo, cuando tu cuerpo era
una tempestad espléndida de proezas fabulosas,
no pude resistir la tentación de mirar el universo
con ojos de árbol y nube: me colma
la embriaguez de esos días demorados.

yo, diosa en trance, persisto
implorando pan y socorro
Tú, a lo lejos, eres la parte más sombría de mi fe.

Alfredo Luna
, La mirada sonora, Ed. La palabra mágica. 2008

Marcelo Leites, Lombriz





Protegida por la oscuridad,
húmeda recorre el suelo
debajo de todas las cosas.
Ignora lo que ocurre en la tierra
y en otros planetas del espacio.
No ha visto nunca las estrellas,
ni el perro que  le orina encima.
Ciega a sus anillos no sabe
que sus túneles oxigenan
las plantas del jardín,
del asco de la nena  cuando
corta una rosa y la descubre
confundida en un pétalo caído
una noche cualquiera.
                                      Tampoco sabían los chinos
                                  que la muralla sería la única obra
                                      humana visible desde la luna,
                                  sólo supieron de las generaciones
                                  de hombres que se morían mientras
                                                 la  construían.

Los animales no necesitan
conocimientos para sobrevivir.
La lombriz tampoco.
Con el instinto le basta.
Toca con sus patas el agua
de la regadera de jardín
que una señora le arroja
desde el mundo de arriba
y se escabulle de la luz
y de las heladas.
Muere en la boca del pescado
pero se reproduce incesante:
ciega, solitaria, tenaz, 
fecunda la tierra.


Marcelo Leites
(Concordia-Entre Ríos, 1963), Resonancia de las cosas, Ediciones En Danza, 2009.

Rolando Revagliatti | Ya tengo mis años

--> Foto: Daniel Grad


Rolando Revagliatti | Ya tengo mis años


Así como
en mi
    –forzosamente–
imperfecta juventud

si estabilizaba a una dama inestable
me estabilizaba yo más que si
desestabilizaba a una dama estable

en la actualidad

si desestabilizo a una dama estable
me estabilizo yo más que si
estabilizo a una dama inestable

Perfecta
    madurez.





Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), Corona de Calor, Ediciones La luna que, 2003. Disponible aquí.