Giuseppe Ungaretti | Noche en vela




Giuseppe Ungaretti | Noche en vela
Cima Quattro, 23 de diciembre de 1915


Una noche entera
tirado al lado
de un compañero
masacrado
con su boca
rechinante
en dirección del plenilunio
con la congestión
de sus manos
penetrante
en mi silencio
he escrito
cartas llenas de amor

Nunca me he sentido
tan apegado a la vida.


Giuseppe Ungaretti (Alejandría, Egipto, 1888 - Milán, 1970), La alegría. La tierra prometida. Traducción de Oreste Frattoni. Ediciones Librería Fausto. Buenos Aires. 1974.

Griselda García | Sólo quiero tu sangre

Esta serie de poemas tuvo circulación limitada entre amigos y conocidos. A alguien le interesaron y los difundió en la web. Además, junto a Maxi Giani hicimos una performance en 2004 en La nave de los Sueños con su música y estos textos. Link para descargar gratis.

Griselda García | Sólo quiero tu sangre



I

la cuchara se hunde
en el frasco transparente
dos docenas de orejas
macerándose en quietud

agita el sedimento
enturbia la sorda
paz del almíbar.


II

la espalda es preciada
por el segmento de piel
que ofrece
un rectángulo casi perfecto

se extiende tirante
en un lugar fresco y oscuro
a salvo de los mosquitos.


III

el clítoris cede suave
a la caricia del bisturí
aséptico insecto de acero
manejado por un dios hambriento.


IV
un dedo cava feroz
y en dos movimientos
el segundo ojo
abandona su órbita
cueva acuosa que dando a luz
ha quedado ciega.

V

piano de níveas teclas
la boca,
hoy un despeñadero
de fragmentos astillados
colgando de la encía.

VI

un tirón suave
y salen intactas
yugular y carótida
rutas azulinas
finísimas naves
silenciosas reinas
de lo líquido.


VII


sierpes siempre activas
después del tajo
los intestinos prosiguen
su tarea inútil

los desechos se vuelcan
en un inusual
nacimiento fétido.

VIII

hueso tendón músculo
blanco amarillo rojo
manojos de extrañas flores
inmutable belleza
en un jardín estéril.




IX

secándose al sol
con sal gruesa y ají molido
el hueco que una vez
alojó vida
cuelga vacío como un odre viejo.

X

marmóreas
láminas calcáreas
cristales de hielo
cuentas de un collar escarchado
veinte florecillas de azúcar.

XI

la sangre es sorda
al llamado último
no acude a llenar
las cavernas diminutas

el pene aletea
una, dos veces
pájaro sin alas
cae a un costado,
su ojo ciego llorando
néctar póstumo.

XII
sacos esponjosos
casas de aire
fuelles fieles
millares de celdillas
agonizan derrotadas.


XIII

mientras el rojo
va templando el filo
ignorante de su futuro
la carne inocente
aguarda
aún viva.


XIV

cepillos pelucas almohadas
no otra cosa que hacer
con estas cabelleras
rojas negras marrones
que cuelgan ociosas en ganchos.


XV

dulce metálico y tibio,
sabor a estrellas púrpuras
destilan las muñecas.


XVI

sin coraza craneana
cisuras arenosas
maraña de cenizas
lentos gusanos grises
adentro es todo afuera. 



© Griselda García

Griselda García | El zen de los suburbios



Dojo



Bajé al valle en busca de agua.
Equivoqué el camino.
Volví a la ermita cantando.



>

Suenan truenos.
Alguien me abraza.
El cielo saca una fotografía.



>

Voy al encuentro de un cuerpo
como se entra a un templo.
Respetuosa como un huésped
me arrodillo en la ermita silenciosa.


Los volcanes debajo
escupen lava y piedras:
¿cómo no estar agradecida?



>

Bajo la luz
el cielo turquesa.
Una nube inmóvil.



>

Mínimas rocas
despeñándose
por la garganta:
el monje traga saliva



>

Konchin, sanran:
el baile de los pulgares
ha comenzado.



>

Empujar el cielo con la cabeza
el suelo con las rodillas.
Postura perfecta:

cualquiera es Buda.



>


Ni montaña, ni valle.
Las manos hablan.


>

Donde la piel
es abierta granada
herida de deseo
la pulpa titila.



>

Te ofrecí frutos
lavé tu cuerpo
cosí tu kesa.
Si no parto ahora
ya no podré hacerlo jamás.



>

Sumergís tus manos en el río.
De vergüenza la luna
cae al agua y ya no sale.



:....................:




Autopista




Acceso Oeste:
podría caminar
mil kilómetros.

/



Lejos, atrás
arrastrando las sandalias
Buda nos sigue.

/



Velada de agua
la luna sonríe.

/



En naranja y amarillo
destella en lo alto
Estación Desolación.

/



Plomo en el horizonte.
En lo de Henry
debe estar lloviendo.

/



Teros defendiendo su nido
nos cierran el paso.
Tomamos otro camino.

/



En veinte pasos
el cielo cambia
a turquesa y morado.

/



Nadie aquí,
sólo un perro
que a lo lejos
nos ladra.

/



Puente de los Corazones Solitarios.
Si alguien detuviera su auto
no dudaríamos en subir.

/



Cuidado:
hay pozos escondidos
en el césped.

/



Acceso Oeste,
música de motores.
Cierro los ojos,
creo estar en el mar.

/



Sin cesar el viento
golpea estos pinos
y ellos no se quejan.

/



¿Se queja acaso
el Piltriquiltrón, Sergio?

/



Nadie aún
salvo, recién
un escarabajo.

/



Estación Desolación:
refugio de mujeres tristes
y hombres sin corazón.

/



Cantata de grillos
en campo de fútbol
abandonado.

/



El camino nunca termina:
seguimos viaje
sin mirar atrás.








Griselda García