Griselda García | El zen de los suburbios



Dojo



Bajé al valle en busca de agua.
Equivoqué el camino.
Volví a la ermita cantando.



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Suenan truenos.
Alguien me abraza.
El cielo saca una fotografía.



>

Voy al encuentro de un cuerpo
como se entra a un templo.
Respetuosa como un huésped
me arrodillo en la ermita silenciosa.


Los volcanes debajo
escupen lava y piedras:
¿cómo no estar agradecida?



>

Bajo la luz
el cielo turquesa.
Una nube inmóvil.



>

Mínimas rocas
despeñándose
por la garganta:
el monje traga saliva



>

Konchin, sanran:
el baile de los pulgares
ha comenzado.



>

Empujar el cielo con la cabeza
el suelo con las rodillas.
Postura perfecta:

cualquiera es Buda.



>


Ni montaña, ni valle.
Las manos hablan.


>

Donde la piel
es abierta granada
herida de deseo
la pulpa titila.



>

Te ofrecí frutos
lavé tu cuerpo
cosí tu kesa.
Si no parto ahora
ya no podré hacerlo jamás.



>

Sumergís tus manos en el río.
De vergüenza la luna
cae al agua y ya no sale.



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Autopista




Acceso Oeste:
podría caminar
mil kilómetros.

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Lejos, atrás
arrastrando las sandalias
Buda nos sigue.

/



Velada de agua
la luna sonríe.

/



En naranja y amarillo
destella en lo alto
Estación Desolación.

/



Plomo en el horizonte.
En lo de Henry
debe estar lloviendo.

/



Teros defendiendo su nido
nos cierran el paso.
Tomamos otro camino.

/



En veinte pasos
el cielo cambia
a turquesa y morado.

/



Nadie aquí,
sólo un perro
que a lo lejos
nos ladra.

/



Puente de los Corazones Solitarios.
Si alguien detuviera su auto
no dudaríamos en subir.

/



Cuidado:
hay pozos escondidos
en el césped.

/



Acceso Oeste,
música de motores.
Cierro los ojos,
creo estar en el mar.

/



Sin cesar el viento
golpea estos pinos
y ellos no se quejan.

/



¿Se queja acaso
el Piltriquiltrón, Sergio?

/



Nadie aún
salvo, recién
un escarabajo.

/



Estación Desolación:
refugio de mujeres tristes
y hombres sin corazón.

/



Cantata de grillos
en campo de fútbol
abandonado.

/



El camino nunca termina:
seguimos viaje
sin mirar atrás.








Griselda García