Gregory Corso | Es desastroso ser un ciervo herido...
Gregory Corso | Es desastroso ser un ciervo herido...
Es desastroso ser un ciervo herido.
Soy el más herido, los lobos acechan
y también tengo mis fracasos.
¡Mi carne cuelga del gancho inevitable!
De chico vi muchas cosas que no quise ser.
¿Soy la persona que quise ser?
¿Aquella que se habla a sí misma?
¿Esa persona de la que los vecinos se burlan?
¿Soy el que duerme de costado en las gradas del museo?
¿Uso la ropa de un perdedor?
¿Soy un chiflado?
En la gran serenata de las cosas
¿soy el pasaje más cancelado?
Gregory Corso (Nueva York, 1930 - Minnesota, 2001).
sin datos de la traducción
Eduardo Espósito, Todo fluye
Quilombario, de Eduardo Espósito. Advertencia: ¡contiene humor! Rara avis en el ambiente de la poesía porteña donde ser torturado y maldito cotiza en alza. Aquí, un texto algo más "reflexivo":
Todo fluye
Un hombre entra en el río
dispuesto a refutar a Heráclito
Trastabilla
Pierde pie
Es arrastrado por las aguas
Otro hombre será hallado muerto
en un río al que nunca entró
mañana
Libros recibidos
Fernando Pessoa | Tabaquería (fragmento)
Fernando Pessoa | Tabaquería (fragmento)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
y hoy no hay mendigo a quien no envidie
sólo por no ser yo.
Le miro a cada uno los andrajos y las llagas
y la mentira,
y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases,
ni amases ni creyeses
(porque es posible hacer la realidad de todo eso
si hacer nada de eso):
tal vez hayas existido apenas, como un lagarto
a quien cortan la cola
y que es cola para acá del lagarto revolviéndose.
Hice de mí lo que supe,
y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí era equivocado,
me tomaron luego por quien no era y no
desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
estaba pegada a la cara.
Cuando la tiré y me vi en el espejo,
ya había envejecido, estaba ebrio, ya no
sabía vestir el disfraz que no había tirado.
Fernando Pessoa
Enrique Solinas | Bucólica
foto: Carolina García
Enrique Solinas | Bucólica
El olor de tu cuerpo, amigo mío,
me recuerda al color de la infancia.
Una pradera con demasiado sol
cuando no estoy triste,
cerca del río
en donde alguien dibuja mi ciudad.
Nada es tan importante ni inocente
como pensar en un día perfecto:
vaca y pasto,
los pájaros que nos sobrevuelan
como a San Francisco;
algunas flores,
sendero de amapolas;
el cielo quieto y azul.
como de utilería.
Sé que pronto ya no estarás aquí.
Todo es inmediato.
Sé que pronto
te ocultarás detrás del sol.
Disfrutemos ahora de este día,
que el mañana no es cierto.
Brillemos como el agua en la noche,
tan sólo para la memoria.
Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969), Noche de San Juan. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2008.
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