Charles Bukowski | La ducha



Charles Bukowski | La ducha
[traducción: Griselda García]


nos gusta ducharnos después
(a mí me gusta el agua más caliente que a ella)
y su rostro está siempre suave y calmo
y ella me lava primero a mí
me pasa jabón por los huevos
los levanta
los aprieta
después me lava la pija:
"ey, ¡esta cosa todavía está dura!"
después, todo el pelo ahí abajo,
la panza, la espalda, el cuello, las piernas
yo sonrío, sonrío, sonrío
y después la lavo a ella
primero la concha, yo
me pongo atrás de ella, mi pija en los cachetes de su culo
con suavidad le enjabono los pelos de la concha
le lavo ahí con movimientos suaves
quizás me demoro más de lo necesario
después detrás de las piernas, el culo
la espalda, el cuello, la doy vuelta, la beso
le enjabono los pechos y la panza, el cuello
las piernas por delante, los tobillos, los pies
y después la concha, una vez más, para la suerte
otro beso, y ella sale primero
se seca, a veces canta mientras yo me quedo adentro
pongo el agua más caliente
siento los buenos tiempos del milagro amoroso
después salgo
por lo general es media tarde y todo está tranquilo
y mientras nos vestimos hablamos sobre qué más
podríamos hacer
pero el estar juntos lo resuelve todo
porque mientras eso esté resuelto
en la historia de una mujer y
un hombre, es diferente para cada uno
para mí es tan espléndido como para traer
los recuerdos del dolor y la derrota y la desdicha:
cuando te lo lleves
hacelo lenta y suavemente
hacelo como si me estuviera muriendo en sueños en lugar de en
vida, amén


The Shower

we like to shower afterwards
(I like the water hotter than she)
and her face is always soft and peaceful
and she’ll watch me first
spread the soap over my balls
lift the balls
squeeze them,
then wash the cock:
“hey, this thing is still hard!”
then get all the hair down there,-
the belly, the back, the neck, the legs,
I grin grin grin,
and then I wash her. . .
first the cunt, I
stand behind her, my cock in the cheeks of her ass
I gently soap up the cunt hairs,
wash there with a soothing motion,
I linger perhaps longer than necessary,
then I get the backs of the legs, the ass,
the back, the neck, I turn her, kiss her,
soap up the breasts, get them and the belly, the neck,
the fronts of the legs, the ankles, the feet,
and then the cunt, once more, for luck. . .
another kiss, and she gets out first,
toweling, sometimes singing while I stay in
turn the water on hotter
feeling the good times of love’s miracle
I then get out. . .
it is usually mid-afternoon and quiet,
and getting dressed we talk about what else
there might be to do,
but being together solves most of it
for as long as those things stay solved
in the history of women and
man, it’s different for each-
for me, it’s splendid enough to remember
past the memories of pain and defeat and unhappiness:
when you take it away
do it slowly and easily
make it as if I were dying in my sleep instead of in
my life, amen.


Charles Bukowski (Andernach, 1920 - Los Ángeles, 1994). Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente.

Phillis Wheatley | Sobre ser traída de África a América



Phillis Wheatley | Sobre ser traída de África a América
[traducción: Griselda García]

Fue la gracia la que me trajo desde mi tierra pagana,
le enseñó a mi ignorante alma a entender
que hay un Dios, que hay un Salvador también:
una vez no he buscado ni sabía de la redención.
Algunos ven a nuestra oscura raza con desprecio,
"Su color es de un tinte diabólico".
Recuerden, cristianos, negros, negros como Caín,
podrán ser refinados y unirse al tren angélico.


On Being Brought from Africa to America

'Twas mercy brought me from my Pagan land,
Taught my benighted soul to understand
That there's a God, that there's a Saviour too:
Once I redemption neither sought nor knew.
Some view our sable race with scornful eye,
"Their colour is a diabolic die."
Remember, Christians, Negros, black as Cain,
May be refin'd, and join th' angelic train.

Phillis Wheatley (Senegal, 1753 - Boston 1784). Fue la primera escritora afroamericana en publicar un libro en Estados Unidos. Traducción: Griselda García. 

N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente.

Charles Bukowski | Lo hacés mientras matás moscas



Charles Bukowski | Lo hacés mientras matás moscas

[Traducción: Griselda García]


Bach, dije, tuvo 20 hijos
apostaba a los caballos en el día
cojía a la noche
y tomaba a la mañana
en el medio escribía música

por lo menos eso es lo que le dije
a ella cuando me preguntó:
¿en qué momento
escribís?


Charles Bukowski (Andernach, 1920 - Los Ángeles, 1994). Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente.

T.S. Eliot | La canción de amor de J. Alfred Prufrock





T.S. Eliot | La canción de amor de J. Alfred Prufrock
[Traducción: Griselda García]

S’io credesse che mia riaposta fosse 
A persona che mai tornasse al mondo, 
Questa fiamma staria senza piu scosse, 
Ma per ciocche giammai di questo fondo 
Non torno vivo alcun, s’ i’ odo il vero. 
Senza, tema o’infamia ti respondo.* 

Vayamos, entonces, vos y yo,
cuando la tarde esté extendida contra el cielo
como un paciente anestesiado en una mesa;
vayamos por ciertas calles semidesiertas,
murmurantes retiros
de noches inquietas en hoteles baratos de una noche
y restaurantes con aserrín y caparazones de ostras;
calles que siguen como una discusión tediosa,
con intención insidiosa
de llevarnos a una pregunta abrumadora…
Ay, no preguntes “¿Qué es?”
Vayamos a hacer nuestra visita.

En el salón las mujeres van y vienen
hablando de Miguel Ángel.

La niebla amarilla que frota el lomo contra las vidrieras,
el humo amarillo que frota el hocico contra las vidrieras
pasó la lengua por los rincones de la tarde,
se demoró en los charcos de los desagües,
dejó que le cayera sobre la espalda el hollín de las chimeneas,
se deslizó por la terraza, dio un salto súbito,
y, al ver que era una noche suave de octubre,
se enroscó una vez alrededor de la casa y se quedó dormido.

Y sin duda habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza por la calle
frotando el lomo contra las vidrieras;
habrá tiempo, habrá tiempo
de preparar una cara para encontrar las caras que encontremos;
habrá tiempo de asesinar y de crear,
y tiempo para todos los trabajos y los días de las manos
que levantan y dejan caer una pregunta sobre tu plato:
tiempo para vos y tiempo para mí;
y tiempo aún para cien indecisiones
y para cien visiones y revisiones
antes de tomar té y tostadas.

En el salón las mujeres van y vienen
hablando de Miguel Ángel.

Y sin duda habrá tiempo
para preguntarse: “¿Me atrevo?” y “¿Me atrevo?”
tiempo para volverse y bajar la escalera
con un punto calvo en mitad de mi pelo —
(dirán: “¡Cómo se le cae el pelo!”)
mi traje mañanero, el cuello trepado hasta el mentón,
mi corbata rica y modesta, pero asegurada por un simple alfiler —
(dirán: “¡Pero qué brazos y piernas delgados!”)
¿Me atrevo
a perturbar al universo?
En un minuto hay tiempo
para decisiones y revisiones que un minuto revertirá.

Porque ya lo he conocido todo, lo he conocido todo:
he conocido los anocheceres, las mañanas, las tardes,
he medido mi vida con cucharitas de café;
conozco las voces que mueren con un tono que muere
bajo la música que llega de un cuarto alejado.
Así que ¿cómo presumir?

Y ya he conocido los ojos, los he conocido a todos –
los ojos que nos clavan con una frase formulada,
y cuando yo esté formulado, clavado en un alfiler,
cuando esté clavado y retorciéndome en la pared,
¿cómo empezaría entonces
a escupir todas las colillas de mis días y mis modos?
¿Y cómo presumir?

Y ya he conocido los brazos, los he conocido a todos–
brazos con pulseras o blancos y desnudos
(pero, bajo la lámpara, ¡cubiertos de claro vello castaño!).
¿Es el perfume de un vestido
lo que me hace divagar así?
Brazos que descansan sobre una mesa o se envuelven en un chal.
Y entonces ¿cómo presumir?
¿Y cómo comenzar?

¿Diré que he recorrido calles angostas al atardecer
y visto el humo que sale de las pipas
de hombres solitarios en mangas de camisa, asomados a las ventanas?

Debería haber sido un par de pinzas dentadas
huyendo por el fondo de mares silenciosos.

¡Y la tarde, la noche, duerme tan apacible!
Alisada por largos dedos,
dormida… cansada… o se hace la enferma
tendida en el suelo, aquí, al lado de nosotros dos.
¿Tendré, después del té y las tortas y los helados,
el coraje de forzar el momento hasta su crisis?

Pero aunque he llorado y ayunado, llorado y rezado,
aunque he visto que traían mi cabeza (ya levemente calva) sobre una bandeja,
no soy profeta –y esto no importa mucho;
he visto vacilar el momento de mi grandeza
y he visto al eterno Lacayo sostener mi abrigo y reír con disimulo,
y, en resumen, tuve miedo.

Y hubiera valido la pena, después de todo,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre la porcelana, entre algo de charla tuya y mía,
hubiera valido la pena

dar un mordisco al asunto con una sonrisa,
hacer una bola del universo
para llevarlo rodando hacia una pregunta abrumadora,

y decir: –“Soy Lázaro, vuelto de entre los muertos,
vuelto para contarlo todo, les diré todo”–
si alguien, descansando sobre un almohadón su cabeza,
hubiera dicho: “No es eso a lo que me refería, de ningún modo,
no es eso, de ningún modo”.


¿Y hubiera valido la pena, después de todo,
hubiera valido la pena,
después de los atardeceres y los patios y las calles regadas,
después de las novelas, de las tazas de té, después de las faldas que se arrastran por el piso–
y esto, y tanto más?–
¡Es imposible decir justo lo que quiero decir!
Pero, si una linterna mágica hubiera proyectado mis nervios en un diseño sobre la pantalla:

hubiera valido la pena
si alguien, descansando sobre un almohadón o sacándose un chal
volviéndose hacia la ventana hubiera dicho:
“No es eso a lo que me refería, de ningún modo,
no es eso, de ningún modo”.

¡No! No soy el príncipe Hamlet ni estaba destinado a serlo;
soy un noble sirviente, alguien que sirve
para contribuir al progreso, iniciar una escena o dos,
aconsejar al príncipe; sin duda, una herramienta fácil,
deferente, contento de ser útil,

político, cauto y meticuloso;
lleno de frases altisonantes, pero un poquito obtuso;
a veces, por cierto, casi ridículo–
a veces, casi, el Bufón.

Envejezco... Envejezco...
Usaré enrollado el ruedo del pantalón.

¿Me parto el pelo en la parte de atrás? ¿Me atrevo a comer un durazno?
Usaré pantalones blancos de franela y caminaré por la playa.
He oído a las sirenas cantándose una a otra.

No creo que cantaran para mí.

Las he visto cabalgar hacia el mar sobre las olas,
peinando el pelo blanco de las olas revueltas
cuando el viento sopla el agua blanca y negra.
Nos hemos demorado en las cámaras del mar
junto a muchachas marinas coronadas de algas rojas y marrones
hasta que nos despiertan voces humanas, y nos ahogamos.


*Canto XXVII (61–66) de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. Traducción de autor desconocido: "Si creyera que mi respuesta fuese hecha/ a una persona que pudiera retornar al mundo,/ esta lengua estaría muy quieta./ Pero como no es posible que persona alguna abandone este pozo/ al menos no viva, diré la verdad,/ contesto sin miedo ni mentiras". 



The Love Song of J. Alfred Prufrock

S’io credesse che mia risposta fosse
A persona che mai tornasse al mondo,
Questa fiamma staria senza piu scosse.
Ma percioche giammai di questo fondo
Non torno vivo alcun, s’i’odo il vero,
Senza tema d’infamia ti rispondo. 

Let us go then, you and I,
When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherized upon a table;
Let us go, through certain half-deserted streets,
The muttering retreats
Of restless nights in one-night cheap hotels
And sawdust restaurants with oyster-shells:
Streets that follow like a tedious argument
Of insidious intent
To lead you to an overwhelming question ...
Oh, do not ask, “What is it?”
Let us go and make our visit.


In the room the women come and go
Talking of Michelangelo.

The yellow fog that rubs its back upon the window-panes,
The yellow smoke that rubs its muzzle on the window-panes,
Licked its tongue into the corners of the evening,
Lingered upon the pools that stand in drains,
Let fall upon its back the soot that falls from chimneys,
Slipped by the terrace, made a sudden leap,
And seeing that it was a soft October night,
Curled once about the house, and fell asleep.

And indeed there will be time
For the yellow smoke that slides along the street,
Rubbing its back upon the window-panes;
There will be time, there will be time
To prepare a face to meet the faces that you meet;
There will be time to murder and create,
And time for all the works and days of hands
That lift and drop a question on your plate;
Time for you and time for me,
And time yet for a hundred indecisions,
And for a hundred visions and revisions,
Before the taking of a toast and tea.

In the room the women come and go
Talking of Michelangelo.

And indeed there will be time
To wonder, “Do I dare?” and, “Do I dare?”
Time to turn back and descend the stair,
With a bald spot in the middle of my hair —
(They will say: “How his hair is growing thin!”)
My morning coat, my collar mounting firmly to the chin,
My necktie rich and modest, but asserted by a simple pin —
(They will say: “But how his arms and legs are thin!”)
Do I dare
Disturb the universe?
In a minute there is time
For decisions and revisions which a minute will reverse.

For I have known them all already, known them all:
Have known the evenings, mornings, afternoons,
I have measured out my life with coffee spoons;
I know the voices dying with a dying fall
Beneath the music from a farther room.
So how should I presume?

And I have known the eyes already, known them all—
The eyes that fix you in a formulated phrase,
And when I am formulated, sprawling on a pin,
When I am pinned and wriggling on the wall,
Then how should I begin
To spit out all the butt-ends of my days and ways?
And how should I presume?

And I have known the arms already, known them all—
Arms that are braceleted and white and bare
(But in the lamplight, downed with light brown hair!)
Is it perfume from a dress
That makes me so digress?
Arms that lie along a table, or wrap about a shawl.
And should I then presume?
And how should I begin?

Shall I say, I have gone at dusk through narrow streets
And watched the smoke that rises from the pipes
Of lonely men in shirt-sleeves, leaning out of windows? ...

I should have been a pair of ragged claws
Scuttling across the floors of silent seas.

And the afternoon, the evening, sleeps so peacefully!
Smoothed by long fingers,
Asleep ... tired ... or it malingers,
Stretched on the floor, here beside you and me.
Should I, after tea and cakes and ices,
Have the strength to force the moment to its crisis?
But though I have wept and fasted, wept and prayed,
Though I have seen my head (grown slightly bald) brought in upon a platter,
I am no prophet — and here’s no great matter;
I have seen the moment of my greatness flicker,
And I have seen the eternal Footman hold my coat, and snicker,
And in short, I was afraid.

And would it have been worth it, after all,
After the cups, the marmalade, the tea,
Among the porcelain, among some talk of you and me,
Would it have been worth while,
To have bitten off the matter with a smile,
To have squeezed the universe into a ball
To roll it towards some overwhelming question,
To say: “I am Lazarus, come from the dead,
Come back to tell you all, I shall tell you all”—
If one, settling a pillow by her head
Should say: “That is not what I meant at all;
That is not it, at all.”

And would it have been worth it, after all,
Would it have been worth while,
After the sunsets and the dooryards and the sprinkled streets,
After the novels, after the teacups, after the skirts that trail along the floor—
And this, and so much more?—
It is impossible to say just what I mean!
But as if a magic lantern threw the nerves in patterns on a screen:
Would it have been worth while
If one, settling a pillow or throwing off a shawl,
And turning toward the window, should say:
“That is not it at all,
That is not what I meant, at all.”

No! I am not Prince Hamlet, nor was meant to be;
Am an attendant lord, one that will do
To swell a progress, start a scene or two,
Advise the prince; no doubt, an easy tool,
Deferential, glad to be of use,
Politic, cautious, and meticulous;
Full of high sentence, but a bit obtuse;
At times, indeed, almost ridiculous—
Almost, at times, the Fool.

I grow old ... I grow old ...
I shall wear the bottoms of my trousers rolled.

Shall I part my hair behind? Do I dare to eat a peach?
I shall wear white flannel trousers, and walk upon the beach.
I have heard the mermaids singing, each to each.

I do not think that they will sing to me.

I have seen them riding seaward on the waves
Combing the white hair of the waves blown back
When the wind blows the water white and black.
We have lingered in the chambers of the sea
By sea-girls wreathed with seaweed red and brown
Till human voices wake us, and we drown.

T.S. Eliot (Saint Louis, 1888 - Londres, 1965). Tomado de: Poetry Foundation. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción puede variar de aquí a un tiempo. Vuelva pronto.

Club de lectura | Seda




Club de lectura

✔️¿Qué es un club de lectura?
Un club de lectura es un grupo de personas que se encuentran a pasar un tiempo agradable hablando de libros en un ambiente cálido. Es una forma de conocer autores nuevos e intercambiar opiniones con otros participantes, además de disfrutar del placer de compartir lo que nos gusta.

✔️¿Cómo funciona?
Cada uno lee el libro propuesto y luego ponemos una fecha para comentarlo. Ese día sólo leeremos ciertos pasajes para destacar o señalar alguna cuestión. Es recomendable la participación activa de cada uno, pero son bienvenidos quienes deseen acompañar en silencio.

✔️¿Qué se lee?
Vamos a leer novelas breves o cuentos (se aceptan sugerencias).

✔️¿Dónde se reúnen?
En Flores, a una cuadra de estación Carabobo subte A, Ciudad de Buenos Aires.

✔️¿Hay versión on line?
Sí, ese día será posible conectarse vía Skype.

En el primer encuentro leeremos Seda, la maravillosa novela de Alessandro Baricco. Reserva de vacante con compromiso de asistencia. Actividad gratuita para quienes estén haciendo un taller actualmente.

Robert Gurney | El pozo




Robert Gurney | El pozo

Un día
el burro de un estanciero
cerca de Choele Choel
cayó en un pozo.
Gritaba
lastimosamente
hora tras hora.
El dueño
no sabía qué hacer.
Por fin
se decidió.
El animal era viejo
y de todas formas,
el pozo debía taparse.
No valía la pena
rescatarlo.
Invitó a sus vecinos
a que le ayudaran.
Tomaron sus palas
y empezaron a llenarlo.
El burro se dio cuenta
de lo que pasaba
y rebuznaba
de una manera horrible.
Luego se calmó
lo que causó gran asombro.
Unas paladas más tarde
el estanciero
miró el pozo.
Lo que vio
lo dejó helado.
Con cada palada
que le golpeaba
la espalda
el burro se la quitaba
y daba un paso
hacia arriba.
Después de un rato
pudo salir
y trotar hacia
el río.
La vida es así.
Te amontona basura.
El secreto está
en quitársela
y usarla
como un peldaño.


Robert Gurney


Grupo de estudio 2018 | Poesía





Está abierta la inscripción para un nuevo grupo de estudio de poesía. La dinámica será similar a la de un taller donde, además de analizar los textos de los participantes, investigaremos cuestiones formales en torno a la práctica de la escritura poética. Algunos temas propuestos:

Poesía: crítica y teoría. Las operaciones de inmanencia. Especificidades formales: la construcción del "objeto-poema". El ritmo como principio constructivo del poema. Semántica imaginaria. Detalle, evidenciación y blanco o silencio. Grafía del poema en la página. Poesía y subjetividad: cuerpo, cultura, género. Poesía y mercado. Cómo la traducción evidencia la forma: Walt Whitman | T.S. Eliot | Emily Dickinson | Anne Sexton | Sylvia Plath. Poetas argentinos: Juana Bignozzi | Mario Trejo | Juan Manuel Inchauspe | Estela Figueroa | Javier Adúriz | Irene Gruss | Jorge Aulicino | María Teresa Andruetto.

Será los martes a las 18.30 en Flores, a diez cuadras de esa casa de altos estudios que se afana en formarnos, alias Puán. Sí, se enseña poesía en la universidad pública; hay algunos profesores de cuya pasión se puede aprender. Iniciamos el 7 de agosto.

Sharon Olds | Salto del ciervo


Sharon Olds | Salto del ciervo


Me encanta cuando te das vuelta
y te ponés encima mío de noche, tu peso
continuo sobre mí como toneladas de agua, mis
pulmones como una pequeña caja cerrada,
la superficie firme de tus piernas con pelos
abriendo mis piernas, mi corazón crece
hasta convertirse en un guante de box
tenso y violeta y después
a veces me encanta quedarme ahí haciendo
nada, mis poderosos brazos vencidos,
sábanas de seda flotando desde la orilla,
tu hueso púbico una pirámide
punto de apoyo de otro punto
–– radiante piedra angular. Después, en la quietud,
me encanta sentirte crecer y crecer entre
mis piernas como una planta en cámara rápida
de la misma forma en que, en el auditorio, a
oscuras, cerca del principio de nuestras vidas,
encima de nosotros, los enormes tallos y las flores
se abrían en silencio.


Para mi hija

Esa noche va a llegar. En algún lugar alguien va a
penetrarte, su cuerpo cabalgando
bajo tu cuerpo blanco, separando
tu sangre de tu piel, tus oscuros, líquidos
ojos abiertos o cerrados, el sedoso
aterciopelado pelo de tu cabeza fino
como el agua derramada de noche, los delicados
hilos entre tus piernas rizados
como puntadas desprolijas. El centro de tu cuerpo
se va a abrir, como una mujer que rompe la costura
de su pollera para poder correr. Va a pasar,
y cuando pase yo voy a estar exactamente acá
en la cama con tu padre, así como cuando vos aprendiste a leer
ibas y leías en tu habitación
mientras yo leía en la mía, versiones de la misma historia
que varían en la narración, la historia del río.

Sharon Olds (San Francisco, 1942), Salto del ciervo. Traducción: Natalia Leiderman y Patricio Foglia. Buenos Aires. 2016. Descarga gratis aquí.

Sylvia Plath | Papi



Sylvia Plath | Papi

[traducción: Griselda García]


Ya no, ya no me servís
más, zapato negro
en el que he vivido como un pie
por treinta años, pobre y blanca,
animándome apenas a respirar o hacer achís.

Papi, he tenido que matarte.
Te moriste antes de que tuviera tiempo
pesado como mármol, una bolsa llena de Dios,
pálida estatua con un dedo del pie
gris y grande como una foca de Frisco

y una cabeza donde el raro Atlántico
gotea, verde arveja sobre azul,
en las aguas de la bella Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en el pueblo polaco
pasado por el rodillo
de guerras, guerras, guerras.
Pero el nombre del pueblo es común.
Mi amigo polaco

dice que hay una docena o dos.
Así que nunca pude decir dónde
pusiste tu pie, tu raíz,
nunca pude hablarte.
La lengua se me atoraba en la mandíbula.

Se atoraba en una trampa de alambre de púa.
Ich, ich, ich, ich,
apenas podía hablar.
Creía que todo alemán eras vos.
Y el idioma obsceno

una locomotora, una locomotora
expulsándome como a una judía.
Una judía hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como judía.
Creo que bien podría ser judía.

Ni las nieves del Tirol, ni la cerveza rubia de Viena
son tan puras y verdaderas.
Con mi ancestra gitana y mi rara suerte
y mi mazo de Tarot, y mi mazo de Tarot
puedo ser un poco judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe y tu jerga.
Y tu prolijo mostacho
y tu ojo ario, azul brillante.
Ay, hombre panzer, hombre panzer—

No dios, sino una esvástica
tan negra que ningún cielo podría filtrarse.
Toda mujer adora a un fascista,
la bota en la cara, el bruto,
bruto corazón de un bruto como vos.

Estás junto al pizarrón, papi,
en la foto tuya que tengo,
un hoyo en el mentón en lugar de en el pie,
pero no por eso menos diablo, no,
ni menos el hombre negro que de un mordisco

rompió en dos mi bello corazón rojo.
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a vos.
Creía que incluso los huesos servirían.

Pero me sacaron de la bolsa,
y me unieron con pegamento.
Y después supe qué hacer.
Hice un modelo de vos,
un hombre de negro estilo Mein Kampf

y un amor por el potro de tormento.
Y dije sí, acepto.
Así que papi, por fin se terminó.
El teléfono negro está arrancado de raíz,
las voces ya no pueden meterse como gusanos.

Si he matado a un hombre, he matado a dos—
el vampiro que dijo ser vos
y me chupó la sangre por un año,
siete años, si querés saber.
Papi, ya podés descansar.

Hay una estaca en tu corazón gordo y negro
y a los del pueblo nunca les gustaste.
Están bailando y te pisotean.
Siempre supieron que eras vos.
Papi, papi, hijo de puta, se terminó.



Daddy

You do not do, you do not do
Any more, black shoe
In which I have lived like a foot
For thirty years, poor and white,
Barely daring to breathe or Achoo.

Daddy, I have had to kill you.
You died before I had time——
Marble-heavy, a bag full of God,
Ghastly statue with one gray toe
Big as a Frisco seal

And a head in the freakish Atlantic
Where it pours bean green over blue
In the waters off beautiful Nauset.
I used to pray to recover you.
Ach, du.

In the German tongue, in the Polish town
Scraped flat by the roller
Of wars, wars, wars.
But the name of the town is common.
My Polack friend

Says there are a dozen or two.
So I never could tell where you
Put your foot, your root,
I never could talk to you.
The tongue stuck in my jaw.

It stuck in a barb wire snare.
Ich, ich, ich, ich,
I could hardly speak.
I thought every German was you.
And the language obscene

An engine, an engine
chuffing me off like a Jew.
A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen.
I began to talk like a Jew.
I think I may well be a Jew.

The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna
Are not very pure or true.
With my gipsy ancestress and my weird luck
And my Taroc pack and my Taroc pack
I may be a bit of a Jew.

I have always been scared of you,
With your Luftwaffe, your gobbledygoo.
And your neat mustache
And your Aryan eye, bright blue.
Panzer-man, panzer-man, O You——

Not God but a swastika
So black no sky could squeak through.
Every woman adores a Fascist,
The boot in the face, the brute
Brute heart of a brute like you.

You stand at the blackboard, daddy,
In the picture I have of you,
A cleft in your chin instead of your foot
But no less a devil for that, no not
Any less the black man who

Bit my pretty red heart in two.
I was ten when they buried you.
At twenty I tried to die
And get back, back, back to you.
I thought even the bones would do.

But they pulled me out of the sack,
And they stuck me together with glue.
And then I knew what to do.
I made a model of you,
A man in black with a Meinkampf look

And a love of the rack and the screw.
And I said I do, I do.
So daddy, I’m finally through.
The black telephone’s off at the root,
The voices just can’t worm through.

If I’ve killed one man, I’ve killed two——
The vampire who said he was you
And drank my blood for a year,
Seven years, if you want to know.
Daddy, you can lie back now.

There’s a stake in your fat black heart
And the villagers never liked you.
They are dancing and stamping on you.
They always knew it was you.
Daddy, daddy, you bastard, I’m through.


Sylvia Plath (Boston, 1932 – Londres, 1963), The Collected Poems. HarperCollins. New York. 2008. Traducción: Griselda García.

NB: Esta traducción puede variar de aquí a un tiempo. Vuelva pronto.

Elena Berruti | Pequeño pregunta...




Elena Berruti | Pequeño pregunta...


pequeño
pregunta
má ¿estás bien?
arrugaelalma
-esquinita como quien dobla punta superior derecha de una página-
alalmarruga esa pregunta no-pequeña

celebro
su mirada cuidadora
desde su metroypico de estatura:

hijito estoy bien
nodejesnuncadepreguntarlo
a cada mujer con la que te unas,

hijito,
más allá de una

madresdevarones
atenti:
criemos bien a los cachorros
para cortar karmas genéricos
distribuciones bizcas de femenino/masculino
-como en formularios una casilla/ una equis o cruz-

hijito
está bien él,
porque pregunta de una
porque pregunta por la otra



Elena Berruti (Río Cuarto, Córdoba, 1967). 

Alejandro Schmidt | eso que hacés



Alejandro Schmidt | eso que hacés


quiero preguntarte acerca de eso que hacés
puedo ayudarte
hacerlo con vos
siempre es necesario un poco de compañía 
para todo lo malo para todo lo bueno
la soledad nos vuelve raros
por eso
quiero preguntarte si lo haces mucho o
es un poco como esos poemas que nunca terminan 
y siguen en la fábula

la vida es terrible
sin embargo
dónde perder una y mil cosas
para no recuperarlas más
ni en la cocina
ni en la habitación ni en las lágrimas
vuelven

puedo ayudarte
soy el emperador del aire
cuando todo duerme
me ocupo
y es triste
es bastante triste

todo es cierto
lo que decían para asustarte
para convencerte
para obligarte
para callarte

cierto cierto

(puedo ayudarte
hay diablos
en la espuma
y la vida pasa)

puedo ayudarte
traeré mis instrumentos
algunas palabras pero dudas
algún abrazo pero solo
entonces sabrás que hacer
en la primera
en la ultima hora

decís que sos muy exigente
puede ser
puede ser que estés pidiendo mal
sé de estas cosas porque soy el angustiado del aire

hay mucho por hacer
aceptar
qué estrella
qué rosa
qué senderos cayendo a los abismos

tanto error tanta pobreza
en los barquitos
en los carguitos
en lo que se abandona a tus pies
ruego o castigo

decís que no podés conformarte

la muerte inicia su conversación
y no le interesa qué pueda escuchar
de tu corazón
así te lo hayas quitado
y lo hayas puesto en el pecho de Jesús

la muerte inicia



está sentada en el sillón de tus padres
en su bar y en su aniversario

decías algo del mundo algo de las canciones
no lo decías de vos

soy el emperador de aire
y pastoreo los dragones

la muerte inicia su interrupción

exactamente qué
estás haciendo
con tu tiempo mortal

puedo ayudarte
no siempre
no a cada rato
no cuando estoy tomado algo con los amigotes
no cuando estoy con los yertos
no en los bailes
no en los picnics
no arreglando una lapicera

después sí o más bien sí
más bien si no hay otra cosa que hacer

no te conformas
con el pan en la boca
no te conformas con los abrazos
no te conformas con el silencio al lado del río

sos un poco …

por eso te busca la desgracia en la dicha del día
y el señor de los campeones
por eso te busca la mediocridad
y la circunstancia

harías bien en acompañarme sin tanto protestar
a mí un emperador en el aire

hay un lugar para educarse
una lugar para salir
(entre los escombros
entre las marismas
entre las recetas)

y sentarse

a preguntar

por eso que hacés

y no dejás de hacer.



Alejandro Schmidt (Villa María, 1955), tomado de su blog.

Leonard Cohen | Traté de dejarte










Leonard Cohen | Traté de dejarte
[traducción: Griselda García]

Traté de dejarte, no lo niego,
di vuelta nuestra página por lo menos cien veces.
Me despertaba cada mañana a tu lado.

Los años pasan, perdés tu orgullo,
el bebé está llorando, entonces no salís,
todo tu trabajo está justo ante tus ojos.

Buenas noches, querida, espero que estés satisfecha,
la cama es angosta, pero mis brazos están abiertos de par en par.
Y aquí hay un hombre que aún trabaja por tu sonrisa.


I tried to leave you

I tried to leave you, I don't deny
I closed the book on us, at least a hundred times.
I'd wake up every morning by your side.

The years go by, you lose your pride.
The baby's crying, so you do not go outside,
And all your work it's right before your eyes.

Goodnight, my darling, I hope you're satisfied,
The bed is kind of narrow, but my arms are open wide.

And here's a man still working for your smile.

Leonard Cohen (Montreal, 1924 - Los Ángeles, 2016), Book of Longing. HarperCollins Books. Canadá. 2006. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción está en periódica revisión.

Walt Whitman | Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano…



Walt Whitman | Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano…
[traducción: Griselda García]


Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano,
sin una cosa, todo será inútil,
te doy justo aviso antes de que me lleves más lejos,
no soy lo que suponías, sino muy diferente.

¿Quién es el que se convertirá en mi seguidor?
¿Quién se postulará como candidato a mis afectos? ¿Eres tú ése?

El camino es sospechoso— el resultado, incierto, quizás destructivo,
tendrías que renunciar a todo— yo sólo esperaría ser tu Dios, único y exclusivo,
aun así tu noviciado sería largo y extenuante,
toda la teoría pasada de tu vida y toda conformidad con las vidas
que te rodean, las tendrías que abandonar;
así que suéltame ahora antes preocuparte más—
saca tu mano de mi hombro,
déjame y sigue tu camino.

O, si no, probar en secreto en algún bosque,
o detrás de una roca, al aire libre,
(porque en el cuarto techado de una casa no me muestro
— ni en compañía,
y en las bibliotecas me quedo como un tonto, bobo, nonato o muerto,)
pero contigo quizás en una colina alta— primero mirando con temor
por si en kilómetros a la redonda se acerca alguien inadvertido,
o tal vez a tu lado navegando en el mar, o en la playa junto al mar,
o alguna isla tranquila
te deje poner tus labios sobre los míos,
con el demorado beso del camarada o del nuevo esposo,
porque yo soy el nuevo esposo y yo soy el camarada.

O, si quieres, méteme bajo tus ropas,
donde pueda sentir los latidos de tu corazón o descansar sobre tu cadera,
llévame cuando avances por tierra o por mar;
porque sólo tocarte es suficiente— es mejor,
y porque tocándote dormiría en silencio y sería llevado eternamente.

Pero estas hojas que te engañan te llevan al peligro,
porque a estas hojas y a mí no nos entenderás,
te eludirán al principio y luego más aun— yo ciertamente te eludiré,
aun cuando creas que me atrapaste, ¡mira!
ya ves que me he escapado de ti.

Porque no escribí este libro por lo que puse en él,
ni por leerlo lo comprenderás,
ni me conocen mejor quienes me admiran y halagan con jactancia,
ni los candidatos a mi amor (salvo unos pocos) saldrán victoriosos,
ni mis poemas harán sólo el bien— harán el mal también, quizás más,
porque todo es inútil sin eso que puedes tratar de adivinar muchas
veces y no acertar— eso a lo que me refería;
por lo tanto déjame y sigue tu camino.


Whoever You Are Holding Me Now in Hand

Whoever you are, holding me now in hand,  
Without one thing, all will be useless,  
I give you fair warning, before you attempt me further,  
I am not what you supposed, but far different.  
  
Who is he that would become my follower?
Who would sign himself a candidate for my affections? Are you he?  
  
The way is suspicious—the result uncertain, perhaps destructive;  
You would have to give up all else—I alone would expect to be your God, sole and exclusive,  
Your novitiate would even then be long and exhausting,  
The whole past theory of your life, and all conformity to the lives around you, would have to be abandon’d;
Therefore release me now, before troubling yourself any further—
Let go your hand from my shoulders,  
Put me down, and depart on your way.  
  
Or else, by stealth, in some wood, for trial,  
Or back of a rock, in the open air,  
(For in any roof’d room of a house I emerge not—nor in company,
And in libraries I lie as one dumb, a gawk, or unborn, or dead,)  
But just possibly with you on a high hill—first watching lest any person, for miles around, approach unawares,  
Or possibly with you sailing at sea, or on the beach of the sea, or some quiet island,  
Here to put your lips upon mine I permit you,  
With the comrade’s long-dwelling kiss, or the new husband’s kiss,
For I am the new husband, and I am the comrade.  
  
Or, if you will, thrusting me beneath your clothing,  
Where I may feel the throbs of your heart, or rest upon your hip,  
Carry me when you go forth over land or sea;  
For thus, merely touching you, is enough—is best,
And thus, touching you, would I silently sleep and be carried eternally.  
  
But these leaves conning, you con at peril,  
For these leaves, and me, you will not understand,  
They will elude you at first, and still more afterward—I will certainly elude you,  
Even while you should think you had unquestionably caught me, behold!
Already you see I have escaped from you.  
  
For it is not for what I have put into it that I have written this book,  
Nor is it by reading it you will acquire it,  
Nor do those know me best who admire me, and vauntingly praise me,  
Nor will the candidates for my love, (unless at most a very few,) prove victorious,
Nor will my poems do good only—they will do just as much evil, perhaps more;  
For all is useless without that which you may guess at many times and not hit—that which I hinted at;  
Therefore release me, and depart on your way.


Walt Whitman (West Hills, 1819 – Camden, 1892). Calamus. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2018. Traducción: Griselda García



Gustavo Caso Rosendi | Todos podemos ser Raymond Carver




Hago un pacto con vos, Ezra Pound.
Te he admirado ya lo necesario.

Me arrimo como un aprendiz de carpintero
para picotear los gusanos de tu corteza de roble.
Ahora tengo edad de hacer enemigos.

Fuiste el que talló la madera cortada por Whitman;
ha llegado el tiempo de que lo lijado brote.


/

Los bolsillos llenos de coquitos de eucalipto
y ese olor a kerosén que se iba muriendo con la tarde.
Y las mejillas paspadas, y los mocos resecos en la manga
de un pulóver definitivamente destejido.
Creciste demasiado (por el frío).
Y parece que aún caminaras hacia la fila de aquel surtidor
con una damajuana en cada mano.
Bajo la misma llovizna, el mismo viento, y esa misma sensación
de tener que llevar calor a casa.


/

Mi mamá me ama
-me hicieron escribir en el cuaderno.

No sabía cómo explicarle a la maestra
que la realidad era un poco más compleja.


Gustavo Caso Rosendi (Esquel, 1962), Todos podemos ser Raymond Carver. Pixel Editora. Buenos Aires. 2017.