Alejandro Schmidt | eso que hacés



Alejandro Schmidt | eso que hacés


quiero preguntarte acerca de eso que hacés
puedo ayudarte
hacerlo con vos
siempre es necesario un poco de compañía 
para todo lo malo para todo lo bueno
la soledad nos vuelve raros
por eso
quiero preguntarte si lo haces mucho o
es un poco como esos poemas que nunca terminan 
y siguen en la fábula

la vida es terrible
sin embargo
dónde perder una y mil cosas
para no recuperarlas más
ni en la cocina
ni en la habitación ni en las lágrimas
vuelven

puedo ayudarte
soy el emperador del aire
cuando todo duerme
me ocupo
y es triste
es bastante triste

todo es cierto
lo que decían para asustarte
para convencerte
para obligarte
para callarte

cierto cierto

(puedo ayudarte
hay diablos
en la espuma
y la vida pasa)

puedo ayudarte
traeré mis instrumentos
algunas palabras pero dudas
algún abrazo pero solo
entonces sabrás que hacer
en la primera
en la ultima hora

decís que sos muy exigente
puede ser
puede ser que estés pidiendo mal
sé de estas cosas porque soy el angustiado del aire

hay mucho por hacer
aceptar
qué estrella
qué rosa
qué senderos cayendo a los abismos

tanto error tanta pobreza
en los barquitos
en los carguitos
en lo que se abandona a tus pies
ruego o castigo

decís que no podés conformarte

la muerte inicia su conversación
y no le interesa qué pueda escuchar
de tu corazón
así te lo hayas quitado
y lo hayas puesto en el pecho de Jesús

la muerte inicia



está sentada en el sillón de tus padres
en su bar y en su aniversario

decías algo del mundo algo de las canciones
no lo decías de vos

soy el emperador de aire
y pastoreo los dragones

la muerte inicia su interrupción

exactamente qué
estás haciendo
con tu tiempo mortal

puedo ayudarte
no siempre
no a cada rato
no cuando estoy tomado algo con los amigotes
no cuando estoy con los yertos
no en los bailes
no en los picnics
no arreglando una lapicera

después sí o más bien sí
más bien si no hay otra cosa que hacer

no te conformas
con el pan en la boca
no te conformas con los abrazos
no te conformas con el silencio al lado del río

sos un poco …

por eso te busca la desgracia en la dicha del día
y el señor de los campeones
por eso te busca la mediocridad
y la circunstancia

harías bien en acompañarme sin tanto protestar
a mí un emperador en el aire

hay un lugar para educarse
una lugar para salir
(entre los escombros
entre las marismas
entre las recetas)

y sentarse

a preguntar

por eso que hacés

y no dejás de hacer.



Alejandro Schmidt (Villa María, 1955), tomado de su blog.

Leonard Cohen | Traté de dejarte










Leonard Cohen | Traté de dejarte
[traducción: Griselda García]

Traté de dejarte, no lo niego,
di vuelta nuestra página por lo menos cien veces.
Me despertaba cada mañana a tu lado.

Los años pasan, perdés tu orgullo,
el bebé está llorando, entonces no salís,
todo tu trabajo está justo ante tus ojos.

Buenas noches, querida, espero que estés satisfecha,
la cama es angosta, pero mis brazos están abiertos de par en par.
Y aquí hay un hombre que aún trabaja por tu sonrisa.


I tried to leave you

I tried to leave you, I don't deny
I closed the book on us, at least a hundred times.
I'd wake up every morning by your side.

The years go by, you lose your pride.
The baby's crying, so you do not go outside,
And all your work it's right before your eyes.

Goodnight, my darling, I hope you're satisfied,
The bed is kind of narrow, but my arms are open wide.

And here's a man still working for your smile.

Leonard Cohen (Montreal, 1924 - Los Ángeles, 2016), Book of Longing. HarperCollins Books. Canadá. 2006. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción está en periódica revisión.

Walt Whitman | Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano…



Walt Whitman | Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano…
[traducción: Griselda García]


Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano,
sin una cosa, todo será inútil,
te doy justo aviso antes de que me lleves más lejos,
no soy lo que suponías, sino muy diferente.

¿Quién es el que se convertirá en mi seguidor?
¿Quién se postulará como candidato a mis afectos? ¿Eres tú ése?

El camino es sospechoso— el resultado, incierto, quizás destructivo,
tendrías que renunciar a todo— yo sólo esperaría ser tu Dios, único y exclusivo,
aun así tu noviciado sería largo y extenuante,
toda la teoría pasada de tu vida y toda conformidad con las vidas
que te rodean, las tendrías que abandonar;
así que suéltame ahora antes preocuparte más—
saca tu mano de mi hombro,
déjame y sigue tu camino.

O, si no, probar en secreto en algún bosque,
o detrás de una roca, al aire libre,
(porque en el cuarto techado de una casa no me muestro
— ni en compañía,
y en las bibliotecas me quedo como un tonto, bobo, nonato o muerto,)
pero contigo quizás en una colina alta— primero mirando con temor
por si en kilómetros a la redonda se acerca alguien inadvertido,
o tal vez a tu lado navegando en el mar, o en la playa junto al mar,
o alguna isla tranquila
te deje poner tus labios sobre los míos,
con el demorado beso del camarada o del nuevo esposo,
porque yo soy el nuevo esposo y yo soy el camarada.

O, si quieres, méteme bajo tus ropas,
donde pueda sentir los latidos de tu corazón o descansar sobre tu cadera,
llévame cuando avances por tierra o por mar;
porque sólo tocarte es suficiente— es mejor,
y porque tocándote dormiría en silencio y sería llevado eternamente.

Pero estas hojas que te engañan te llevan al peligro,
porque a estas hojas y a mí no nos entenderás,
te eludirán al principio y luego más aun— yo ciertamente te eludiré,
aun cuando creas que me atrapaste, ¡mira!
ya ves que me he escapado de ti.

Porque no escribí este libro por lo que puse en él,
ni por leerlo lo comprenderás,
ni me conocen mejor quienes me admiran y halagan con jactancia,
ni los candidatos a mi amor (salvo unos pocos) saldrán victoriosos,
ni mis poemas harán sólo el bien— harán el mal también, quizás más,
porque todo es inútil sin eso que puedes tratar de adivinar muchas
veces y no acertar— eso a lo que me refería;
por lo tanto déjame y sigue tu camino.


Whoever You Are Holding Me Now in Hand

Whoever you are, holding me now in hand,  
Without one thing, all will be useless,  
I give you fair warning, before you attempt me further,  
I am not what you supposed, but far different.  
  
Who is he that would become my follower?
Who would sign himself a candidate for my affections? Are you he?  
  
The way is suspicious—the result uncertain, perhaps destructive;  
You would have to give up all else—I alone would expect to be your God, sole and exclusive,  
Your novitiate would even then be long and exhausting,  
The whole past theory of your life, and all conformity to the lives around you, would have to be abandon’d;
Therefore release me now, before troubling yourself any further—
Let go your hand from my shoulders,  
Put me down, and depart on your way.  
  
Or else, by stealth, in some wood, for trial,  
Or back of a rock, in the open air,  
(For in any roof’d room of a house I emerge not—nor in company,
And in libraries I lie as one dumb, a gawk, or unborn, or dead,)  
But just possibly with you on a high hill—first watching lest any person, for miles around, approach unawares,  
Or possibly with you sailing at sea, or on the beach of the sea, or some quiet island,  
Here to put your lips upon mine I permit you,  
With the comrade’s long-dwelling kiss, or the new husband’s kiss,
For I am the new husband, and I am the comrade.  
  
Or, if you will, thrusting me beneath your clothing,  
Where I may feel the throbs of your heart, or rest upon your hip,  
Carry me when you go forth over land or sea;  
For thus, merely touching you, is enough—is best,
And thus, touching you, would I silently sleep and be carried eternally.  
  
But these leaves conning, you con at peril,  
For these leaves, and me, you will not understand,  
They will elude you at first, and still more afterward—I will certainly elude you,  
Even while you should think you had unquestionably caught me, behold!
Already you see I have escaped from you.  
  
For it is not for what I have put into it that I have written this book,  
Nor is it by reading it you will acquire it,  
Nor do those know me best who admire me, and vauntingly praise me,  
Nor will the candidates for my love, (unless at most a very few,) prove victorious,
Nor will my poems do good only—they will do just as much evil, perhaps more;  
For all is useless without that which you may guess at many times and not hit—that which I hinted at;  
Therefore release me, and depart on your way.


Walt Whitman (West Hills, 1819 – Camden, 1892). Calamus. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2018. Traducción: Griselda García



Gustavo Caso Rosendi | Todos podemos ser Raymond Carver




Hago un pacto con vos, Ezra Pound.
Te he admirado ya lo necesario.

Me arrimo como un aprendiz de carpintero
para picotear los gusanos de tu corteza de roble.
Ahora tengo edad de hacer enemigos.

Fuiste el que talló la madera cortada por Whitman;
ha llegado el tiempo de que lo lijado brote.


/

Los bolsillos llenos de coquitos de eucalipto
y ese olor a kerosén que se iba muriendo con la tarde.
Y las mejillas paspadas, y los mocos resecos en la manga
de un pulóver definitivamente destejido.
Creciste demasiado (por el frío).
Y parece que aún caminaras hacia la fila de aquel surtidor
con una damajuana en cada mano.
Bajo la misma llovizna, el mismo viento, y esa misma sensación
de tener que llevar calor a casa.


/

Mi mamá me ama
-me hicieron escribir en el cuaderno.

No sabía cómo explicarle a la maestra
que la realidad era un poco más compleja.


Gustavo Caso Rosendi (Esquel, 1962), Todos podemos ser Raymond Carver. Pixel Editora. Buenos Aires. 2017.

Malena Saito | Amiga

tapa de Paula Sosa Holt


Malena Saito | Amiga


Amiga,
el cielo está demasiado claro
no puedo dormir
me pierdo
pienso en hombres
se extienden como árboles en la ruta
si los toco, desaparecen
¿dónde estarán aquellos, dispuestos a quedarse
conmigo,
solo conmigo,
cuando florezca el miedo y amaine el esfuerzo?


/

El día que me diste
las manos
en esa fiesta
de luces verdes y rosas
de porro cocido
de camisa a lunares
armamos algo
chiquito
que sigue resistiendo.
Quizás
ser amigas ahora
no signifique más
que de vez en cuando
hacernos un favor
un chiste
compartir una persona.
No obstante
siguen intactas
las luces
tus manos
y esas palabras
que todavía hoy
sigo sin escuchar
por el ruido
de la fiesta
que
nos hablaba
por primera vez
en nuestro idioma.


/

El verano me tiene de rehén
quería escribirte a tiempo
pero no hay tiempo.
Los días de calor pasan pegajosos
se acumulan
es difícil
teclear en este cuarto
donde no hay ventilador.
Somos pocas
las que circulamos
por el diámetro permitido
de la casa
al supermercado
del supermercado
al trabajo.
A veces nos demoramos
las señoras y yo
en alguna góndola
fingimos evaluar
los precios
el país
aprovechamos el aire
que baja frío
de los aparatos que insisten
en negar
la situación.
Tal vez el invierno
nos encuentre
congeladas
irresistibles
duras
como tablas de planchar.



Malena Saito (Buenos Aires, 1994), Amiga. Santos Locos. Buenos Aires. 2017.

Horacio Castillo | Dice Eurídice


Erasmus Quellinus, La muerte de Eurídice. Museo del Prado.



Horacio Castillo | Dice Eurídice


La ansiedad me dominó, y luego la inquietud, cuando supe que venías:
horror de que me vieras así, con este tocado de sombra,
el pelo sin brillo -el pelo, que el sol no se cansaba de dorar.
Terror también de que no fueras el mismo -el que permanecía en mi memoria-
y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo.
Hace tanto que nadie venía por aquí,
tanto que nadie se llevaba un alma o un perro,
que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome,
cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida.
Después tu calor me condensó, me secó como una vasija,
y caminé por el sombrío corredor
otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho
y un carbón encendido en medio de las piernas.
Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz,
los árboles junto a los cuales caminábamos,
aquella habitación llena de espejos
donde flotábamos como dos ahogados.
Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso,
tu pensamiento se espantó como un caballo,
y vi que tratabas de desprenderte de mí,
de librarte de la trampa de la materia mortal.
"No te vayas -supliqué- no me dejes aquí,
déjame ver de nuevo las nubes y el sol,
suéltame por el mundo como una potranca tracia."
Pero tú ya corrías hacia la salida,
y durante siete días y siete noches oí cómo llorabas,
cómo cantabas en la ribera del río infernal
nuestra vieja canción: "Lo lejano, sólo lo más lejano perdura."


Horacio Castillo (Ensenada, 1934-2010). Plaqueta Aberrante sujeto. Ediciones delanada. Santa Fe. 1999.

GG poema leído por Grau Hertt

Grau Hertt lee "La bien pagá", 
mi reescritura de "La enamorada", 
un poema de la inefable Pizarnik.

Dejá de padecer | empezá a disfrutar












Anne Bradstreet | A mi querido y amado esposo



Anne Bradstreet | A mi querido y amado esposo
(Traducción: Griselda García)


Si alguna vez dos fueron uno, esos somos nosotros.
Si algún hombre fue amado por su mujer, ese eres tú.
Si alguna mujer fue feliz en un hombre,
compárense conmigo, mujeres, si pueden.

Aprecio tu amor más que a las minas de oro
y a todas las riquezas que guarda oriente.
Mi amor es tal que ni los ríos lo pueden saciar;
no el deber sino tu amor me recompensa.

Tu amor es tal que no puedo, de ningún modo, retribuir;
que los cielos premien tu inmensidad, ruego.
Para que, mientras vivamos, en amor perseveremos,
para que, cuando no vivamos más, vivamos para siempre.



To My Dear and Loving Husband

If ever two were one, then surely we.
If ever man were loved by wife, then thee.
If ever wife was happy in a man,
Compare with me, ye women, if you can.

I prize thy love more than whole mines of gold,
Or all the riches that the East doth hold.
My love is such that rivers cannot quench,
Nor ought but love from thee give recompense.

Thy love is such I can no way repay;
The heavens reward thee manifold, I pray.
Then while we live, in love let’s so persever,
That when we live no more, we may live ever.




Anne Bradstreet (1612, Northampton, Reino Unido - 1672, Andover, Massachusetts, Estados Unidos). Poema tomado de Poetry Foundation. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente. Si copia y pega en otro sitio, vuelva en un tiempo para tener la versión actualizada.

Juan Manuel Inchauspe | Época





Juan Manuel Inchauspe | Época


Un prolongado ulular me despertó durante la noche.
Tuve una visión fugaz de luces rojas y amarillas, intermitentes.
Con los ojos recién abiertos en la oscuridad
escuché el sonido giratorio por las calles desiertas.
Instintivamente estiré mi mano por entre las varillas
y palpé el cuerpo de mi pequeño hijo:
suave, cálido,
pacificado como un animalito.

Él no sabe nada de estas cosas.
No sabe nada del sueño cortado
en la fría madrugada.
Ni tiene nunca tampoco por qué saber
cómo brotan del sueño estas visiones;
cómo giran, intermitentes, en la memoria,
y flotan con sus ojos de vidrio alrededor del corazón.



Juan Manuel Inchauspe (Santa Fe, 1940-1991), Trabajo nocturno. Poemas completos. Universidad Nacional del Litoral. 1994.

Elvira Sastre | La lista de la compra




Elvira Sastre | La lista de la compra


Han pasado treinta días
desde la tarde en que las cuentas dejaron
de hacerse hacia atrás,
treinta días en los que me he agarrado
a todo lo que dejé en casa cuando nos fuimos
y que encontré el día que volví sin ti,
a todo lo que compré un día que
todavía vivías,
a todo lo que ya existía
antes de que tú dejaras de hacerlo:
los cartones de leche, el papel higiénico,
el champú de litro,
los paquetes de zumos para cuando el azúcar también
se queda corto,
el detergente de veintisiete lavados,
la sal normal, las bolsas de basura.

Todas esas cosas que uno compra
muy de vez en cuando porque duran mucho
tiempo sin estropearse.

Ahora, treinta días después,
todo va gastándose, golpe a golpe,
como la propia vida,
y apenas queda nada
de aquello,
pero yo ya no quiero volver al supermercado
a comprar de nuevo todas esas cosas
que duran mucho tiempo sin estropearse,
porque hasta lo más absurdo de esta casa contiene tu vida,
porque hasta lo más absurdo también se va muriendo,
porque no quiero volver a empezar
de nuevo,
no quiero volver a comprar cosas duraderas
en las que ya no creo,
no quiero volver a comprarlas
ahora que has muerto,
no quiero volver a empezar
una vida interminable

sin ti.



Elvira Sastre (Segovia, 1992). Cortesía de la autora para este blog.

Elena Anníbali | Ahí les dejo eso...




Elena Anníbali | Ahí les dejo eso...



Ahí les dejo eso, porque hay que soltar, dicen
el oscuro trapo de la dicha

ir hacia dónde, mirar, perder,
ser perdido, olvidado,
traicionado, a veces

también

morder la pena

esta casa, verás, estuvo llena de fe

la llenaron de ruido las palomas
sentó sus manos la virgencita celeste
a veces
me dijo cosas o yo
le dije, pidiéndole, no sé
naderías

me fue dado, a veces, sí, también,
el mendrugo del alma, y todo
pareció estar bien
sonreír
ser fresco
pero después, ah, el después

no viene con constancia la dicha

es un pez pequeñísimo de mil ojos, la dicha,
y nada el mar
lo nada, y sabe, y mira mira mira
tu sola mano ansiosa y pobrecita
buscándolo y buscándolo
en la azul eternidad del tiempo

verás al pececito una vez, dos veces,
su iridiscente reflejo, su ser pez entre
los peces, lo verás ir
aquí para allá, comer
las mariposas, llenarse los mil ojos
de sol, romper
el duro y salado oleaje

muy a veces, en sueños, su rosada carne
su pacífica carne
aleteará cerca de tu corazón
pero luego llegará la fiebre
la podredumbre de la fiebre
y el después del después
y tendrás la sed, la sed que no sacia el agüita salada
del mar interminable
tendrás la gran sed
la fiebre


Elena Anníbali (Oncativo, Córdoba, 1978), Curva de remanso. Caballo negro. Córdoba. 2015.

La poética de Griselda García, Facundo D´Onofrio


El punto de contacto
Sobre la poética de Griselda García
Por Facundo D´Onofrio
  

Foto: Julia Russo Martínez 

“(…) Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama”[1]


Introducción

Mucho se discute acerca de la evocación confesional en la poesía y de la aparición de lo anecdótico como objeto narrativo del poema. Posiciones radicales imploran por su definitiva aniquilación y otras, en extremo opuestas, encuentran un carácter poético en pequeñas crónicas cotidianas repartidas en estrofas.
En medio de esas costas antagónicas, siempre es motivo de celebración encontrar poetas que navegan, como veleros de astutas velas, hacia una u otra playa, según busquen un día de sol o un poco de tormenta para probar su destreza al timón en el oleaje bravo. Cuando el barco sale airoso del contraste, habiendo resistido a los pozos y las trampas, y el timonel toma las piedras más valiosas de cada orilla, allí se erguirá, frente a todos nosotros, un gran poema.


El trabajo sobre las olas

Para comandar el barco, Griselda García se vale de un variado conjunto de elementos. Tomaré como muestra una vasta antología de su obra, titulada Mi pequeño acto privado[2], para referirme a ellos.
En primer lugar, toma de una de las orillas una piedra fundamental: un profundo sentido de la narración. Nunca pierde de vista que con el poema está contando algo y que, aunque la escena se presente difusa o elevada a una abstracción mayor, el lector espera recuperar el sentido del “qué” en medio del “cómo”. En sus poemas –a mi entender– más logrados, este sentido va acompañado de un imaginario poderoso y de una suerte de sabiduría puesta en la derrota, en el reverso de las cosas, en ese lado poco esperable y hasta oscuro de los temas. Así, por ejemplo:

Yacer con el hijo / educarlo en la carne / controlar con los días / el ancho de su espalda / en la espesura fundirnos. / Al interior de la yema del ojo / catedrales de agua / delgadas escamas / de la leche. / Un desborde del cuerpo / una fiesta sin fin / la muerta hilvana / su pañuelo de larvas. / Te alimento / te baño con miel / te envuelvo en piel de luz / te cubro de flores y canto”[3].

Aparece, de este modo, una insistencia por subvertir tópicos generalmente ligados a la ternura y llevarlos al reino de lo ominoso: una latencia incómoda y constante de algo que no comprendemos del todo pero cuya existencia no podemos obviar, aunque queramos hacerlo. Esta aparición va de la mano del erotismo, a veces más explícito, a veces menos, y cuya existencia no responde solamente a provocar sus efectos naturales sino que también apuntala esa latencia del elemento siniestro. Dice Barthes, al referirse al strip-tease, que “está fundado en una contradicción: desexualiza a la mujer en el mismo momento en que la desnuda. Podríamos decir, por lo tanto, que se trata, en cierto sentido, de un espectáculo del miedo, o más bien del “me das miedo”, como si el erotismo dejara en el ambiente una especie de delicioso terror, como si fuera suficiente anunciar los signos rituales del erotismo para provocar, a la vez, la idea de sexo y su conjuración (…) el decorado, los accesorios y los estereotipos sirven para contrariar la provocación del propósito inicial (…)”.[4]
En otras palabras, el erotismo en la poesía de Griselda García tiene un doble funcionamiento: su efecto habitual, por un lado, y la construcción de una escenografía ideal para que soportemos –como si fuese una vacuna que nos brinda dosis menores de una enfermedad–  la latencia de ese mal incesante, por otro. Véase, por caso, este poema:

Hasta un ciego con memoria del tacto / podría servirme / lo guiaría el olor de la sal, la tibieza / la humedad silenciosa. / Detrás de él vendrían cientos / aceite en el cabello / olor acre de la orina. / Yo sólo tendría que yacer inmóvil / palmear alguna espalda, quizás. / Lo mejor es lo que más tarde llega / una noche, sin ser esperado / delicado como un ladrón / mil veces más silencioso. / ¿Soy aquella niñita de pollera al viento / bailando entre altos pastizales?”[5]

En segundo lugar, la poética de Griselda García presenta una vitalidad que se manifiesta a partir de un extremadamente sutil manejo del humor. Hay una mueca permanente, a mitad de camino en sonrisa, que se dibuja en el yo lírico y que lo acerca al componente lúdico, incluso al crear las imágenes más desoladoras. Es esa sabiduría de la que hablaba antes, encontrada en la derrota, aceptada con cierta anuencia lúdica y burlona:

Ahora estoy como quería estar: / de algodón y rellena de aserrín / con la piel de antiguos enemigos bajo las uñas / tolero cualquier cosa de mis amigos imaginarios / sólo los insectos en nariz y oídos / me mantienen con vida”.

Las imágenes creadas, elaboradas con las piedras que el velero halla en la orilla lírica, se acumulan unas sobre las otras y le dan al poema un espesor notorio. Cuando el lirismo nos llevó lo suficientemente lejos, el verso siguiente propone un ancla anti-abstracción que nos devuelve al “qué”, con una cuidadosa elección de las palabras, incluso, a veces, en detrimento del ritmo.
Así trabaja el oleaje de esas aguas con doble orilla y parece gritarnos, al pasar, “¿ven cómo se hace una confesión personal y a la vez se produce un hecho estético?”, “¿ven cómo la destreza está en encontrar el punto de contacto?”.
Por último, observo un inteligente manejo de la expectativa. Cada poema parece ir hacia un lugar al que nunca llega del todo y esas expectativas truncas son el placer de ese yo lírico travieso. Siguiendo con Barthes: “Todo texto sobre el placer sólo es dilatorio: será una introducción a algo que jamás se escribirá”[6]. Griselda García escribe sobre el placer, en sus formas menos esperables, y se vale del eros, que es, en palabras de Constantino Cocco, “el medio de comunicación y de expresión más profundo a disposición de todo ser humano”[7].
Como una suerte de Anne Sexton maniática pero sin depresión, Griselda García observa el entorno y se compromete en él personalmente, proponiéndole una batalla discursiva, mojándole la oreja, combatiendo con lo inasimilable que nos depara, pero sin el sentimiento de frustración ante la derrota. Le ofrece, en cambio, una mueca burlona y le advierte que seguirá activa. Parece responderle a aquel poema de Anne Sexton:

“Sueño con escarabajos / algo lejano me sentencia / ¿perduraremos? / no hay masturbación posible / cuando es furia / lo que se tiene.”[8].







[1] SEXTON, A., “The ballad of the lonely masturbator”, versión original: “(…) The boys and girls are out tonight / They unbutton blouses. They unzip flies. / They take off shoes. They turn off the light. / The glimmering creatures are full of lies. / They are eating each other. They are overfed. / At night, alone, I marry the bed”.
[2] GARCÍA, G., Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
[3] GARCÍA, G., “La ofrenda”, en Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
[4] BARTHES, R., Mitologías, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2003.
[5] GARCÍA, G., “La reina tuerta”, en Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
[6] BARTHES, R., El placer del texto, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2010.
[7] COCCO, C., “El eros secuestrable”, en Erotismo y destrucción, Cappelli Editore, Bologna, 1998.
[8] GARCÍA, G., “Sueño con escarabajos”, en Mi pequeño acto privado, Barnacle, 2015.