T.S. Eliot | El entierro de los muertos


T. S. and Valerie Eliot in 1961. CreditEvening Standard/Hulton Archive, via Getty Images


T.S. Eliot | El entierro de los muertos 
[Traducción: Griselda García] 



Abril es el mes más cruel, engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
memoria y deseo, agita
apagadas raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo
la tierra con nieve olvidadiza, alimentando
una vida pequeña con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, volviendo por el Starnbergersee
con un chubasco, nos detuvimos en la columnata
y seguimos bajo el sol, hasta el Hofgarten,
y tomamos café y charlamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm’ aus Litauen, echt deutsch.
Y cuando éramos niños y nos quedábamos en lo de mi primo,
el archiduque, él me llevó en trineo
y tuve miedo. Me dijo: Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y allá descendimos.
Ahí en las montañas uno se siente libre.
Leo, gran parte de la noche, y en invierno me voy al sur.

¿Qué son esas raíces que se aferran, qué ramas crecen
en esta basura rocosa? Hijo del hombre,
no lo puedes decir, ni adivinar, porque sólo conoces
un montón de imágenes rotas donde golpea el sol,
y el árbol muerto no da refugio, ni el grillo alivio,
ni la piedra seca da sonido de agua. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja,
(ven bajo la sombra de esta roca roja),
y te mostraré algo diferente, tanto
de tu sombra en la mañana a zancadas detrás de ti
como de tu sombra a la tarde subiendo a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

Frisch weht der Wind
der Heimat zu
mein Irisch Kind,
wo weilest du?

“Me diste jacintos por primera vez hace un año,
me llamaron la chica de los jacintos.”
—Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los Jacintos,
tus brazos cargados y tu pelo húmedo, no pude
hablar y me falló la vista, no estaba
ni vivo ni muerto, ni sabía nada
al mirar en el corazón de la luz, el silencio.
Oed’ und leer das Meer.

Madame Sosostris, famosa vidente,
tenía un fuerte resfrío, sin embargo,
se la conoce como la mujer más sabia de Europa,
con su perverso mazo de cartas. Aquí, dijo ella,
está su carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(estas perlas fueron sus ojos. ¡Mire!),
aquí está Belladonna, la Dama de las Rocas,
la dama de las situaciones.
Aquí está el hombre con tres bastos, y aquí la Rueda,
y aquí está el mercader tuerto, y esta carta
en blanco es algo que él carga sobre su espalda,
que me está prohibido ver. No encuentro
al Ahorcado. Tema la muerte por agua.
Veo multitudes que caminan en círculo.
Gracias. Si ve a la querida señora Equitone,
dígale que le llevaré el horóscopo yo misma:
en estos tiempos hay que tener mucho cuidado.

Ciudad Irreal,
bajo la niebla marrón de un amanecer invernal,
una multitud fluía por el Puente de Londres, tantos,
no creí que la muerte hubiera deshecho a tantos.
Se exhalaban suspiros, cortos y espaciados,
y cada hombre llevaba los ojos fijos ante sus pies.
Fluían colina arriba, y bajaban por la calle King William,
hacia donde Santa María Woolnoth daba las horas,
con un sonido muerto al final de la novena campanada.
Ahí vi a un conocido y lo detuve, le grité: “¡Stetson!,
¡Tú, que estuviste conmigo en los barcos en Mylae!
Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
¿ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?
¿O la escarcha sorpresiva ha estropeado su cama?
“Oh, ¡mantén lejos al Perro, que es amigo del hombre,
o volverá a desenterrarlo con las uñas!

¡Tú!, hypocrite lecteur! — mon semblable — mon frère!”

T.S. Eliot (Saint Louis, 1888 - Londres, 1965). Tomado de: Poetry Foundation. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción puede variar de aquí a un tiempo. Vuelva pronto.

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