Manuel del Cabral, Canción del invertido


En mí están el poder del estudiante / desordenado como un coito útil / la libertad del hippie que se hospeda en mi ano / los platos voladores que ven como testículos borrachas solteronas / los curas que rompieron su sotana como quien rompe virgos /
Yo soy el poder negro / cuyo sexo estremece la cama de Manhattan / y viola el horizonte con candado / yo soy la clave del político / porque es homosexual la gran política /
Yo soy la más profunda limosna de los reos / Resbalaron por mí muchos Estados / En dos horas de catre gané imperios / El minero furioso de mi pene / se enguantó de oro sucio culinario / y a caballeros de mirada higiénica / les vestí de excremento sus estirpes / a los jueces también, a sus culebras / las pinté de canario hasta las ingles.
Soy el poder del ano. Soy el ano / el párpado hacia dentro que humedece misterios / Soy el ano / Se me hinchan los párpados cuando tengo visita / Se me prohíbe que recuerde a Wagner / se me prohíbe / desenterrar cadáveres de aire / soy el feto al revés que da la vida / lo saben los maricas que regresan / desde el fondo de mí que los vomito /
Soy el ano / Soy la fuga del hombre que se pudre / soy -espérame aquí no te vayas- / Yo soy la oculta inesperada urgencia / soy los quince minutos farmacéuticos / la hora de protesta de la próstata pobre / la próstata del rico jubilada a cariños / la hemorroide del joven que la cuida de putos /
Yo soy la avispa destrozada a besos / el ano de las niñas que de pronto / se sube a la nariz y vaticina / Soy el pudor que va en un tren leyendo / y ensucia el viaje cuando ya no hay tiempo /
Soy el ano / Yo soy la democracia del olfato / pongo al tirano a que me limpie humilde / obligo al rey a trabajar un poco / Soy el ano. Soy el mismo. / Se me pudren el juez y el arzobispo / se me pudren el Papa y el monarca / se me pudre la estirpe que me llega aventada.
En el ano abogado y en el reo / en el ano político y del sabio / duerme el discurso que despierta al mono / El odio sube de la tripa al labio / sube también una sonrisa que recorre sitios / como a veces pasean las escobas /
Vemos a las amantes del ministro / que van y vienen de las joyerías / que regatean su porción de cama, / su cuernito decente y hasta en serio / se dan el lujo de limpiar su sexo / con la lengua del perro que les ladra .
Mas ya no hay tiempo para hablar de infamia / y mucho menos / para mandar postales de año nuevo / cuando soldados duermen inocentes, / mientras esperan vomitar más plomo / en nombre de unos viejos señoritos / que juegan a las cartas y toman unas píldoras / para resucitar como un zombi su pene / como si entre sus ingles hubiera un albañil / que ladrillo a ladrillo les levantara las pelotas.
Nací arrugado como un niño anciano / soy el mismo. / El ano filosófico del pobre / el ano equivocado del soldado / el ano inteligente de Quevedo / el ano siervo de propina fálica / el que escupe también el oro fétido / del palacio podrido que libera mi puerta.
Soy el mismo. / Soy el ano del rey que llora semen / el espacio mendigo del magnate / el punto suspensivo de ingenieros y ateos / la duda del sargento cuando deja a su amante.
Soy el mismo. / Soy el ano que lamen los esclavos / el ano que acumula su prontuario / en un puto sillón de presidente. Yo soy el ano de los diputados / que regatean su porción de falo / y queman una ley cuando despiertan / en mi ojo ya ciego para siempre.
Soy el mismo. / El ano que se sube a una mirada / el ano prostituto de las vírgenes / el trasero sonámbulo del ciego / el ano profesor que inventa alumnos / con suave voz de hormona enfurecida.
Entonces… ¿Para qué me perfuman o me esconden / como a un perro rabioso?
¿Para qué?
Como dedos ingenuos los termómetros / en mí buscan calores sinvergüenzas.
Pero yo soy la fiebre de los astros.
Soy la temperatura del abismo.
Defeca Dios el universo ardiendo.   
  

Manuel del Cabral (República Dominicana, 1907-1999)