Javier Adúriz | Cediendo en Baltimore



Javier Adúriz | Cediendo en Baltimore

Calme bloc ici-bas chu d´un désastre obscur
S.M.

A garrote llovido - tanta golpiza pule
tu sonrisa deforme.- Estás cayendo a tierra 
como si lo deseares, - a la borra del día.

Pero qué más, entonces, - con la rígida furia
de lo real. Está visto: - no todo fue bajar 
de los trenes, buscando - el sol de las palabras,

algo más agrio y ruin - había en la taberna
donde el azar ocurre. - Y por qué todavía
seguir en el umbral - de la noche más pura.

Las manos de Virginia - no pulsarán de nuevo
tus mejillas ardidas - y aun esa vieja culpa
ya clausuró el milagro - para tu honor sombrío.

Cada puño en el aire - es un latido absurdo,
otro chasquido inútil.

Vengan recuerdos, pasen - ahogándote en hilera
pero que el suele llegue, - a vos, que fuiste huyendo,
en vano huyendo siempre - de la imaginación.


N del A: Por alguna razón, Edgar Allan Poe que iba a Filadelfia bajó en Baltimore. Sus pies lo llevaron a una taberna. Allí se produjo un altercado y le pegaron duro hasta dejarlo tendido. Fue su última noche. Jamás llegó a Filadelfia.


Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948), Canción del samurai. Ediciones Del Dock. 2004.