Javier Adúriz | Cediendo en Baltimore



Javier Adúriz | Cediendo en Baltimore

Calme bloc ici-bas chu d´un désastre obscur
S.M.

A garrote llovido  tanta golpiza pule
tu sonrisa deforme.  Estás cayendo a tierra 
como si lo deseares,  a la borra del día.

Pero qué más, entonces,  con la rígida furia
de lo real. Está visto:  no todo fue bajar 
de los trenes, buscando  el sol de las palabras,

algo más agrio y ruin  había en la taberna
donde el azar ocurre.  Y por qué todavía
seguir en el umbral  de la noche más pura.

Las manos de Virginia  no pulsarán de nuevo
tus mejillas ardidas  y aun esa vieja culpa
ya clausuró el milagro  para tu honor sombrío.

Cada puño en el aire  es un latido absurdo,
otro chasquido inútil.

Vengan, recuerdos, pasen  ahogándote en hilera
pero que el suele llegue,  a vos, que fuiste huyendo,
en vano huyendo siempre  de la imaginación.


N del A: Por alguna razón, Edgar Allan Poe que iba a Filadelfia bajó en Baltimore. Sus pies lo llevaron a una taberna. Allí se produjo un altercado y le pegaron duro hasta dejarlo tendido. Fue su última noche. Jamás llegó a Filadelfia.


Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948-2011), Canción del samurai. Ediciones Del Dock. 2004.

1 comentario:

  1. El tipo este fue profesor mio de literatura desde 3 año hasta 5to.
    Llegué a quererlo como a pocas personas, incluso siendo yo solo su alumno y el solo un profesor, porque nuestros roles sociales no daban para mucho mas.
    Un tipo fuera de serie, alguien que puede enseñarte mucho sin que te des cuenta, un poeta que transpira poesia, pasion, alegria, experiencia, vida.
    GROOOOSO.
    SAludos, un abrazo.

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