Anne Sexton | Después de Auschwitz



Anne Sexton | Después de Auschwitz
[traducción: Griselda García]



La furia,
negra como un gancho,
me alcanza.

Cada día
a las 8 de la mañana
cada nazi salteaba en su sartén
un bebé para el desayuno.

Y la muerte mira con indiferencia
y se saca la suciedad bajo las uñas.

El hombre es malo,
digo en voz alta.
El hombre es una flor
que debería ser quemada,
digo en voz alta.

El hombre
es un pájaro lleno de lodo,
digo en voz alta.

Y la muerte mira con indiferencia
y se rasca el ano.

El hombre con sus pequeños dedos de los pies rosados
con sus dedos milagrosos
no es un templo
sino una letrina,
digo en voz alta.
Que el hombre nunca más levante su taza de té.
Que el hombre nunca más escriba un libro.
Que el hombre nunca más se ponga un zapato.
Que el hombre nunca más levante los ojos
en una suave noche de julio.
Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca.
Digo estas cosas en voz alta.


Le ruego a Dios que no me escuche.



After Auschwitz 
Anger, / as black as a hook, / overtakes me. / Each day, / each Nazi / took, at 8:00 A.M., a baby / and sauteed him for breakfast / in his frying pan.// And death looks on with a casual eye / and picks at the dirt under his fingernail.// Man is evil, / I say aloud. / Man is a flower / that should be burnt, / I say aloud. / Man is a bird full of mud, / I say aloud.// And death looks on with a casual eye / and scratches his anus.// Man with his small pink toes, / with his miraculous fingers / is not a temple / but an outhouse, / I say aloud. / Let man never again raise his teacup. / Let man never again write a book. / Let man never again put on his shoes. / Let man never again raise his eyes, / on a soft July night. / Never. Never. Never. Never. Never. / I say those things aloud.// I beg the Lord not to hear. 


Anne Sexton (1928-1974). The Awful Rowing Toward God. 1975. Traducción: Griselda García.



N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. 

Manuel Vilas, Víctor Vilas


Manuel Vilas, Víctor Vilas


Íbamos en un coche blanco, camino de Venecia.
Mi tío insistía en que pusiera atención,
en que no me durmiera en el asiento.
Fuertemente asido de la mano de mi tío,
entré en Venecia.
Conocí Venecia. Un hombre y un niño.
Mi tío me compró un juguete,
mano temblorosa entregando unas liras.
Era una fiesta montar en barco a todas horas.
¿Qué miraba aquel hombre? Aquel hombre
que en unas vacaciones de Semana Santa de hace treinta años
insistía en que Venecia se grabara en mi memoria.

“No olvides nada”.

Mi tío me cogía la mano más fuerte aún
cuando entrábamos en los palacios.
Yo corría por aquellas salas cuyos techos
estaban llenos de pinturas.

Se sentó mi tío en la Dogana y quiso
que me sentase con él.

Oscurecía.

Era Viernes Santo.

El tiempo daba vueltas en el horizonte.

El tiempo y la enfermedad.

“Tienes que guardarnos en la memoria”.
Me hacía repetir los nombres en italiano.
Me apretaba la mano hasta hacerme daño.
Estaba solo aquel hombre en mitad de la Plaza de San Marcos.
Lo veo tomar un café expreso y mirar con dolor el Adriático,
los ojos torturados.
Cómo saberlo entonces, saber que era una hermosa despedida,
fuera de aquella España, él y yo solos,
lejos de la familia y contra el tiempo.
Íbamos en un coche blanco, aquel hombre y yo.
Camino de Venecia.
Sólo son dos recuerdos que me quedan de Víctor Vilas,
un hermano de mi padre,
muerto hace mucho tiempo.
Imagino que debió de ser un hombre
frágil y desesperado.
Me legó tres olvidados días en la Venecia de 1971
y la vehemencia de su mano
contra la mía.


Manuel Vilas (Barbastro, España, 1962), Resurrección, Madrid, Visor, 2005.

Gottfried Benn | Pequeño aster




Gottfried Benn | Pequeño aster


El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura-clara-lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor
se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!



Gottfried Benn (Mansfeld,1886- Berlín, 1956), Morgue. Fondo Editorial Pequeña Venecia. 1991.

Miguel Ángel Lens | Agridulce señor



Miguel Ángel Lens | Agridulce señor


ya
de pie
sobre la gastada alfombra
de terciopelo gris
el alzado muchacho de hombros tatuados
aguarda el instante vertiginoso
en que el semen emprenda el vuelo mágico
a través de los labios rosados
de ese chico con arito de luna


Miguel Ángel Lens. Sed de Querelle. Buenos Aires. 2009.

María Teresa Andruetto | Ahora que viene el tiempo de los pájaros




María Teresa Andruetto | Ahora que viene el tiempo de los pájaros


Estación abierta, retorno.
En la vida no hay retorno.

Cesare Pavese, 30 de marzo de l948.
Diario.



Ahora que viene el tiempo de los pájaros
y de los brotes en las ramas y la blancura
del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe
el agua,

ahora que se agitan las polleras
al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío
y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan
a la sombra de los fresnos y toman mate
y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia
tu casa.


Primavera de 1992.
In memoriam Clara Crimberg.


María Teresa Andruetto (Aº Cabral, 1954), Pavese. Ediciones Argos. Córdoba. 1997.