Walt Whitman | Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano…



Walt Whitman | Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano…
[traducción: Griselda García]


Quienquiera que seas, que me llevas ahora de la mano,
sin una cosa, todo será inútil,
te doy justo aviso antes de que me lleves más lejos,
no soy lo que suponías, sino muy diferente.

¿Quién es el que se convertirá en mi seguidor?
¿Quién se postulará como candidato a mis afectos? ¿Eres tú ése?

El camino es sospechoso— el resultado, incierto, quizás destructivo,
tendrías que renunciar a todo— yo sólo esperaría ser tu Dios, único y exclusivo,
aun así tu noviciado sería largo y extenuante,
toda la teoría pasada de tu vida y toda conformidad con las vidas
que te rodean, las tendrías que abandonar;
así que suéltame ahora antes preocuparte más—
saca tu mano de mi hombro,
déjame y sigue tu camino.

O, si no, probar en secreto en algún bosque,
o detrás de una roca, al aire libre,
(porque en el cuarto techado de una casa no me muestro
— ni en compañía,
y en las bibliotecas me quedo como un tonto, bobo, nonato o muerto,)
pero contigo quizás en una colina alta— primero mirando con temor
por si en kilómetros a la redonda se acerca alguien inadvertido,
o tal vez a tu lado navegando en el mar, o en la playa junto al mar,
o alguna isla tranquila
te deje poner tus labios sobre los míos,
con el demorado beso del camarada o del nuevo esposo,
porque yo soy el nuevo esposo y yo soy el camarada.

O, si quieres, méteme bajo tus ropas,
donde pueda sentir los latidos de tu corazón o descansar sobre tu cadera,
llévame cuando avances por tierra o por mar;
porque sólo tocarte es suficiente— es mejor,
y porque tocándote dormiría en silencio y sería llevado eternamente.

Pero estas hojas que te engañan te llevan al peligro,
porque a estas hojas y a mí no nos entenderás,
te eludirán al principio y luego más aun— yo ciertamente te eludiré,
aun cuando creas que me atrapaste, ¡mira!
ya ves que me he escapado de ti.

Porque no escribí este libro por lo que puse en él,
ni por leerlo lo comprenderás,
ni me conocen mejor quienes me admiran y halagan con jactancia,
ni los candidatos a mi amor (salvo unos pocos) saldrán victoriosos,
ni mis poemas harán sólo el bien— harán el mal también, quizás más,
porque todo es inútil sin eso que puedes tratar de adivinar muchas
veces y no acertar— eso a lo que me refería;
por lo tanto déjame y sigue tu camino.


Whoever You Are Holding Me Now in Hand

Whoever you are, holding me now in hand,  
Without one thing, all will be useless,  
I give you fair warning, before you attempt me further,  
I am not what you supposed, but far different.  
  
Who is he that would become my follower?
Who would sign himself a candidate for my affections? Are you he?  
  
The way is suspicious—the result uncertain, perhaps destructive;  
You would have to give up all else—I alone would expect to be your God, sole and exclusive,  
Your novitiate would even then be long and exhausting,  
The whole past theory of your life, and all conformity to the lives around you, would have to be abandon’d;
Therefore release me now, before troubling yourself any further—
Let go your hand from my shoulders,  
Put me down, and depart on your way.  
  
Or else, by stealth, in some wood, for trial,  
Or back of a rock, in the open air,  
(For in any roof’d room of a house I emerge not—nor in company,
And in libraries I lie as one dumb, a gawk, or unborn, or dead,)  
But just possibly with you on a high hill—first watching lest any person, for miles around, approach unawares,  
Or possibly with you sailing at sea, or on the beach of the sea, or some quiet island,  
Here to put your lips upon mine I permit you,  
With the comrade’s long-dwelling kiss, or the new husband’s kiss,
For I am the new husband, and I am the comrade.  
  
Or, if you will, thrusting me beneath your clothing,  
Where I may feel the throbs of your heart, or rest upon your hip,  
Carry me when you go forth over land or sea;  
For thus, merely touching you, is enough—is best,
And thus, touching you, would I silently sleep and be carried eternally.  
  
But these leaves conning, you con at peril,  
For these leaves, and me, you will not understand,  
They will elude you at first, and still more afterward—I will certainly elude you,  
Even while you should think you had unquestionably caught me, behold!
Already you see I have escaped from you.  
  
For it is not for what I have put into it that I have written this book,  
Nor is it by reading it you will acquire it,  
Nor do those know me best who admire me, and vauntingly praise me,  
Nor will the candidates for my love, (unless at most a very few,) prove victorious,
Nor will my poems do good only—they will do just as much evil, perhaps more;  
For all is useless without that which you may guess at many times and not hit—that which I hinted at;  
Therefore release me, and depart on your way.


Walt Whitman (West Hills, 1819 – Camden, 1892). Calamus. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2018. Traducción: Griselda García