José Ioskyn | Bajo tierra

Foto: Gabi Salomone


José Ioskyn | Bajo tierra

La educación sentimental dura unos dos años promedio. Cuando culmina, el amante debe saber cómo seducir a una mujer, cómo dejarse seducir por ella, cómo darle el máximo de placer sexual, cómo mirarla, hablarle, conducirse con ella sin jamás tener un error grosero en el trato. Sin embargo, en el futuro, más allá de las seducciones, quien debe autorizar una relación es nuestro señor, él es quien fiscaliza los contactos, y es responsable de éstos frente a la reina misma. El amante, además de conocer en detalle y con precisión todas las cuestiones relativas a su función, debe complementarse con elementos de historia, de ciencia, de arte, para poder llevar adelante una conversación agradable con una mujer. Debe conocer, por ejemplo, poesía tradicional, y recitar en algunos de los estilos históricos. (…)
Una de las cuestiones básicas con respecto a la educación sentimental a la que somos introducidos, que es tan valiosa para nosotros mismos, es que la educadora, la kasle, se convierte en tabú inmediatamente después de finalizado el proceso de aprendizaje. No debemos verla, ni hablar con ella a través de un biombo, ni intentar ponernos en contacto, ni llamarla como si fuera nuestra madre.
Pero en lo que a mí respecta, mi kasle, mi educadora, nunca se alejó de mi corazón. Siempre trato de verla, sin resultado alguno, y si alguien en mi presencia dice su nombre de pila, bajo la cabeza, en señal de duelo, de timidez, de deseo, de anhelo imposible que se dispara al escuchar su nombre. La seducción es mi función, el amor, lo prohibido.
Cuando escuches su nombre, tu ser quedará anonadado, dijo Oz, pero para mí, es mi cuerpo el que queda anonadado, paralizado.


José Ioskyn (La Plata, 1962), "Bajo tierra". En El mundo después. Paradiso. Buenos Aires. 2013.