Billy Collins | Pureza



Billy Collins | Pureza
[traducción: Griselda García]


Mi momento favorito para escribir es a la tardecita,
en días de semana, sobre todo los miércoles.
Hago así:
Llevo una tetera con té frío a mi estudio, y cierro la puerta.
Después me saco la ropa y la dejo en una pila
como si me hubiera derretido hasta la muerte y mi legado
consistiera sólo
de una camisa blanca, pantalones y una tetera con té frío.

Después me saco la carne y la cuelgo de una silla.
La desprendo de mis huesos como un vestido de seda.
Hago esto para que lo que escribo sea puro,
completamente enjuagado de lo carnal,
sin contaminar por las preocupaciones del cuerpo.

Por último, me saco cada uno de los órganos y los acomodo
en una mesa pequeña junto a la ventana.
No quiero escuchar sus viejos ritmos
cuando estoy tratando de marcar mi propio redoble.

Ahora me siento al escritorio, listo para empezar.
Soy completamente puro: sólo un esqueleto frente a la máquina de escribir.

Debería mencionar que a veces me dejo puesto el pene.
Me resulta difícil evitar la tentación.
Entonces soy un esqueleto con un pene frente a una máquina de escribir.
En este estado, escribo extraordinarios poemas de amor,
explotando en la mayoría la conexión entre el sexo y la muerte.

Soy la concentración misma: existo en un universo
donde no hay nada sino sexo, muerte, y tipeo.

Después de deletrear esto, también me saco el pene.
Soy todo calavera y huesos tipeando en la tarde.
Sólo lo absolutamente imprescindible, sin afectaciones.
Ahora sólo escribo sobre la muerte, el tema más clásico,
en un lenguaje liviano como el aire entre mis costillas.

Después, me recompenso con un paseo al atardecer.
Devuelvo los órganos a su lugar y me meto dentro de mi carne y mi
ropa. Luego saco el auto del garage
y acelero a través del bosque en rutas campestres serpenteantes,
paso muros de piedra, granjas y estanques congelados,
todo perfectamente organizado como las palabras en un soneto famoso.




Purity

My favourite time to write is in the late afternoon,
weekdays, particularly Wednesdays.
This is how I got about it:
I take a fresh pot of tea into my study and close the door.
Then I remove my clothes and leave them in a pile
as if I had melted to death and my legacy consisted of only
a white shirt, a pair of pants and a pot of cold tea.

Then I remove my flesh and hang it over a chair.
I slide if off my bones like a silken garment.
I do this so that what I write will be pure,
completely rinsed of the carnal,
uncontaminated by the preoccupations of the body.

Finally I remove each of my organs and arrange them
on a small table near the window.
I do not want to hear their ancient rhythms
when I am trying to tap out my own drumbeat.

Now I sit down at the desk, ready to begin.
I am entirely pure: nothing but a skeleton at a typewriter.

I should mention that sometimes I leave my penis on.
I find it difficult to ignore the temptation.
Then I am a skeleton with a penis at a typewriter.
In this condition I write extraordinary love poems,
most of them exploiting the connection between sex and death.

I am concentration itself: I exist in a universe
where there is nothing but sex, death, and typewriting.

After a spell of this I remove my penis too.
Then I am all skull and bones typing into the afternoon.
Just the absolute essentials, no flounces.
Now I write only about death, most classical of themes
in language light as the air between my ribs.

Afterward, I reward myself by going for a drive at sunset.
I replace my organs and slip back into my flesh
and clothes. Then I back the car out of the garage
and speed through woods on winding country roads,
passing stone walls, farmhouses, and frozen ponds,
all perfectly arranged like words in a famous sonnet.

Billy Collins (New York City, 1941). Traducción: Griselda García.



N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).