Ted Hughes | Poemas de animales



Ted Hughes | Poemas de animales

Traducción de Diego Alfaro Palma y Alejandro Crotto

Revista Hablar de Poesía



El pensamiento-zorro 
Imagino este momento del bosque a medianoche:
algo más está vivo
junto a la soledad del reloj
y esta página en blanco que mis dedos recorren. 
A través de la ventana no se ve ninguna estrella:
algo más cercano,
aunque profundamente dentro de lo oscuro,
está entrando en la soledad: 
frío y delicado, como nieve negra,
el hocico del zorro roza una rama, una hoja;
y dos ojos dirigen el movimiento que ahora
y nuevamente ahora, y ahora, ahora 
deja nítidas huellas en la nieve
entre los árboles; con sigilo una delgada
sombra pasa junto a un tocón; y en la cavidad
de un cuerpo que se atreve 
a atravesar los claros, un ojo,
un abierto y profundo verdor,
brillante, concentradamente,
se ocupa de lo suyo. 
Hasta que con un repentino, afilado y caliente olor a zorro
entra al oscuro agujero de la cabeza.
Sigue aún sin estrellas la ventana; suena el tictac del reloj,
está impresa la página.

The Thought-Fox// I imagine this midnight moment’s forest: / Something else is alive/ Beside the clock’s loneliness/ And this blank page where my fingers move.// Through the window I see no star:/ Something more near/ Though deeper within darkness/ Is entering the loneliness:// Cold, delicately as the dark snow,/ A fox’s nose touches twig, leaf;/ Two eyes serve a movement, that now/ And again now, and now, and now/ Sets neat prints into the snow/ Between trees, and warily a lame/ Shadow lags by stump and in hollow/ Of a body that is bold to come//Across clearings, an eye,/ A widening deepening greenness,/ Brilliantly, concentratedly,/ Coming about its own business// Till, with a sudden sharp hot stink of fox/ It enters the dark hole of the head.// The window is starless still; the clock ticks,// The page is printed.



Los caballos

Subí a través del bosque en la hora oscura antes del alba.
Un aire amenazante, una quietud de hielo; 
ni una hoja, ni un pájaro:
un mundo hecho de escarcha. Llegué a lo alto del bosque 
donde creaba al respirar figuras retorcidas en la luz de hierro.
Pero drenaban ya la oscuridad los valles 
y luego –ennegreciendo los vestigios grises– en la linde
del claro se abrió el cielo. Y vi entonces los caballos. 
Enormes en la espesa niebla –diez en total–
quietos como menhires. Respiraban inmóviles, 
sus crines lacias, sus precisos cascos angulados,
sin hacer ningún ruido. 
Pasé a su lado. Ninguno resopló ni giró la cabeza.
Fragmentos grises, silenciosos 
de un silencioso mundo gris. 
Y arriba en la ladera me detuve a escuchar el vacío.
Y el lamento de un pájaro mostró su filo en el silencio. 
De a poco era posible percibir detalles. Luego
brotó naranja, rojo el rojo sol 
en silencio, y rompiendo desde el centro una rasgada nube,
sacudió el fondo abierto, hizo ver el azul 
y los grandes planetas suspendidos.
Yo volví, 
tropezando en la fiebre de mi sueño, hacia el bosque
desde las cimas encendidas, 
a donde estaban los caballos. Ahí seguían,
ahora humeando y brillantes en la luz, 
sus lacias crines pétreas, sus cascos delicados
conmoviéndose en el deshielo mientras todo alrededor 
fulguraba en los fuegos de la escarcha. Pero seguían en silencio.
Ninguno hizo un sonido, 
con sus cabezas suspendidas, sin apuro, igual que el horizonte,
muy arriba del valle, bajo los altos rayos rojos. 
En las calles ruidosas, a través de los años, las personas,
ojalá pueda siempre recordar este sitio solitario 
entre los rayos y las nubes rojas, donde escuché los pájaros,
donde escuché durar los horizontes.

The Horses //I climbed through woods in the hour-before-dawn dark./ Evil air, a frost-making stillness,// Not a leaf, not a bird-/ A world cast in frost. I came out above the wood// Where my breath left tortuous statues in the iron light./But the valleys were draining the darkness// Till the moorline -blackening dregs of the brightening grey-/ Halved the sky ahead. And I saw the horses:// Huge in the dense grey ten together/ Megalith-still. They breathed, making no move,// With draped manes and tilted hind-hooves,/ Making no sound.// I passed: not one snorted or jerked its head./ Grey silent fragments// Of a grey still world.// I listened in emptiness on the moor-ridge./ The curlews tear turned its edge on the silence./ Slowly detail leafed from the darkness. Then the sun/ Orange, red, red erupted// Silently, and splitting to its core tore and flung cloud,/ Shook the gulf open, showed blue,/ And the big planets hanging/ I turned// Stumbling in a fever of a dream, down towards/ The dark woods, from the kindling tops,// And came the horses./ There, still they stood,/ But now steaming, and glistening under the flow of light,/ Their draped stone manes, their tilted hind-hooves// Stirring under a thaw while all around them/ The frost showed its fires. But still they made no sound./ Not one snorted or stamped,// Their hung heads patient as the horizons,/ High over valleys, in the red levelling rays// In din of the crowded streets, going among the years, the faces,/ May I still meet my memory in so lonely a place// Between the streams and the red clouds, hearing curlews,/ Hearing the horizons endure.
  

Para pintar un nenúfar

Las hojas verdes del nenúfar techan
el agua del estanque y son el piso 
del coliseo cruel de los insectos. Estudie
los dos aspectos de esta femenina planta. 
Primero observe atento las libélulas
que comen carne y pasan como balas 
o se suspenden en el aire para elegir su blanco;
otros insectos, no menos peligrosos, 
patrullan el zumbido de los árboles. Hay gritos
de batalla y gemidos de muerte en todas partes, 
pero son inaudibles y es por eso que el ojo
se admira al contemplar cómo dibujan 
arcoiris los cuerpos irisados o descansan
como gotas fundidas de metal enfriándose. 
Piense cuánto peor debe de ser
por debajo, en el lecho del estanque: 
una fauna de épocas prehistóricas
avanza por lo oscuro con sus nombres latinos. 
Casi no habido evolución ahí,
mandíbulas atentas por cabeza, 
ajenas a los siglos o las horas. Pinte
ahora la flor esbelta y frágil del nenúfar 
que participa de ambos mundos, pero puede
quedarse casi inmóvil, como un cuadro, 
aunque se posen las libélulas en él
y rocen su raíz esos horrores.

To Paint a Water Lily // A green level of lily leaves/ Roofs the pond’s chamber and paves// The flies’ furious arena: study/ These, the two minds of this lady.// First observe the air’s dragonfly/ That eats meat, that bullets by// Or stands in space to take aim;/ Others as dangerous comb the hum// Under the trees. There are battle-shouts/ And death-cries everywhere hereabouts//But inaudible, so the eyes praise/ To see the colours of these flies// Rainbow their arcs, spark, or settle/ Cooling like beads of molten metal// Through the spectrum. Think what worse/ Is the pond-bed’s matter of course;// Prehistoric bedragoned times/Crawl that darkness with Latin names,// Have evolved no improvements there,/ Jaws for heads, the set stare,// Ignorant of age as of hour-/ Now paint the long-necked lily-flower// Which, deep in both worlds, can be still/ As a painting, trembling hardly at all// Though the dragonfly alight,/ Whatever horror nudge her root.


Lucios

Lucios, ocho centímetros de largo, en todo
perfectamente lucios, oro atigrado en verde.
Desde el huevo asesinos, con expresión siniestra.
Se agitan en la superficie entre las moscas. 
O pasan admirados por su propia grandeza
sobre el lecho esmeralda, son siluetas
de un submarino, delicado horror.
Miden trescientos metros en su mundo. 
En los estanques, bajo las hojas del nenúfar
en el calor, la pesadez de su inmovilidad:
disimulados en las hojas muertas, negras del fondo
o en las cavernas ámbar de los juncos, al acecho. 
Los colmillos ganchudos que traban sus mandíbulas
y no serán cambiados a esta altura.
Toda una vida subordinada a ese instrumental.
Sus agallas moviéndose en silencio, sus aletas. 
Pusimos tres en la pecera un día, llena
de juncos; uno de ocho centímetros, los otros dos
de diez y once. Les dábamos de comer mojarritas.
Y de pronto hubo dos. Y después uno solo 
con la panza abombada y su expresión de siempre.
Y en verdad no perdonan a nadie.
Vi dos, de unos sesenta centímetros de largo,
varios kilos, secándose ya muertos en la orilla, 
uno embuchado hasta las branquias en el otro.
Y un ojo que miraba– como te atrapa un vicio.
El mismo hierro en su mirada
a pesar de la córnea reseca por la muerte. 
Yo solía pescar en un estanque de unos cincuenta
metros, cuyos nenúfares y tencas poderosas
habían durado más que cualquier piedra visible
del monasterio que las había sembrado. 
Era de una tranquila y legendaria hondura.
Hondo como Inglaterra. Y albergaba
un lucio tan inmenso y tan antiguo,
que yo no me animaba a ir a pescar si estaba oscuro. 
Pero en silencio comencé a pescar,
erizado el cabello en mi cabeza por eso que quizá
se pudiera mover, por el ojo que quizá se moviera.
El ruido amortiguado de las olas oscuras, 
los búhos ululándoles a las ramas flotantes,
me hablaban al oído sobre el sueño que algo oscuro
debajo de lo oscuro de la noche había liberado
y que emergía hacia mí, lentamente, buscándome.

Pike // Pike, three inches long, perfect/ Pike in all parts, green tigering the gold./Killers from the egg: the malevolent aged grin.They dance on the surface among the flies.// Or move, stunned by their own grandeur,Over a bed of emerald, silhouette/Of submarine delicacy and horrorA hundred feet long in their world.// In ponds, under the heat-struck lily pads-Gloom of their stillness:Logged on last year’s black leaves, watching upwards.Or hung in an amber cavern of weeds// The jaws’ hooked clamp and fangsNot to be changed at this date:A life subdued to itsinstrument;/ The gills kneading quietly, and the pectorals.// Three we kept behind glass,Jungled in weed: three inches, four,And four and a half: fed fry to them-/Suddenly there were two. Finally one// With a sag belly and the grin it was born with.And indeed they spare nobody./ Two, six pounds each, over two feet long/High and dry and dead in the willow-herb-// One jammed past its gills down the other’s gullet:The outside eye stared: as a vice locks-/ The same iron in this eye/Though its film shrank in death.// A pond I fished, fifty yards across,/ Whose lilies and muscular tench/ Had outlasted every visible stoneOf the monastery that planted them-// Stilled legendary depth:It was as deep as England. It heldPike too immense to stir, so immense and oldThat past nightfall I dared not cast// But silently cast and fished/ With the hair frozen on my headFor what might move, for what eye might move.The still splashes on the dark pond,// Owls hushing the floating woods/ Frail on my ear against the dream/ Darkness beneath night’s darkness had freed,That rose slowly toward me, watching.


El oso

En el abierto, vasto, dormido ojo de la montaña,
el oso es un destello en la pupila,
listo para despertar
y enfocar al instante. 
El oso está pegando
el principio al final
con pegamento de hueso humano
en su sueño. 
El oso está cavando
en su sueño
a través del muro del universo
con el fémur de un hombre. 
El oso es un pozo
demasiado profundo para brillar,
donde tu grito
está siendo digerido. 
El oso es un río
donde la gente al agacharse a beber
se ve a sí misma muerta. 
El oso duerme
en un reino de muros.
En una red de ríos. 
Es el balsero
al mundo de los muertos. 
Su precio es todo.

The Bear // In the huge, wide-open, sleeping eye of the mountain/ The bear is the gleam in the pupil/ Ready to awake/ And instantly focus.// The bear is glueing/ Beginning to end/ With glue from people’s bones/ In his sleep.// The bear is digging/ In his sleep/ Through the wall of the universe/ With a man’s femur.// The bear is a well/ Too deep to glitter/ When your shout/ Is being digested.// The bear is a river/ Where people bending to drink/ See their dead selves.// The bear sleeps/ In a kingdom of walls./ In a web of rivers.// He is the ferryman/ To dead land.// His price is everything.


Chaucer



“Whan that Aprille with his shoures soote
The droghte of March hath perced to the roote…”



A viva voz, encaramada encima de la pirca,
los brazos levantados –un poco por el equilibrio, un poco
por sujetar las riendas de la atención del público imaginario–
le recitaste Chaucer a un potrero de vacas. Entre el cielo
primaveral, fragante, y el esmeralda nuevo
de los espinos, los crataegus y endrinos,
un arrebato del champagne de tu espíritu puro.
Avanzaba tu voz por los potreros hacia el este,
perdiéndose. Pero las vacas te miraban
y se acercaron, les gustaba Chaucer.
Seguiste recitando y recitando. Te parecía
muy bien recitar Chaucer en el campo. Y llegaste
a la Viuda de Bath, tu personaje preferido
de toda la literatura. Estabas como en éxtasis.
Las vacas te rodearon arrobadas, empujándose,
para mirar tu cara, con bufidos
de admiración, atónitas, atentas,
moviendo las orejas para captar mejor
los mínimos matices, a dos metros,
con temor reverente. No podías creerlo. Y no podías
dejar de recitar. ¿Qué iba a pasar
si te callabas? ¿Te atacarían asustadas
por el silencio súbito, pidiendo más? Seguiste.
Y te miraban veinte vacas hipnotizadas.
¿Cuándo fue que dejaste de recitar? No lo recuerdo.
Supongo que las vacas se fueron tambaleándose,
los ojos dando vueltas, como si las atrajesen

con su ración de comida. Quizá
las alejé yo mismo. Pero tu alta interpretación de Chaucer 
era ya eterna. Lo que pasó después 
encontró mi atención demasiado ocupada 
y cayó en el olvido.


Chaucer // ‘Whan that Aprille with his shoures soote/ The droghte of March hath perced to the roote…’/ At the top of your voice, where you swayed on the top of a stile,/ Your arms raised – somewhat for balance, somewhat/ To hold the reins of the straining attention/ Of your imagined audience – you declaimed Chaucer/ To a field of cows. And the Spring sky had done it/ With its flying laundry, and the new emerald/ Of the thorns, the hawthorn, the blackthorn,/ And one of those bumpers of champagne/ You snatched unpredictably from pure spirit./ Your voice went over the fields towards Granchester./ It must have sounded lost. But the cows/ Watched, then approached: they appreciated Chaucer./ You went on and on. Here were reasons/ To recite Chaucer. Then came the Wyf of Bath,/ Your favourite character in all literature./ You were rapt. And the cows were enthralled./ They shoved and jostled shoulders, making a ring,/ To gaze into your face, with occasional snorts/ Of exclamation, renewed their astounded attention,/ Ears angling to catch every inflection,/ Keeping their awed six feet of reverence/ Away from you. You just could not believe it./ And you could not stop. What would happen/ If you were to stop? Would they attack you,/ Scared by the shock of silence, or wanting more –?/ So you had to go on. You went on –/ And twenty cows stayed with you hypnotized./ How did you stop? I can’t remember/ You stopping. I imagine they reeled away –/ Rolling eyes, as if driven from their fodder./ I imagine I shooed them away. But/ Your sostenuto rendering of Chaucer/ Was already perpetual. What followed/ Found my attention too full/ And had to go back into oblivion.

Traducción de Diego Alfaro Palma y Alejandro Crotto

http://hablardepoesia.com.ar/numero-31/capturar-animales/

Ted Hughes (West Riding of Yorkshire, 1930 - Londres, 1998)