Verónica Yattah | Piedra grande sin labrar




Verónica Yattah | Piedra grande sin labrar




Peña, se llamaba así la calle 
donde vivía el amigo de mi hermano. 
La primera vez que hice el amor
vi mi ropa manchada.
Fue distinto el color de los autos 
que pasaban mientras regresaba a casa. 
Fue distinto el color de mi mamá
que ponía la mesa como tantas otras noches
aunque esa fuera para mí 
la primera noche de otra era. 
El rostro de mi mamá acariciado 
mucho antes de que esto pasara
(ella sola en su casa, mi hermano y yo)
por hombres recostados 
en pequeñas camas
el humo del cigarrillo marcando en el aire 
figuras sin forma. 
Uno de esos hombres mi padre
el humo dibujando,en su caso sí,
un ciervo corriendo
perdiéndose en un bosque. 
Entonces Peña el nombre de la calle
de la casa del chico
con el que estuve la primera vez.
Después hubo otras:
Aranguren, Tucumán, Aráoz
la calle de un barrio lejano
hasta que llego caminando 
a una fiesta en el primer piso
departamento A
de un ambiente en Gurruchaga,
calle empedrada 
de árboles viejos 
que a las tormentas
les lleva minutos derribar. 
Llegué como quien llega a un umbral
y pasando una línea se transforma. 
Descorrí la bolsa de nylon
que ocultaba una botella de cerveza.
Y mi deseo de darle un beso
siendo ella como yo, una mujer.
Y mi deseo de escribir 
sobre todo lo que pasaba alrededor:
el colchoncito apoyado en la pared 
parasilenciar la felicidad de la fiesta
el vecino tocando timbre
para quejarse no,para bailar 
y mi mejor amigo acariciando los vinilos
jugando a ser el dj 
que todavía no era.
Ana también quiso que la noche fuera larga
que todo recién empezando como estaba,
no terminara tan pronto. 
De negro a nublado, el cielo 
se nos fue metiendo en los ojos.
La suavidad que conocí esa noche 
fue un hacha una pica un revólver
que palpé en mi bolsillo meses después
años después.
La suavidad fue mi antídoto cada vez que hizo falta
mi defensa incluso cuando ella me dejó.
Ahora cuando algo termina 
me acuerdo de esa noche
lo que se tuvo una noche, si de verdad se tuvo 
se tiene otra vez.
Fui alguien conduciendo un auto
en medio de una ruta
hasta cruzarse en mi camino, algo
que me hizo frenar el paso. 
Ese algo fue el beso que le di a otra chica, 
la noche en que mi cuerpo
fue por primera vez, además de mi cuerpo, 
mi casa.


Verónica Yattah (Buenos Aires, 1987), El rayo verde. Antología. Viajero insomne editora. Buenos Aires. 2014.

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