Reportaje a Ken Lukowiak, paracaidista inglés enviado a Malvinas, 1982.

Reportaje a Ken Lukowiak.


-Si volvieras a nacer, ¿serías paracaidista?

No, sería mujer, para jugar con mis tetas.


-¿Cómo viviste la batalla de Ganso Verde?

Es como haber tomado LSD. Estuve deambulando por el campo de batalla como en un viaje, en esos espacios abiertos y desolados, donde la batalla se descomponía en cientos de pequeños combates. Marchaba sin saber si esos puntos negros que se alejaban eran ingleses o argentinos, sin comprender cómo un arbusto puede caminar y convertirse en francotirador. Si la Thatcher y Galtieri, esos dos criminales orgánicos hubieran estado ahí, habría cesado inmediatamente ese aluvión de barro, mierda, sangre, fuego y miedo. La guerra es enferma. 


- ¿Tenían chances los argentinos, Ken?

¡Vamos! Todas. Pudo haber sido un paseo para ellos, tenían una excelente artillería, su fuego estaba bien coordinado y dirigido. Las trincheras estaban hechas y posicionadas como de manual... Pudieron habernos hecho mierda.


- ¿Entonces?

No sé. Nosotros estábamos mejor entrenados. Mejor condicionados. Nos habían lavado mejor el cerebro. Teníamos la absoluta convicción de que íbamos a ganar. Los soldados argentinos estaban solos, abandonados... Así no podés ganar. Sin liderazgo no vas a ningún lado.


- ¿Por qué cosas peleaban ustedes, Ken?

Por seguir viviendo, nada más que por eso. Cuando la batalla empieza te olvidás de si son las Malvinas, Falkland, argentinas o inglesas. De la jodida reina, ¡pelotas!
No hay otra cosa que seguir viviendo

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Sólo sé esto, por favor escuchen: si alguna vez llegan a sentir que tienen que quitarle la vida a un hombre, ya que su causa parece perdida, traten de no matarlo por la espalda y a tres metros de distancia. Siéntense a su lado, tomen su mano, pídanle a Dios comprensión y métanle una bala en el cerebro. Pero asegúrense de que es el lado izquierdo porque controla al derecho. 
Con frecuencia pienso en lo que vi, ese día, por lo general cuando estoy solo y me lleno el cuerpo de cosas para aliviar mi dolor y sentirme más cuerdo. Para convencerme todavía de que soy un hombre bueno le pido a dios que cuide a la madre del muchacho de la herida en la cabeza. El muchacho con un solo ojo, tirado, llorando, muriéndose, de la Argentina. Amén.


Fanzine Mundo In-Mundo. Buenos Aires, Argentina, 1993.