Hugh Hazelton, Antimateria



en una calma tarde
estoy sentado leyendo
y cuando levanto la vista para reflexionar
un glaciar azul de repente
estalla a través de la ventana
haciendo volar mesas y estantes
enterrando libros bajo toneladas de hielo 
que se disuelven en tibios iridiscentes mares turquesa
donde unos trilobites flotan serenamente chapoteando con centenares de patas
el piso cede y el suelo mismo se derrite y se quema hasta cenizas
estoy parado en el espacio
faltan eones para que nazca y hace eones que me he muerto
ni siquiera estamos aquí, estamos mirando el mar salvaje desde la costa de Tasmania
máquinas están despedazando el edificio a mi alrededor y están dirigiendo los fragmentos
y así que voy naciendo y así que mis pulmones cesan de respirar
una vasta visión huracanada de la simultaneidad del tiempo
desgarra mi mente prisionera del cerebro
miríadas de minúsculas líneas de existencia tendidas entre pares de puntos sobre superficies
que no son planos ni esferas ni ningún otro símbolo que una sola partícula 
dentro del todo se pudiera imaginar
siendo y no siendo
están ahora
unas nebulosas que explotan y se funden
y preguntándome si pudiera permanecer en el instante universal
vuelvo a mirar al jardín y veo un tricératops comiendo la lechuga
y alargo la mano
para darte 
este poema.




Hugh Hazelton, Antimateria, La Cita Trunca, Canadá, 2009.