Jorge Fondebrider, Desmantelar la casa



Más allá de la ausencia y del enorme despropósito que sigue
-costumbres que cuesta desterrar,
como llamar todos los días, por ejemplo-
no estoy seguro de que haya algo así
como la verdadera medida de la muerte
hasta que la casa se vacía, porque entonces
lo que tenía un sentido y por supuesto historia
apenas se resume en inventarios:
dos cuadros, un sillón, el samovar,
la cama y el bargueño.
La porcelana inglesa ya no cuenta,
ni el baccarat, la playa,
primeras ediciones de nada que ahora importe.
Son cosas viejas,
objetos que boyan en los cuartos sin razón.


Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), Diario de Poesía nº 82, junio a diciembre de 2011.