Cesare Pavese | Grapa en septiembre




Cesare Pavese | Grapa en septiembre





Las mañanas transcurren claras y desiertas
sobre las costas del río, que al alba se enturbia
y oscurece su verde, en espera del sol.
El tabaco que venden en la última casa
todavía húmeda, al borde de los prados, tiene un color
casi negro y un sabor jugoso: humea azulino.
Tienen también la grapa, color de agua.

Ha llegado el momento en que todo se detiene
y madura. Las plantas lejanas están quietas:
se han vuelto más oscuras. Esconden frutos
que caerían de un sacudón. Las nubes esparcidas
tienen pulpas maduras. Lejos, sobre las avenidas,
cada casa madura bajo la tibieza del cielo.

No se ven a esta hora más que mujeres. Las mujeres no fuman
y no beben, saben solamente detenerse en el sol
y recibirlo sobre ellas tibio como si fuese fruta
El aire, crudo de niebla, se bebe a tragos
como la grapa, cada cosa ahí exhala un sabor.
También el agua del río ha bebido la orilla
y la macera en el fondo, en el cielo. Las calles
son como las mujeres, maduran inmóviles.


A esta hora cada uno debería detenerse
en la calle y mirar cómo todo madura.
Hasta hay una brisa que no mueve las nubes
pero alcanza a conducir el humo azulino
sin romperlo: es un nuevo sabor que pasa.
Y el tabaco se empapa de grapa. Y así las mujeres
no serán las únicas que gocen la mañana.



Grappa a settembre
I mattini trascorrono chiari e deserti /sulle rive del fiume, che all'alba s'annebbia /e incupisce il suo verde, in attesa del sole./Il tabacco, che vendono nell'ultima casa /ancor umida, all'orlo dei prati, ha un colore /quasi nero e un sapore sugoso: vapora azzurrino./Tengon anche la grappa, colore dell'acqua.// E’ venuto un momento che tutto si ferma /e matura. Le piante lontano stan chete: /sono fatte più scure. Nascondono frutti /che a una scossa cadrebbero. Le nuvole sparse /hanno polpe mature. Lontano, sui corsi, /ogni casa matura al tepore del cielo.//Non si vede a quest'ora che donne. Le donne non fumano /e non bevono, sanno soltanto fermarsi nel sole/e riceverlo tiepido addosso, come fossero frutta./L'aria, cruda di nebbia, si beve a sorsate/come grappa, ogni cosa vi esala un sapore./Anche l'acqua del fiume ha bevuto le rive/e le macera al fondo, nel cielo. Le strade /sono come le donne, maturano ferme.//A quest'ora ciascuno dovrebbe fermarsi /per la strada e guardare come tutto maturi./C'è persino una brezza, che non smuove le nubi,/ma che basta a dirigere il fumo azzurrino /senza romperlo: è un nuovo sapore che passa./E il tabacco va intinto di grappa. È cosí che le donne /non saranno le sole a godere il mattino.




Cesare Pavese (San Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), Lavorare stanca. Solaria, 1936. Einaudi, 1943. Versión de J. Aulicino